La historia de las matemáticas es una cuestión a menudo olvidada en los programas educativos. Muchos pensarán que es más importante centrarse en los procedimientos y en las aplicaciones (aunque en esto último a veces tampoco se incide todo lo que se debería) que entender cómo se llegó al punto de necesitar un razonamiento o herramienta específicos, y en algunos casos puede que sea así, pero si uno desea tener una base sólida en esta rama del conocimiento creo que resulta indispensable comprender la genealogía de las matemáticas. Yo no tenía una base sólida ni antes de empezar el libro ni ahora que lo he acabado, pero hay multitud de conceptos y teorías que, si no he llegado a entender, al menos si a atisbar, y eso se logra con la visión ampliada de la historia.
Llegué a este libro con la intención de interiorizar mejor algunos apartados de las matemáticas que me resultaban nebulosos, así que tras un par de búsquedas me decidí por este ejemplar. Tal vez los hay mejores, pero para lo que yo buscaba era todo lo que necesitaba. Algunas críticas que he leído son que los temas no siguen un orden cronológico y que se hacen saltos temporales todo el rato, pero en el propio libro se explica que esto se hace para hacer el seguimiento de ideas, lo cual tiene todo el sentido para mí. También leí que se centra demasiado en las matemáticas antiguas y no tanto en los descubrimientos recientes. Nuevamente, el propio libro explica que en los últimos cien años se han hecho más descubrimientos en matemáticas que en el resto de la historia, además de que éstos se asientan en lo anterior. También es cierto que en mi caso me interesaba conocer lo que un matemático podría dar por hecho y que, en mi mediocre acercamiento vital, yo ignoraba.
El lenguaje del libro es bastante accesible, con comparaciones sencillas y explicaciones probablemente bastante burdas pero efectivas para alguien que no sea capaz de entender correctamente un léxico formal. Aun con todo, en muchos momentos perdía el hilo de las explicaciones, nuevamente por carencias en mi conocimiento o sencillamente porque el tema en cuestión era demasiado complejo como para abordarlo en un par de párrafos que se leen de pasada. Pero yo tampoco buscaba profundizar demasiado, pues tampoco voy a usar la mayoría de descubrimientos avanzados de forma consciente. Me bastaba con tener un idea general que más tarde me permitiera seguir aprendiendo, si me apeteciera.
Los apartados donde se explicaban las aplicaciones de las teorías, tanto en la época del descubrimiento como en el presente, son muy útiles y reveladores, al igual que las pequeñas biografías de matemáticos y físicos que ayudaban a entender el contexto en el que germinaron algunas ideas.
Es una pena que la enseñanza de las matemáticas no se enfoque de otra manera, sobre todo desde el instituto, de forma que uno no se limite a memorizar fórmulas o a resolver centenares de derivadas e integrales sin conocer su utilidad, su razón de ser y su demostración. Pero bueno, supongo que uno también debe buscarse la vida para entender todas estas cuestiones por su cuenta, igual que hicieron muchos matemáticos en el pasado (aunque, desde luego, mis intenciones sean mucho más humildes).