Si hay algo que las novelas de Susana Rubio tienen es, sin duda, la adicción a sus páginas. No hace falta, en absoluto, que la historia sea muy complicada o enrevesada, al revés, la trama siendo bastante simple, la autora consigue que esta sea de lo más adictiva y te enganche a ella sin darte cuenta. En esta en concreto, me ha pasado exactamente lo que os cuento. Desde que la empecé no pude dejar de leer porque todo lo que va ocurriendo dentro de la historia, a los personajes me tenía muy metida en la novela, queriendo saber más y más. Además, me ha gustado más que la trilogía anterior porque ya llega un momento en que te vas haciendo mayor e identificarte con los personajes es algo que me gusta por lo que, en concreto, Andrea tiene una edad más o menos cercana a la mía por lo que me veo más en ella ahora mismo que en Alexia. Aun así, hay algo que ha sido lo que me ha tenido con la mosca detrás de la oreja durante la lectura y es que veía demasiadas coincidencias con la trilogía. Es como si estuviera leyendo prácticamente los mismos libros, pero con nombres cambiados y personalidades un poco más cambiadas. Luego, la autora tiene una forma de narrar que ya me gustó mucho anteriormente por lo que en esta novela lo ha vuelto a hacer. Como decía, me ha enganchado y en ningún momento me he aburrido de la historia.
El libro tiene un poco más de cuatrocientas páginas y el ejemplar en sí es bastante gordito. Aun así, ya sabía desde el principio que eso no era para nada un problema para mí. Es más, sabía que iba a caer en muy poco tiempo. Y así fue. En unos dos días ya me lo tenía casi terminado y con ganas de tener muchas más páginas y seguir conociendo a Andrea y Víctor. Los capítulos, además, tiene una extensión muy corta por lo que se te hacen súper ágiles y amenos de leer en todo momento. Susana sabe exactamente qué contarte y cómo para que quieras leer uno tras otro sin poder parar, algo muy positivo de la novela. Luego, en cuanto al romance que se crea entre los protagonistas tengo que decir que me ha gustado mucho porque se ha ido desarrollando de una forma muy pausada y como a mí me gusta, con tira y afloja entre los dos que lo hacía todo mucho más interesante y salseante (que nos gusta un buen salseo jajaja). En pocas palabras, diré que la relación que va habiendo durante la lectura me ha parecido que está muy bien planteado, que me ha parecido real y que se le meten ciertos aspectos que le dan el toque perfecto.
En definitiva, Tengo un WhatsApp es una historia divertida, ágil y entretenida que te tendrá desde el principio pegada a sus páginas, sin poder soltarla. Además, acompañada de unos personajes muy dispares y diferentes que se atraen sin remedio, una trama llena de salseos y misterios y una pluma que sabe cómo dejarte con gana de más siempre. Totalmente recomendada para desconectar y pasar muy buen rato.