Leí "Viaje a la Alcarria" hace más de treinta años, cuando todavía estaba en EGB, y no me gustó, me pareció aburrido. El año pasado leí "Del Miño al Bidasoa", también de Cela, y me encantó, por lo que decidí darle una segunda oportunidad a la Alcarria, por si la falta no hubiera sido del libro, sino del lector... y así era: la primera vez que lo leí no tenía edad para apreciarlo, ahora sí.
Me ha gustado el estilo de Cela, no sólo su amplio vocabulario, sino el ritmo de las frases y cómo, con palabras bien escogidas, sabe dibujar a pinceladas una imagen, una situación, unas circunstancias o hechos previos sin necesidad de adentrarse en descripciones ni explicaciones.
Pero, sobre todo, me ha impresionado lo que cuenta, los hechos mismos, lo que Cela vio en ese viaje.
Escrito en el '46, siete años después de la Guerra Civil, el autor recorre una región pobre de un país de postguerra, y esa pobreza se transmite a las gentes, lugares... No hay tanto carreteras como caminos, la gente se mueve en carro, en burro, ara los campos a mano... Muchos duermen en el zaguán de las posadas, a menudo el autor cuenta cómo, para lavarse, debe hacerlo junto al pozo de los patios, con el agua del cubo que él mismo ha sacado, rodeado de gallinas. Describe mendigos, vagabundos, gente que se mueve por los caminos de pueblo en pueblo a la que sale.
En concreto, me impresionó una escena: al principio, en el viaje en tren, un hombre humilla y golpea a un mendigo que recoge colillas, diciéndole que va a darle un cigarrillo para arrearle un bofetada que le hace sangrar mientras todos ríen. La gratuidad de ese acto cruel, la risa de los demás, que nadie (ni el autor) muestre indignación, la resignación del mendigo, que se retira sin defenderse ni protestar... Me pareció que la escena describe bien una sociedad embrutecida, muy distinta (afortunadamente) a la actual.
Aunque esa escena es excepcional en su crueldad y violencia, el libro dibuja con crudeza una sociedad dura, pobre, que vive de lo que saca del campo doblando el espinazo con un azadón o tras el arado empujado por bueyes, transportando leña en carros tirados por mulas, viajando mercancías en bicicleta o a pie... una sociedad que carece de los servicios sociales más básicos (que no hoy en día
parece que no sabemos apreciar por darlos por supuestos). Una muestra clara de que la civilización es un barniz muy fino.
Y todo esto ocurría hace menos de ochenta años; algunos de los chiquillos que Cela describe corriendo en la plaza podrían estar aún vivos.