Por alguna razón, a pesar de haber comprado este libro en el 2001, acumuló polvo en mi biblioteca por veinte años. Por alguna otra razón, seguro con la intención de leer más literatura nacional, decidí "aventurarme".
Pues, hay aventuras que resulta mejor no hacer. Y hay libros que merecen mucho más de veinte años de polvo.
A pesar de que esta novela es un adefesio sin pies ni cabeza (habrán los defensores de su autor catedrático que defenderán el mismo, precisamente porque esa era una de sus intenciones), yo creo que prácticamente toda lectura genera algo. El algo aquí es rogar dos preguntas, que creo que son al menos interesantes.
1. ¿Por qué se escribió este libro?
2. ¿Es este libro la peor novela de la literatura costarricense?
No vale la pena perder más mi tiempo ni de quien lea estas líneas, así que, al igual que Rafael Ángel Herra, el autor de la desafortunada novela, no voy a profundizar en nada. De hecho, muy inspirado en él, seguro, esta reseña, si se le quiere llamar así, será poco más que exabruptos algo desperdigados aquí y allá de manera seguramente aleatoria. La novela cuenta la historia de un robot á la Don Quijote, que cobra vida (está en una pintura) peleando contra un dragón. Fue creado por un dramaturgo y le es dado una misión (posiblemente con la pretensión campbeliana del héroe de mil caras) de encontrar el libro de los deseos puesto que, adivinaron, no siente nada.
El texto pretende ser, por la formación académica de Herra (podríamos pensar en un Mundo de Sofía, lite, muy lite), un punto entre la novela filosófica y fantástica. Un pastiche desordenado entre Don Quijote, Alicia en el País de las Maravillas, Utopía, La República, La Biblia, y un largo y arrozconmangístico etcétera. El asunto no es que sea malo inspirarse en su carrera o su área de expertise para escribir ficción. Lo que pasa es que el autor piensa que el lector es realmente básico y nos lleva de la mano, en muchos momentos, como si fuera literatura infantil. Es machacoso. Con el perdón de los grandes de la literatura infantil - Beatrix Potter y A A Milne nunca le explicaban a los niños, por ejemplo, que en la ciudad Daduic todo pasa al revés y que está en los mapas solamente si se leen al revés (¿entendieron??!?!?!). O que el personaje "principal" Orellabac (no bellaco, aunque cerca) es un peculiar caballero (¿ya vennnnn???!). O que, hacia el final aparece una personaje Laquelee que es la que le da realmente vida a los personajes porque lee mucho (no estoy bromeando). Está, ciertamente, escrito con desdeño al lector.
A partir de este punto, todo empeora. La escritura es torpe, no fluye, está mal escrito, hay errores ortográficos (pecados mortales, que suceden todavía hoy en editoriales ticas, en obras de conocidos autores como Carlos Fonseca, por no mencionar varias novelas de Uruk). En ocasión se usa palabras rimbombantes que nos hace pensar que Jacques Sagot escribió el libro y no un catedrático en filosofía.
Algo interesante: muchos pasajes de la novela parecen sacados de un taller de escritura o en un taller cultural de una universidad pública. Aquí la página 21, casi entera:
"La JovenVieja se incorporó. Desapareció brevemente. Luego se sentó en una silla, detrás de una mesa. Dobló la espalda y empezó a escribir a máquina, bañada por las penumbras de la torre, de la que colgaban once cuerdas de campanas. Escribía torpemente, se detenía a escudriñar el papel, picoteaba las teclas, hacía girar las carruchas de la cinta con los dedos, que se le pusieron negro como la tinta. Luego tecleaba otra vez con aire misterioso y torpe. Las penumbras desgarraban el suelo. Sobre la máquina colgaba un bombillo eléctrico de luz parpadeante como de candela, que le teñía el cabello con efluvios plateados. Repentinamente se incorporó, corrió hacia las cuerdas de las campanas y se puso a repicar. Aquel sonido sordo se pierde en mis registros. Recuerdo a la JovenVieja mientras bailaba colgada de las cuerdas tensas, desapareciendo de frente o de espaldas. Cuando acabó de repicar, tornó a sentarse, agitadamente, y siguió con las teclas. Escribió mucho tiempo".
Y así.
Página 183: "El río bramaba, pero conforme descendíamos, el bramido se transformaba en murmullos".
Página 189: " '¿Podrías decirme cómo encontrar el libro de los Deseos?' 'Sí y no' "
Son muchas, muchas otras frases célebres, que no usaré pues ahora el machacoso soy yo.
Mi punto es: no todo merece salir de un taller a ser publicado. Sea el autor un filósofo conocido o no.
Por lo demás, las primeras cien páginas, lo admito, son fascinantes. Están tan mal redactadas que no se puede parar de leer. Es como el famoso accidente de tránsito o de tren, que uno tiene que ver. Estamos, y por eso el nombrar a Sagot no es en vano, ante alguien que cree que su obra es altamente creativa, inteligente, brillante, original. Pero, Orellabac. El problema es que a partir de la mitad (la novela tiene poco más de doscientas páginas) el autor debe haberse cansado pues ahí es donde entra un pastiche digno de los más pos-modernos "cut" "paste". Burroughs es cualquier cosa aquí. Es una narrativa que realmente no tiene sentido, sea este o no la intención original.
Además de referencias a la alegoría de la cueva, a Alicia en el país de las maravillas, al libro de los muertos, al Mago de Oz, a Biblia (se queman plantas y árboles y arbustos), hay posibles referencias a leyendas ticas, argumentos y "debates" sobre la cognición y la emoción humanas, además de una especie de oda a la fantasías germano, española y anglosajona. Un arroz con mango, sin duda.
Si esto fuera obra de un escritor joven o una persona de a pie, ahí queda. Pero al leer su biografía, nada humilde, uno se enoja. ¿Cómo fue posible un bodrio como este de alguien con ese CV? O, al revés ¿cómo alguien así llegó a tener esos títulos, puestos, y participar en los congresos que participó? Aclaro que la edición mía es del 2001, cuando lo compré. Y que el texto es de diez años antes. Pero Herra ya había sido nombrado catedrático en la UCR y ya habia sido director en la misma universidad para ese momento. ¿Dónde está el síndrome del impostor cuando uno lo necesita?
Como indicaba arriba, la lectura de casi cualquier cosa lleva a aprendizajes. De esta me llevo no solo el por qué se escribió -notable pregunta por lo demás- sino si en efecto es este el peor libro de la literatura tica. Si no este, ¿cuál? Competidores tiene. Me temo, entonces, que iniciaré la búsqueda, la aventura. Me temo, eso sí, que será inagotable.
Me enteré, al terminar esta novela, que fue lectura obligatoria por mucho años en bachillerato por el Ministerio. Y después nos quejamos que las generaciones jóvenes no leen, no tienen capacidad de comprender un texto, y no piensan de manera crítica. Si leyeron Viaje al Reino de los Deseos, yo, por lo menos, siento que es necesario tenerles más simpatía.