Estas 590 páginas me permitieron una mirada a un costado desconocido del boom latinoamericano y un acercamiento al realismo mágico desde un origen del que no se habla ni se estudia. Sorprendentemente, también me invitó a meditar un tema que francamente he observado poco en la literatura, por eso me concentraré en tratar de responder una pregunta interesante: ¿es verdad que los cuentos de Garro son feministas?
En alguna parte de Internet me encontré con esta opinión. Aunque tenga que salirme de lo que me ocupa, que es la literatura, para meterme en un terreno en el cual sin lugar a dudas debo admitir cierto desconocimiento, siento la necesidad reflexionar sobre ello.
El estudio que precede a los cuentos en esta edición señala la opinión de Lucía Melgar Palacios, doctora en Letras, además de activista por los derechos de las mujeres, estudiosa de la obra de Garro y autoridad en el asunto de la violencia de género. Melgar considera que la crítica de Garro tiene un «talante afín al feminismo» debido a que «captó y supo mostrar la complejidad de ser-y-convertirse-en-mujer en una sociedad y una tradición que niegan o reprimen la libertad, el erotismo y el deseo femeninos».
Puedo reconocer y aplaudir que Garro utilizara «temas feministas», pero creo que la palabra «afín» es utilizada muy inteligentemente por Melgar para hacer la distinción entre temas feministas y tratamiento feminista.
Voy a permitirme un señalamiento que puede sonar radical y categórico: no creo que los cuentos de Garro sean feministas. No deberíamos tratar de feminista a toda obra producida por una mujer que haya escrito sobre otras mujeres desde una época y un lugar particularmente opresivos. Garro retrató a las mujeres, y a través de ellas a sí misma, pero al mismo tiempo que hacía protagonistas a otros sujetos invisibilizados por la desigualdad y las injusticias sociales que consignaba severamente: ancianos, niños, vagabundos, obreros, extranjeros, indígenas. No solo mujeres.
Hablar sobre mujeres es un recurso insuficiente para identificar a una obra como feminista. Por supuesto que Garro se ocupa de las desigualdades sociales, pero lo hace más orientada a la política y las diferencias de clases. «En este lugar maldito/ donde reina la tristeza∕ no se castiga el delito∕ se castiga la pobreza», ese es el tema de Garro. Encontraremos muchas mujeres excluidas, extraviadas, confundidas, injuriadas y humilladas por ser mujeres, pero en la mayoría de los cuentos lo serán por ser simplemente personas sin dinero, sin patria, familia, amigos, hogar o identidad. El destino de los miserables personajes de Garro no es mejor o peor de acuerdo al sexo. Para la sociedad que pinta, todos los tipos y niveles de pobreza son infames por igual.
Estas mujeres (como personajes) son incapaces de defender por sí mismas la lucha de ningún grupo. Están desamparadas, asumen el automatismo como forma de vida para sobrevivir a las calamidades, sin pensar nunca en sus derechos individuales. Pierden su libertad en más de un sentido. Las calumnias y humillaciones de sus perseguidores logran borrar cualquier rastro de vida. Carecen de voluntad para luchar, están solas, «sin pasado y con el futuro abolido». No hay esperanza, ni una sola voz en defensa de ellas. Solo circunstancias, lugares y personas atroces que se encargan de hundirlas más en la ignominia. Extranjeras o no, están marcadas por el exilio, el odio y la inacción. Solamente se atreven a verbalizar sus quejas contra gobiernos y poderosos (del ámbito social y económico), responsables del hambre que padecen, pero son incapaces de decir una palabra para levantarse moralmente.
Todo esto me conduce a la idea de que las mujeres de Garro no fueron diseñadas para hacer literatura feminista. Más que defender la postura de un grupo, los comentarios más severos de Garro están orientados a las luchas sociales de México y a denunciar las precarias condiciones de vida de los extranjeros, así como nuestra propia falta de solidaridad como especie.
Las mujeres de Garro le huyen a lo doméstico. En este sentido muy patriarcal de la feminidad, se puede decir que desafían el status quo. De modo que sí, ¿cómo no podría tener Garro un talante afín?, pero de ahí a etiquetar sus cuentos de feministas, cuando estos incluso se encargan en muchas ocasiones de fijar algunos modelos y conductas misóginas, me parece una osadía.
Garro acentúa la fatalidad del destino de todos sus personajes, sin importar si son hombres, mujeres, niños, ancianos o animales. Bajo cualquier tonalidad, sea la infancia o la madurez; en cualquier localidad, Latinoamérica o Europa; Garro no evade la tarea de consignar las injusticias sociales más agresivas y desesperanzadoras.
Así culmino la lectura más larga en lo que va de año. Para el que no tenga tiempo de lanzarse las 590 páginas, aquí van mis recomendaciones:
La culpa es de los tlaxcaltecas
El robo de Tiztla
El niño perdido
El duente
Andamos huyendo Lola
La vida empieza a las tres
Perfecto Luna