Porque vivir es respirar y respirar es necesariamente oler, la primera historia cultural del olor.
Un compendio de historias asombrosas y desconocidas que conectan el ayer, el hoy y el mañana de la humanidad a través de la dimensión olfativa de nuestra vida.
*¿Cómo olían los dinosaurios? *¿Qué aromas gobernaban en el antiguo Egipto? *¿Cuánto apestaban París, Londres, Nueva York, Buenos Aires en el pasado? *¿Qué olieron los astronautas que caminaron sobre la Luna? *¿A qué huelen una estrella, una galaxia, un agujero negro?
Aromas, perfumes, fragancias, hedores inciden en cómo nos sentimos y en qué pensamos. Omnipresentes, los olores son máquinas del tiempo y el espacio capaces de transportarnos a distintos momentos y lugares de nuestras vidas. Sin embargo, son no existen suficientes palabras en nuestro vocabulario para describir cabalmente lo que olemos ni dispositivo capaz de capturar la huella olfativa de una época. Acallados muchas veces, desvalorizados casi siempre, los olores dejan rastros donde de crónicas a registros médicos o culinarios, de jeroglíficos a epistolarios románticos. El pasado del planeta y de cada uno de nosotros está inscripto en la memoria de sus olores. Si vivir es respirar y respirar es necesariamente oler, Odorama es un compendio de historias asombrosas que conectan el ayer, el hoy y el mañana a través de la dimensión olfativa de nuestra vida.
Un recorrido oloroso a través del espacio tiempo. Olores de ayer, de hoy y de mañana. Fantasías perfumadas y hedores repulsivos que deben desterrarse. Un libro que no sólo es un placer leerlo, como la mejor divulgación científica debería serlo, sino que es uno de esos ejemplares en los que de verdad se aprecia todo el trabajo que tienen detrás, horas y horas de entrevistas, lecturas y viajes. Leer sobre el olor a pata nunca fue tan agradable.
O bijuterie, ca multe alte carti de la Baroque. In ciuda numelui, cartile editurii sunt stilate, epurate, fara brizbrizuri, minimalist aproape, dar cu atat mai atractive, de la designul inspirat al copertilor si pana la hartia groasa, alba si de foarte buna calitate. Despre Odorama: o calatorie caleidoscopica prin istoria omenirii, de la dinozauri si pana la mirosurile digitale, de la parfumurile in exces ale romanilor si egiptenilor si pana la anosmia (pentru unii (si dezodorizarea (pentru toti ceilalti) societatii moderne. De citit absolut.
¡Que libro tan genial! De esos pocos que da verdadero gusto recomendar y que sabes podrán disfrutar casi sin falta personas con gustos muy diversos.
Este es mi primer libro de Federico Kukso. Conocí a este periodista científico argentino gracias a sus muy informativas y originales publicaciones en Twitter. Afortunadamente pude toparme con sus posts durante la etapa en la que esa red social era un poco mejor, es decir, cuando el algoritmo te mostraba las publicaciones de las personas a las que seguías y no aquellas que tenían más likes o que hacían que la gente se enganchará como adictos. Esos tiempos pasaron, le perdí el rastro a Kukso en el maremagnum en el que se convirtió X y por eso me complació mucho descubrir este libro suyo.
Me complació descubrirlo y me encantó leerlo.
Lo mejor del texto es que es una deliciosa combinación de divulgación histórica, arte, etnografía y ciencia. Pocas veces se reunen en un solo libro y en un mismo autor temas tan diversos y atractivos.
El subtítulo del libro "Historia cultural del olor" es incompleto para describir la verdadera panoplia de su contenido.
La primera y una fracción de la segunda parte del libro, efectivamente abordan una Historia de los olores y del olfato. Desde los olores y el papel del olfato en el antiguo Egipto y la antigua Roma, pasando por el que yo llamaría ahora, el perturbador mapa olfativo de la edad media y principios de la edad moderna, hasta llegar, paulatinamente pero no sin saltos bruscos olfativos, al mundo desodorizado del presente.
Hasta allí, una verdadera Historia cultural del olor, como promete.
A partir de la segunda mitad de la parte II, sin embargo, el contenido empieza a tomar otro rumbo. Siempre, para bien del libro, por supuesto. Todo comienza con un capítulo dedicado al olor (o a los mil olores como los nombra Kukso) de la Buenos Aires del período colonial. Un interesante capítulo que cuenta unas cuantas verdades sobre esta admirada capital latinoamericana. ¡Buen detalle de Kukso para con su tierra natal!. A este le siguen excepcionales piezas de divulgación científica que cubren desde (y me robo algunos de los nombres del libro) la fisiología del mal olor, los olores del cuerpo humano, la anatomía de las flatulencias, la memoria olfativa, el lenguaje de los olores y la osmología o la diversidad del olor ¡que buenos textos!
La tercera y última parte, que viene después del clímax científico en la segundo, y como solo pasa en los buenos libros, no deja de sorprender y agradar. Allí Kukso se deja venir con unas reflexiones y piezas de divulgación sobre lo que es y será el papel del olfato en el mundo presente y futuro: el marketing olfativo, tecnologías del olor, el olor y la enfermedad, resucitando olores perdidos y los denominados archivos olfativos.
No hay al menos un capítulo (o muchos) de este libro que una persona con cualquier tipo de interés, sea este científico, humanístico, literario, artístico, no encuentre digno de ser disfrutado. Por eso digo que es un libro perfecto para recomendar e incluso para regalar.
Me quito el sombrero delante de Kukso porque además se nota evidentemente el esfuerzo de investigación monumental (reflejado además en la sección de agradecimientos) que está detrás de la creación de este clásico inmediato de la divulgación.
Este libro es un viaje odorífero en el tiempo terrestre desde las primeras civilizaciones hasta el presente. Contiene muchas anécdotas, historias y buenas referencias. Motiva mucho a seguir aprendiendo de este sentido que a veces es ignorado (sobre todo a la hora de hablar de realidades virtuales). Sus capítulos son muy amenos para leer uno al día. Contiene hasta imágenes! Solo faltaron los “raspes de olor”. Lo recomiendo totalmente para quienes les gustan las historias de ciencias.
"Înainte de telegraf, telefon, internet, Facebook şi Twitter, lumea comunica și se conecta prin mirosuri. Negoțul cu mărfuri de lux - pietre şi materiale prețioase, parfumuri şi esențe aromatice - era cel care conecta culturi şi societăți îndepărtate nu prin fibră optică, ci prin drumurile tămâii, mătăsii şi mirodeniilor. Veacuri la rând, aceste rute înmiresmate au fost străbătute de caravane de negustori care, înfruntând călătorii lungi şi periculoase, duceau dintr-un loc în altul cele mai exotice și mai dorite produse ale epocii. Dar fiecare sac care călătorea pe apă şi pe pământ aducea nu doar o marfă. Din mână în mână şi din gură în gură treceau poveşti fantastice despre popoare şi oraşe ciudate, idei noi, imagini şi concepte transportate de călători, comercianți și pelerini. Primul contact între culturi a avut loc prin intermediul mirosurilor. Arome exotice aduse de departe au pus în legătură imperii precum cel chinez şi cel roman, care până atunci se dezvoltaseră ferm convinse că erau buricul pământului şi al Universului."
Lo primero que me sorprendió de Odorama fue darme cuenta de que estaba leyendo, en el fondo, la “versión ensayo” de lo que El perfume me había hecho sentir en ficción: por fin alguien me estaba explicando por qué aquella novela parecía casi hacerme oler las páginas. Entré buscando justamente eso: una exploración del olfato como sentido subestimado y, durante buena parte del libro, encontré un viaje muy estimulante por el origen de nuestra especie, el desarrollo de las civilizaciones y la forma en que los olores han estructurado nuestra manera de entender el mundo.
Leí este ensayo como una especie de arqueología de la nariz: cómo lo que olíamos definía qué era puro o impuro, quién pertenecía y quién quedaba fuera, qué era sagrado y qué era profano. Me interesó mucho la idea de que los olores no solo acompañan nuestra cosmogonía, sino que la sostienen: a través de ellos se define en qué creemos, qué tememos, qué consideramos “natural” o “civilizado”. También me pareció muy clara la conexión que establece entre lo que comíamos, cómo lo preparábamos y la formación de una sociedad cada vez más globalizada, donde los ingredientes, las especias y los perfumes van tejiendo rutas comerciales, imperios y jerarquías culturales.
Una de las partes que más disfruté fue la que se mete de lleno con la falsa creencia de que ciertas “razas” tienen un olor característico, casi siempre descrito como desagradable. Me tocó de cerca porque esa idea sigue muy presente en la cultura donde crecí: chistes, prejuicios, comentarios “de confianza” que utilizan el olor como marca de inferioridad. El libro hace un buen trabajo mostrando cómo ese mito se ha alimentado históricamente, cómo ha servido para justificar discriminaciones y, sobre todo, cómo la industria cosmética lo ha explotado para vender blanqueamientos, desodorantes, jabones purificadores y todo tipo de productos que prometen borrar el olor “incorrecto” y reemplazarlo por uno aceptable. Esa parte, más que reveladora, me pareció incómodamente familiar.
También me interesó la reflexión sobre la jerarquía de los sentidos: cómo, en nuestra tradición, la vista y el oído se consideran más “civilizados”, mientras que el olfato, el gusto y el tacto se relegan a lo primitivo, lo instintivo, por lo que también, “sorprendentemente” se asoció con lo femenino. El libro insiste en que “no hay mirada inocente”, que siempre observamos y olemos desde una subjetividad, una cultura, un lugar concreto. Ese recordatorio me pareció una de sus claves: el olfato no es solo biología, es una construcción social cargada de poder.
En todo esto, el olor es claramente el protagonista. Pero a veces sentí que el propio autor se olvidaba de su personaje principal. En varios momentos en que el ensayo iba muy bien encaminado hacia el impacto del olfato en nuestra cultura, en nuestros miedos y creencias actuales, la narración se desviaba hacia detalles tecnológicos o iniciativas contemporáneas que parecían más una exhibición de curiosidades que una profundización del tema. Como libro de divulgación, funciona: es fácil de leer, está lleno de datos interesantes y mantiene un tono accesible. Pero en algunos tramos, esa facilidad se convierte en dispersión.
El contraste se nota sobre todo en la última parte. Ahí sentí un giro brusco: de hablar del papel del olfato en la historia y en nuestras percepciones sociales, el texto pasa a enfocarse en el uso comercial de los olores, el marketing olfativo, las tecnologías que intentan “digitalizar” fragancias o reproducir experiencias sensoriales, y después se desplaza hacia la botánica, frutas, hallazgos históricos de fragancias antiguas y, finalmente, los intentos por conservar olores para un futuro donde tal vez ya no existan. Todo eso es interesante en sí mismo, pero me dio la impresión de que el libro iba saltando de tema en tema, dejando cada vez más fuera a la sociedad contemporánea que, supuestamente, olía junto conmigo al inicio del ensayo.
Quizá por eso sentí que la lectura se parecía mucho a la experiencia con Homo sapiens: una primera parte poderosa, que abre muchas preguntas sobre quiénes somos y cómo llegamos hasta aquí, y una segunda mitad donde la ambición del tema supera la capacidad de sostener el foco. Si has leído a Harari, vas a reconocer el tono de “gran relato de la humanidad” y esa mezcla de historia, antropología y divulgación seductora. La diferencia, para mí, es que Odorama no termina de atreverse a interrogar nuestro presente con la misma fuerza con la que revisa el pasado: se queda un poco corto en pensar cómo vivimos hoy a través del olfato en lo cotidiano, más allá del marketing y los experimentos de laboratorio.
No diría que el libro me incomodó, en el sentido de hacerme enfadar o discrepar frontalmente. Más bien me dejó con una especie de frustración amable: está lleno de datos, anécdotas y conexiones sugerentes sobre cómo los olores tuvieron funciones específicas en otras épocas, pero eché de menos que aplicara ese mismo bisturí analítico a nuestro tiempo, a nuestros prejuicios actuales, a nuestras ciudades saturadas de desodorantes, gasolina, comida rápida y perfumes de duty free. Cuando el ensayo parecía estar a punto de hacerlo, volvía a perderse en otro desvío.
Por todo eso, me quedo en las tres estrellas. No es una lectura perfecta, pero sí un ensayo divulgativo que consigue, durante buena parte del recorrido, hacer visible (y oler) la manera en que los aromas han modelado nuestras creencias, nuestros miedos y nuestras jerarquías. Me habría gustado que mantuviera ese pulso hasta el final, pero incluso con sus desvíos, deja una idea que sigue rondando: entender qué olíamos —y a quién atribuíamos cada olor— dice más de nosotros como especie de lo que solemos admitir.
The first thing that surprised me about Odorama was realizing that I was basically reading the “essay version” of what Perfume had made me feel in fiction: someone was finally explaining to me why that novel had seemed to almost let me smell its pages. I went in looking for exactly that: an exploration of smell as an underestimated sense and, for a good part of the book, I found a very stimulating journey through the origins of our species, the development of civilizations, and the way smells have structured how we understand the world.
I read this essay as a kind of archaeology of the nose: how what we smelled defined what was pure or impure, who belonged and who was excluded, what was sacred and what was profane. I was very taken with the idea that smells don’t just accompany our cosmogony, they actually sustain it: through them we define what we believe in, what we fear, and what we consider “natural” or “civilized.” I also found very clear the connection it draws between what we ate, how we prepared it, and the formation of an increasingly globalized society, where ingredients, spices, and perfumes weave trade routes, empires, and cultural hierarchies.
One of the parts I enjoyed most was the one that dives into the false belief that certain “races” have a characteristic smell, almost always described as unpleasant. It hit close to home because that idea is still very present in the culture where I grew up: jokes, prejudices, “in confidence” comments that use smell as a mark of inferiority. The book does a good job of showing how that myth has been historically fed, how it has served to justify discrimination and, above all, how the cosmetics industry has exploited it to sell whitening products, deodorants, purifying soaps, and all sorts of goods that promise to erase the “wrong” smell and replace it with an acceptable one. That section, more than revealing, felt uncomfortably familiar.
I was also interested in the reflection on the hierarchy of the senses: how, in our tradition, sight and hearing are considered more “civilized,” while smell, taste, and touch are relegated to the primitive, the instinctive, and therefore, “surprisingly,” got associated with the feminine. The book insists that “there is no innocent gaze,” that we always see and smell from within a particular subjectivity, culture, and place. That reminder struck me as one of its keys: smell isn’t just biology, it is a social construct loaded with power.
In all of this, smell is clearly the protagonist. But at times I felt the author himself forgot about his main character. In several moments when the essay was moving very deftly toward the impact of smell on our culture, our fears, and our current beliefs, the narrative veered off into technological details or contemporary initiatives that felt more like a cabinet of curiosities than a deepening of the topic. As a work of popular non-fiction, it works: it’s easy to read, full of interesting data, and keeps an accessible tone. But in some stretches, that very ease turns into a kind of scatter.
The contrast is especially noticeable in the last part. There I felt a sharp turn: from talking about the role of smell in history and in our social perceptions, the text shifts to focus on the commercial use of odors, scent marketing, technologies that try to “digitize” fragrances or reproduce sensory experiences, and then moves on to botany, fruits, historical discoveries of ancient fragrances, and finally, attempts to preserve smells for a future in which they might no longer exist. All of that is interesting in itself, but I had the impression that the book was jumping from topic to topic, leaving contemporary society increasingly out of the picture—the same society that was supposedly smelling along with me at the beginning of the essay.
Maybe that’s why the reading experience felt so similar to Homo sapiens: a powerful first part that opens many questions about who we are and how we got here, and a second half where the ambition of the topic outgrows the ability to keep it in focus. If you’ve read Harari, you’ll recognize that “grand narrative of humanity” tone and the blend of history, anthropology, and seductive popularization. The difference, for me, is that Odorama never quite dares to interrogate our present with the same strength with which it revisits the past: it falls a bit short when it comes to thinking about how we live through smell today in everyday life, beyond marketing and lab experiments.
I wouldn’t say the book unsettled me in the sense of making me angry or prompting sharp disagreement. It left me instead with a kind of gentle frustration: it’s full of facts, anecdotes, and suggestive connections about how smells had specific functions in other eras, but I missed seeing that same analytical scalpel applied to our own time, our current prejudices, our cities saturated with deodorants, gasoline, fast food, and duty-free perfumes. Whenever the essay seemed on the verge of doing that, it drifted off again in another direction.
For all these reasons, I settle on three stars. It’s not a perfect read, but it is a work of popular non-fiction that manages, for a good stretch of the way, to make visible (and smellable) the ways in which aromas have shaped our beliefs, our fears, and our hierarchies. I would have liked it to sustain that drive to the end, but even with its detours, it leaves an idea that keeps circling back: understanding what we used to smell—and whom we attributed each smell to—says more about us as a species than we usually care to admit.
Como bien indica el autor, el olfato es el sentido que más difícil resulta capturar en la historia. Las imágenes grabadas en vestigios de antiguas civilizaciones nos permiten hacernos una idea de cómo se veían las personas y los objetos que los rodeaban. Los escritos pueden aportarnos detalles. Si pensamos en eventos más recientes, las fotografías, las grabaciones de audio y video nos permiten capturar muchísima información de aquellas épocas para alimentar la vista, el oído y hasta el tacto. Pero el olor sucumbe al paso del tiempo y hasta ahora, solo de manera indirecta, al ver o leer estas fuentes, podemos tratar de inferir o imaginar a qué olía la tierra primitiva o un perfume del antiguo Egipto, entre otras tantas cosas. Aunque el olor puede advertirnos un peligro, las civilizaciones se han empeñado en clasificar los olores en agradables y desagradables, y con el paso del tiempo nos hemos ido privando de algunos de ellos para discriminarlos y vedarlos. Sin embargo, si vivir es respirar y respirar es oler, entonces exponerse a la gran variedad de olores resulta enriquecedora para nuestra experiencia misma. Los olores aportan importante detalles de la naturaleza química de las cosas y nos recuerdan los componentes elementales de lo que están hechas. Nos transportan instantáneamente a lugares y momentos de forma poderosa. Y creo que en parte el objetivo del libro es ese. Abrirse a la experiencia, prestar más atención a nuestra nariz, inclusive, no adelantarnos a prejuzgar un aroma. Los olores no toman partido, son lo que son y hediondos o fragantes, le aportan una razón a nuestra vida.
Apenas leí las primeras páginas, recordé una situación odorífica vivida con mi papá. El pater familias me encomendó que buscara en Palermo una queso Reblochon adquirido por Mercado Libre. “Lo pagué por internet”, contaba el viejo como una hazaña. Busqué el paquete y subí al 152 para emprender la vuelta. Fue a las pocas cuadras que noté la pestilencia que emanaba de mi mochila, solo depositaria del Reblochon recién adquirido. Las miradas y los murmullos de los pasajeros aumentaron y no encontré más remedio que saltar del transporte público y unir las 25 cuadras que quedaban a pie. Transferido el queso maloliente a la nevera, juré no consumir nunca ni una pizca de ese alimento, mezcla de amoníaco y azufre. “Así debe oler el infierno” maldecía. Mi viejo y su amigo devoraron el manjar viendo no se qué partido de fútbol. Finalmente me atreví a probarlo y es el día que soy un adicto a su gusto, mis papilas gustativas extrañan ese elixir. A veces camino por el centro y siento un olor a pata irrefrenable. Me acuerdo de ese reblochon y me agarra un hambre romana.
Narcisista como soy, le sugerí a Kukso que agregara mi anécdota a su monumental obra. Me siento George Costanza, educando a los actores de Cheers. Kukso debe estar ahí, esperando el momento, de reírse de mis comentarios y de los de miles de lectores que intentan completar su magnífico libro con anécdotas personales.
Me hubiese gustado que sea mas corto, se alarga mucho no por mayor cantidad de contenido, mas si por la repetición de conceptos o la suma de citas y referencias de libros antiguos o personas que estudiaron el olor. Puede que algunas personas encuentren esto como una ventaja, pero a mi me hizo la lectura mas tediosa y menos interesante.
Ameno y divulgativo, aunque no por ello menos interesante. Chirría un poco el capítulo dedicado a la llegada de Colón a América, con ciertas expresiones que, bajo mi punto de vista, son inadecuadas e inexactas, juzgando acciones desde el prisma del presente.
Para una persona que vive en parte de su olfato como yo, esto fue un gran viaje imaginativo, un excelente recorrido por la historia del mundo a través del olfato y los olores. Lo disfruté mucho.
Como olían los dinosaurios? Cuales eran los aromas del Antiguo Egipto, de Roma o de Grecia? Como va a oler el futuro? Como el comercio de aromas ayudó a desarrollar la sociedad moderna?
Este interesante libro plantea todas esas preguntas, dándonos justificadas y estudiadas respuestas. Gran trabajo de Federico Kukso.
Es un análisis sobre el menos valorado de los sentido, tal vez por su relacion con lo animal y abre un monton de puertas y caminos para recorrer. Al leerlo es inevitable buscar los olores y aromas de nuestra propia vida y niñez. Yo sobrevolé Mar del Plata con la mezcla de arena y cemento de los antiguos balnearios, con la sal del mar rompiendo contra las rocas de la rambla, con las fuertes mezclas del puerto y hasta con sus históricas rotiserias.
Creo que es más que destacable lo que aporta este libro, mas aún en este momento donde todos nos tapamos la nariz por miedo y uno de los sintomas de la enfermedad temida es la pérdida del olfato. A través de la lectura activa nuestros recuerdos y al mismo tiempo entendemos porque reaccionamos de determinada manera a fragancias y olores y como, muchas veces, se usa ese conocimiento sin que nos demos cuenta.
La única crítica que le puedo hacer al libro es que en algunos momentos senti repetición de temas, pero no por eso dejo de recomendarlo.
Fascinante historia cultural del olor a través de la historia. Divulgación científica amena, interesante y repleta de curiosidades y datos sorprendentes. Maravilla adentrarse en aspectos tales como el aroma en el antiguo egipto; la antigua Grecia y Roma; cómo impactaron las religiones (por ejemplo la cristiana en aspectos como la higiene) en el olor; el olor en la debacle causadas por la peste; las rutas del incienso, la pimienta y la seda; el olor en la Edad Media; Versalles o el palacio de los olores (o más bien de los malos olores); el choque olfativo de la conquista de América (la poca higiene de los conquistadores con la cultura en higiene de, por ejemplo, los mayas); el gran hedor de Londres en el siglo XIX; Buenos Aires y su olor a la largo de su historia; anatomía de las flatulencias; el olor más adictivo; la evolución de los perfumes y desodorantes; el marketing sensorial; el olor en las estaciones espaciales y en el espacio; etc Multitud de información y datos interesantes y curiosos transmitidos de la forma más amena y con una base sólida de abundante investigación.
¿Cómo olían los dinosaurios? ¿Cómo olían los griegos? ¿Y los grandes palacios de la historia universal? ¿Qué olieron los astronautas en la luna? ¿Cómo huelen los planetas? Cómo se usó el olor para vendernos cosas y cómo se usa hoy para darnos tranquilidad, calma, mayor productividad o ganas de comer. Todos estos interrogantes los resuelve este maravilloso libro que nos traslada por miles de sensaciones olfativas, nos recuerda cuán importante es el olor en nuestras vidas. Además de curiosidades, a leerlo uno reflexiona sobre los olores que sentimos, los lugares a los que nos trasladan y la impronta que deja en nuestras vidas, pero sobre todas las cosas es un relato de la historia universal contada a través de algo omnipresente: el olor. Escrito muy bien y de una manera llevadera, este joven autor nos enseña a la vez que nos hace disfrutar. Al terminarlo van a apreciar mucho más uno de los mejores sentidos que tenemos: el olfato.
Es de los mejores libros que he leído. Mezclar referencias literarias, con ciencia e historia, sobre el sentido menos querido, el olfato, y hacerlo bien, no es cosa fácil. Es un viaje exquisito de los datos históricos más locos sobre el olfato. Después de leer el libro, me he dedicado a prestarle más atención a mi nariz y a lo que huelo cuando camino en las calles. El libro está tan bien escrito y pensado que se convirtió en uno de mis favoritos. Es fascinante porque es terapéutico a la imaginación y a los sentidos. El olor que menos pensabas se cuentan ahí. Es hasta meditativo. Y ofrece datos prácticos y anecdóticos que en la vida jamás imaginé. Mientras más avanza se pone más y más interesante y lúdico. Siempre deja a una con las ganas de más y más. Exquisito. Un viaje. Me lo leí rapidito rapidito. Una cura total.
La verdad, me aburrió. La promesa del libro era contar anécdotas en donde el olor fuera protagonista, pero en todas las que leí su rol es marginal o poco interesante. Todo lo contrario, el libro me dejó con la sensación de que los olores importan poco y nada. Es una premisa muy peculiar, a priori a mí me hubiera costado mucho encontrar algo interesante para decir al respecto, y creo que por eso la temática se siente forzada, como si no hubiera mucho que decir, y con lo poco que hay se tenía que llenar un libro.
Me gustó un montón! Se me hicieron un poco largas las últimas 120/150 páginas, creo que porque esas partes del libro hablan sobre tecnología y actualidad, y no me interesó tanto como el recorrido que hace el autor sobre los olores en épocas anteriores. Por momentos me pareció que tal vez se profundizaba en temas que no tenían que ver tanto con los olores, pero entiendo que había que dar un contexto para lo que se quería contar a continuación (y en realidad no me molestó). En general, fue súper interesante y no se me hizo una lectura pesada.
Recién termino de leer esta historia fragante, olorosa, apestosa, dulce, cítrica, con notas de cítricos, canela y porque no podredumbre! Me encantó! Aunque debo confesar que buena parte de la lectura la pasé haciendo caras feas y con la nariz fruncida. Kukso nos lleva por la historia, las costumbres higiénicas y no tanto. Nos regala un paseo por la vida de diferentes ciudades y momentos. Léanlo, lo van a disfrutar!
Básicamente es una recopilación de curiosidades relacionadas con el mundo de los olores. Hay que reconocer que mezclar referencias literarias, con ciencia e historia, sobre el sentido menos querido, el olfato, y hacerlo bien, no es cosa fácil. Algo distinto que leer aunque me aburrió en algunos momentos.
Siempre me despertó curiosidad como debía de oler el mundo y nuestros ancestros, y qué peso tienen los aromas en las relaciones humanas y nuestra percepción de la realidad.
Este fabuloso ensayo colma con creces mi curiosidad inicial haciendo un recorrido histórico olorífico con cientos de reflexiones interesantes acerca del enorme poder de este sentido que tenemos hoy tan arrinconado.
Odorama cuenta la historia a través de los olores. Kukso mezcla ciencia y curiosidades para mostrar cómo olían las épocas y las ciudades. Es ameno, distinto y te cambia la forma de imaginar el pasado. A veces se dispersa y alguna escena es más intuida que demostrada, pero como viaje sensorial funciona muy bien. Un cuatro estrellas muy alto. 😍
Un buen libro de divulgación y muy original, me ha gustado mucho. Aunque no esperaba encontrar propaganda de la leyenda negra española y menos de un argentino. Con todo, lo recomiendo encarecidamente.
Excelente libro. Es un compendio muy detallado sobre el olor, con rigor científico y que discurre sobre los aromas durante toda la historia. También mezcla bastante bien referencias de cultura pop como de todo tipo de disciplinas científicas. Muy recomendable.
Espectacularmente documentado, el trabajo de Kukso en este libro es un imprescindible para cualquiera, seas o no amante de los aromas. La importancia del olfato y los olores a lo largo de la humanidad, ahí es nada y todo maravillosamente explicado.
Mal escrito, desorganizado y con poco de ensayo y mucho de atlas desordenado de cosas que tienen que ver con los olores. Los unicos puntos positivos son cuando describe tecnicas o qué ácidos se parecen los olores cotidianos