"Un diario se escribe para decir que no se puede escribir. Lo dice Kafka, es típico en él. Lo divertido es que se escriben muchas páginas para describir el tema"
Ya he finalizado la tercera entrega de los Diarios de Piglia, perdón, de los Diarios de Emilio Renzi, su alter ego. Bastante buena la serie. A su vez esta entrega se divide en tres partes también, siendo la primera la más ortodoxa de lo que se entiende por un diario.
"Un escritor no habla de su propia obra, no puede decir nada sobre ella, pero la experiencia de su trabajo creativo le da una perspectiva única para hablar de la literatura que hacen los otros"
Esta cita es una de las cuestiones que más me llama la atención de estos Diarios y otras autobiografías de grandes escritores: la tremenda lucidez con que analizan un libro del tipo que sea (hay que tener en cuenta que estos grandes, a su vez son grandes lectores), apenas hablan de sus libros, debiendo ser leídos en su integridad para adivinar sus motivaciones, como decía Chirbes en sus Diarios que he leído recientemente, pero toman en sus manos un libro del tipo que sea y formulan un diagnóstico infalible. Eso es lo que pretendemos muchos de los que andamos por aquí, tener el criterio suficiente para ir haciendo mejores selecciones de lecturas y cada vez confundirte menos en las elecciones que hacemos, al menos yo.
"Las novelas y los poemas no los subraya cuando lee (E. Renzi), a lo sumo anota con letra microscópica, en la última hoja del libro, en la página en blanco, el número de página que indica así su voluntad de volver a leer ese momento del relato o del poema". Me ha pillado Piglia, ese soy yo como lector, con el matiz de que también pongo una barra donde empieza el párrafo que me interesa y otra pequeña barra donde finaliza.
El segundo libro “Un día en la vida” y la mezcla que hace de toda la vida de una persona en el conjunto de 24 horas, es creo lo mejor del libro, lo más novedoso, ese intento por aglutinar un día de la forma más uniforme posible en que se haya comportado el protagonista de la autobiografía a lo largo de los años, moviéndose libremente en el tiempo y espacio. Esa división de un día por horas, un poco al estilo Ulises de Joyce, con varios enfoques y narradores, etc. Vale la pena.
La tercera parte se centra en la parte final de Piglia, su estancia como catedrático con plaza en Princeton, situaciones puntuales o de la etapa final de la vida del autor. Aquí ya ha cambiado sustancialmente su estatus y posición económica. En esta parte me chirría la presencia de la pareja de Renzi, Carola, con detalles de esta un tanto snobs con viajes ridículos a N. Delhi, o a N. York, por motivaciones de lo más peregrinas y absurdas:
“Carola se ha quedado en Filadelfia, espera seguir a Los Angeles y luego a Tokio. Viaja sin equipaje. `Solamente voy a llevar mi máquina de fotos y las píldoras para dormir´ dice”. No confundir que no me guste la persona o el personaje, con la escritura y la sinceridad del autor, que sí me gusta, que conste.
Me he sentido aludido en la parte final en que habla de las omisiones intencionadas de la historia por parte del escritor, y la famosa teoría Hemingway sobre el iceberg y la omisión de cuestiones que el lector no puede llegar a conocer, o bien la teoría de B. Brecht de omitirle al lector cuestiones que conoce, pero deberá él imaginar:
“El cuento de Walsh “Esa mujer” pertenece a esa categoría. Todos los lectores -argentinos- saben que la mujer a la que nunca se nombre es Eva Perón…lo que se sustrae es la historia”.
Pues bien, en su día tuve un bonito debate con los amigos argentinos de este foro GR, ya que yo leí ese cuento desconociendo todo y le di una interpretación absolutamente distinta a la de los lectores argentinos, que conocían a quien se refería Walsh.
El resumen de la vida de Piglia en esta tercera etapa de madurez, ya jubilado en Princeton, y camino hacia la vejez (las últimas páginas y ese final es duro), lo enmarca magistralmente el autor en una cita junto con otros escritores implicados, a saber: Hemingway es su autor, creo que en su obra “Adiós a las armas”, aunque no cita la novela; luego F.S. Fitzgerald la considera una de las frases más sugerentes de la lengua inglesa (está traducida aquí, claro), y finalmente Piglia la usa para si mismo en esa etapa de la vida en que está de vuelta y mirando el fin:
“En otoño la guerra estaba todavía ahí, pero nosotros ya no íbamos hacia ella”.