(Este tomo contiene los capítulos del manga que van del 99 al 103, ambos inclusive)
Y con esto y un bizcocho, cierro la relectura de este manga, ya que la primera tanda que hice en julio empezaba con el volumen 23. Me faltaría por hacer la relectura de los volúmenes hasta el 15 inclusive, pero de esos me faltan bastantes. A ver si poco a poco me hago con ellos y leo esa primera Parte. Porque la verdad es que “Blue Exorcist” es una historia que me ha hecho mucha compañía en un verano en el que he tenido muchos momentos de desidia y de sentirme muy perdida y ansiosa, en los que no me apetecía leer nada o no sabia con que ponerme. Siempre me ha gustado mucho este manga, pero en estos dos meses se ha reavivado mi cariño por su historia y, sobre todo, por sus personajes. así que he disfrutado mucho de esta relectura.
El portal artificial al Gehenna se ha abierto y el mundo se ha convertido en un pandemoniun, donde los humanos pueden ver a los demonios. La orden de la Veracruz está colapsada por la gran cantidad de entes que están provocando desastres por todo el mundo. Y mientras tanto, las piezas empiezan a moverse como los engranajes de un reloj en medio de la confusión. Yukio ha roto todo vinculos con su hermano y los exorcistas y ha llegado a la base aérea de los Illuminati en busca de fuerza y respuestas; el misterio de que es exactamente Shiemi cobra impetu cuando la joven es llevada a un sitio misterioso por parte de un grupo relacionado con los Grigori; y Bon debe moverse para ayudar al detenido Lighting mientras Koneko vuelve a Kioto para intentar recomponer la destrozada Komaken. Y Rin, a regañadientes, ha decidido enfrentarse a su a lo que suponga la verdad sobre sus padres y su nacimiento. Así que emprenderá un viaje al pasado bajo la batuta de Mephisto.
Es muy típico en diversos mangas, que siempre haya ciertas dudas de sus primeros capítulos sobre el pasado de sus protagonistas, el cual tanto estos como el lector muchas veces desconocen. Y en “Blue Exorcist” los misterios en torno al nacimiento de Rin y Yukio y su relación con la temible noche azul empiezan a desarrollarse en este tomo por fin. Kazue Kato echa un vistazo a cómo el mundo se está volviendo loco y los diversos personajes del manga deben separarse y actuar por su cuenta, antes de lanzarnos de lleno junto a Rin a la historia de sus padres, un Flashback en sus primeros pulsos tiene algo reposado si piensas en cómo se ha quedado el patio en el presente. Y eso nos permitirá conocer a un joven Shiro Fujimoto endurecido por las duras condiciones entre las cuales nació como clon del rey demonio Azazel. Obligado a soportar todo tipo de duros experimentos, a ser tratado como ganado y a ver como sus hermanos eran torturados y morían en masa, Shiro pronto darán muestras de un individualismo extraño entre los suyos. Está dispuesto a hacer cualquier cosa por sobrevivir y salir adelante. Y todo eso se traduce en una personalidad, violenta, fría, orgullosa y llena de rabia, que le convierte en un personaje bastante incómodo. Aunque, en realidad, más bien se vea como un niño asustado y solitario que actúa como buenamente sabe y que está desesperado por seguir adelante. En el personaje hay algo muy triste que desde pequeña Yuri consigue ver. La madre de los Okumura es todo lo contrario al futuro padre Fujimoto, un ser dulce, brillante y positivo que se crió en un mundo de pobreza y chatarra bajo el amparo de unos vagabundos, y que pronto se quedo sola cuando su familia murió en un incendio. Y que desde pequeña podía jugar con unas bolas de fuego azul como quien lo hace con un perrito. Si hay algo que es bonito e interesante en todo el arco del pasado es lo diferente que son Shiro y Yuri y como por eso mismo se complementan, y como va evolucionando su historia con el paso de los años. Y eso es evidente desde su primera interacción. Por cierto ¿lo kawai que es el diseño de Yuri de pequeña?
De todas formas, tal y como le señala Mephisto desde el principio a Rin, lo que va a ver, es una historia trágica y abocada al desastre. Y eso sobrevuela todas las páginas de este tomo de manera más o menos imperceptible. Entre sus páginas ahondamos más en la sección 13, donde Shiro nació, y en su fachada, el Asilo, donde se recogían a niños huérfanos capaces de ver demonios o descendientes de estos seres con el fin de formarles como exorcistas. Y que tenía más de rígida academia militar que de escuela. Es decir, en este volumen podemos conocer en profundidad más aspectos que ya conocíamos de antemano solo de oídas , y eso ha resultado muy interesante. Mientras nos acercamos al meollo de la cuestión, la aparición de Satán y el nacimiento de los gemelos.