Toda obra está atada a su contexto, y no puede ser entendida sin él. México bárbaro es un gran ejemplo de esto. Este libro retrata detalladamente la disfrazada esclavitud que sufrían los indígenas Mayas y Yaquis, el absoluto control del gobierno sobre los medios de comunicación, y por ende, la inexistente libertad de expresión; todo esto, al final del periodo porfirista, entre 1906 y 1909.
Dividiré esta reseña en tres puntos claves que observé durante la lectura de este libro: 1) elementos positivos generales, 2) elementos negativos de la obra, y 3) elementos negativos del enfoque actual de la obra.
1. Lo positivo.
Este libro presenta reportajes, evidencias, narraciones y testimonios que el propio autor recolecta durante su visita a los ranchos “esclavistas” más importantes en México (en Yucatán y en Ciudad Nacional). Brinda al lector una perspectiva nueva sobre la época porfirista, principalmente, las penurias que los “esclavos” vivían día con día. Turner cuenta de forma explícita cómo funcionaban los sistemas de esclavos, y las injusticias de las que fueron víctimas.
2. Lo negativo de la obra.
El libro tiene algunos errores históricos. La narración se puede dividir en 2 apartados: Las evidencias que Turner observó durante su estancia en México, y las conclusiones que formula. Mientras que su investigación incluye información valiosa y de primera mano, sus conclusiones históricas son principalmente desatinadas, y ocasionalmente falsas. Errores sobre la participación estadounidense en la revolución, la relación Díaz-Taft, el papel de Madero, el papel de Díaz, etc. Dichos errores o desaciertos son atribuibles al contexto en el que es publicado el libro, y su intención.
3. Lo negativo del enfoque de la obra.
Al leer reseñas de este libro, me he encontrado con frases bastante similares: “Es un libro indispensable en la historia mexicana”, o “Es un libro que todo mexicano debería leer” o peor aún “debería enseñarse en las escuelas”. ¿Por qué es un libro que todo mexicano debería leer? México bárbaro es una crítica polarizada en contra de Porfirio Díaz, que en SU momento y para SU contexto, sirvió como grito de ayuda en contra de la represión sufrida en México, y para que todo el mundo supiera que Porfirio Díaz no era “el mejor gobernante de la historia mexicana” como muchos extranjeros creían. Es sin embargo contradictorio, que para el día de hoy, sea necesario explicar que Porfirio Díaz no fue “el peor gobernante de la historia” como algunos paisanos piensan, y que mucho menos, es el culpable del atraso mexicano actual. Es importante comprender que el convertir en héroes y villanos, o buenos y malos a los personajes históricos no resuelve ni aporta nada al México del 2021. Creer que Porfirio Díaz ha sido el hombre más vil y terrorífico que ha pisado este país no aporta nada al México del 2021. Culpar a los presidentes de hace 100 años de que el pueblo mexicano de HOY no tome acción para sí mismo no aporta nada al México del 2021. Politizar al extremo a los personajes históricos no aporta nada el México del 2021. Estudiar la historia con el único objetivo de juzgar a los personajes que en ella aparecen no aporta nada al México del 2021. México bárbaro no aporta absolutamente nada al México del 2021
“Debería enseñarse en las escuelas”
Si bien este libro no forma parte del sistema escolar oficial, su mensaje principal sí que lo es: Denigrar a Díaz. En dicho sistema se denigran a algunos personajes históricos hasta el punto de convertirlos en villanos, mientras que a otros se les glorifica hasta hacerlos héroes; se exaltan valores como el patriotismo y el sacrificio, y se enseña que no hay nada más puro y valioso que nuestra hermosa nación.
No se puede olvidar que es este mismo sistema el que ha sometido al pueblo mexicano desde que ambos nacieron; es el mismo sistema que glorifica el suicidio colectivo como los de Cuauhtémoc y los niños héroes, porque, la nación siempre está por encima del hombre (aunque con Cuauhtémoc no era ésta nación); es el mismo sistema que culpa a su pasado de los problemas del presente: México es pobre porque España nos robó nuestro oro (es gracioso que la riqueza de un país dependa de la tecnología de extracción de oro de aquella época), pero también es pobre porque Estados Unidos nos robó nuestro petróleo, pero también es pobre porque Porfirio Díaz nos robó 34 años de democracia, pero también es pobre por los presidentes tan pendejos que ha tenido (presidentes que el pueblo votó después de recuperar la democracia robada por el malvado dictador).
El sistema funciona excepcionalmente. El pueblo repudia su pasado y su historia; repudia a los extranjeros y al gobierno; repudia a Estados Unidos y a Europa; pero ama a su patria. Lamentablemente para el pueblo, la “patria” y la “nación” no existen. Existen grupos de personas que se benefician del pueblo y de su trabajo.
Y en el núcleo de este sistema, figuran discursos e ideas como las de este libro, ideas de separación. Es más fácil para los poderosos someter a un pueblo, si se culpa de dicho sometimiento a un presidente del siglo pasado.
Con esto no quiero decir que la intención de este libro sea la desinformación o la polarización de Porfirio, para nada. El contexto lo es todo. El libro nace con el fin de informar sobre las atrocidades de un gobierno, e impulsa al pueblo sometido a rebelarse. El problema está en la forma de interpretarlo. Es imposible esperar que un mensaje formulado hace 100 años, y que busca solucionar un problema de hace 100 años, pueda ser aplicable en la actualidad.
¿Debería enseñarse esto en las escuelas? Bueno, depende de la intención de las escuelas. ¿Queremos que las próximas generaciones conozcan las injusticias laborales de hace 100 años, o que resuelvan las injusticias laborales de hoy?
“El que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Bueno, esto podría ser cierto, pero no lo es. Para resolver el problema de hoy, ayuda el saber cómo se resolvió el problema antes. La cuestión es, que este es un problema que no se ha resuelto nunca. No sólo eso, es un problema que se ha intentado resolver innumerables veces, siempre partiendo, de la misma idea. Idea presente, por supuesto, en México bárbaro. ¿Se puede resolver un problema que nunca se ha resuelto, intentándolo de la misma forma que se ha intentado cientos de veces? La respuesta, indudablemente, es no. Un cambio de situación requiere un cambio de pensamiento.