Las tres historias que componen Sueño profundo (1994) de la escritora japonesa Banana Yoshimoto (1964-) nos hablan de mujeres. Mujeres reales en una sociedad aún dominada en lo externo por los hombres y que relega a la mujer a papeles tradicionales: enamorada, esposa, amante, prostituta... y, además, en constante competencia con su género. Sin embargo, aunque su vida gire en torno a los hombres, el mundo interior de estas mujeres es realmente el protagonista de esta obra. Dentro de un mundo onírico, casi mágico, es donde las protagonistas manejan sus decisiones individuales, su propia independencia con una tranquilidad que impresiona.
Para mí, como occidental, a veces me parece irreal, imaginario, pero no puedo afirmar con certeza que no sea así ya que solo soy conocedor de su cultura por los autores japoneses que he leído. Y, obviamente, hablamos de ficción.
Yoshimoto describe muy bien los sentimientos femeninos de esas jóvenes, sus dudas, sus silencios y, sobre todo, su manera de reaccionar ante la cultura establecida. Pero apenas nos lo muestra de un modo explícito. Su prosa parece impresionista, pequeñas pinceladas aquí y allá que van creando en la mente del lector la imagen de la narración, una imagen que te hace sentir de verdad la historia que cuenta.
Ya el primer relato llamó mi atención al hacerme recordar (salvando las distancias) la pequeña obra maestra de Tanizaki, La llave, y también La casa de las bellas durmientes de Kawatata, por el tema de la mujer durmiente. Me resulta curioso porque este tema parece claramente recurrente en la literatura que muestra costumbres sexuales japonesas.
Tengo que decir que he disfrutado de estos tres cuentos de B. Yoshimoto lo suficiente como para decidir leer Kitchen (1988), su ópera prima.