The great ideological cliché of our time, César Rendueles argues in Sociophobia, is the idea that communication technologies can support positive social dynamics and improve economic and political conditions. We would like to believe that the Internet has given us the tools to overcome modernity's practical dilemmas and bring us into closer relation, but recent events show how technology has in fact driven us farther apart.
Named one of the ten best books of the year by Babelia El Pa-s, Sociophobia looks at the root causes of neoliberal utopia's modern collapse. It begins by questioning the cyber-fetishist dogma that lulls us into thinking our passive relationship with technology plays a positive role in resolving longstanding differences. Rendueles claims that the World Wide Web has produced a diminished rather than augmented social reality. In other words, it has lowered our expectations with respect to political interventions and personal relations. In an effort to correct this trend, Rendueles embarks on an ambitious reassessment of our antagonistic political traditions to prove that post-capitalism is not only a feasible, intimate, and friendly system to strive for but also essential for moving past consumerism and political malaise.
El autor termina el libro con un breve resumen de su propósito así que, comenzaré por el fin: "(...) este libro se pregunta cómo siguen vivos algunos problemas de la modernidad relacionados con la emancipación y el vínculo social en nuestra época." De manera algo mas extendida, el libro habla sobre "ciberfetichismo": la creencia de que internet, a través de su potencial para conectar personas de maneras diferentes a como se hacía hasta el mometo, permitirá, por sí solo, la empancipación política que "la izquierda" ha prometido desde que existe. La tesis principal del autor es que esto no será así, y va más allá argumentando que, en realidad, la fe ciega en internet se puede relacionar con el capitalismo y entender como una extensión de la filosofía consumista.
El libro es interesante, y me alegro de haberlo leído; ofrece una perspectiva lúcida y muy diferente a lo que cualquier tipo de mainstream asume, forzándote a pensar y reconsiderar continuamente mientras lees. A pesar de ello, puede que por mi formación como economista, me ha costado un poco seguir un discurso tan abstracto en algunas partes y con una estructura tan alejada de lo que estoy acostumbrado a leer. Pero quizás eso es más mi culpa que la del autor. Los siguientes puntos ofrecen lo que, a mi modo de ver, constituyen los aspectos que más he valorado del libro, acompañados de mi opinión, que no siempre es compartida por el autor.
- Mi principal problema con el libro es la tesis principal que intenta desbancar. Comparto por completo que internet no es ninguna panacea, lo que no entiendo muy bien es por qué habría que pensar lo contrario. Internet es una herramienta, no un fin y, como casi toda tecnología, depende del uso que se le de los resultados que se obtendrán. Por otro lado, esperar que una herramienta va a cambiar aspectos no técnicos de una sociedad, me parece pedir mucho. Partiendo de este punto de vista, me parece que el libro hace un flaco favor criticando las licencias copyleft y el movimiento del software libre. Son instrumentos que se diseñaron con un propósito muy claro (desarrollar y publicar código de manera abierta) y, utilizándo esa "vara de medir", creo que han sido bastante exitosas. Cierto que se pueden incluir aspectos de tal movimiento como ayuda o inspiración para repensar ciertas formas de colaboración política, pero eso va más allá de su objetivo inicial y, criticarlos porque no sirven para tal fin (al menos de una manera automática), creo que es un poco injusto.
- Dicho lo anterior, me parece muy lúcido el punto que transluce en todo el libro sobre la tensión entre el altruismo que la red facilita y el compromiso que un proyecto político requiere. El autor describe muy claramente como tal altruismo no puede ser la base de una democracia, que tiene que cimentarse en alguna forma de compromiso.
- Conectado con el punto previo, me parece que es importante no olvidar de nuevo que internet no deja de ser una herramienta y que, como tal, puede ayudar a solucionar problemas técnicos (e.g. hablar en tiempo real a 2000km de distancia), pero no cuestiones políticas (e.g. cómo de debería distribuir la riqueza generada por una sociedad).
- Me parece muy interesante el trato que se le da a los cuidados, el género y el medioambiente como aspectos vitales ignorados por el capitalismo y que, por tanto, quedan fuera de consideración una vez que la lógica del mercado invade áreas más allá de las puramente de producción.
- En relación a ello, es recurrente en el libro e interesante lo dañino que es llevar la lógica del mercado y capitalista a otros aspectos de la vida humana, en particular aquellos que tienen que ver con la fraternidad y proyectos conjuntos.
- Por último, aunque ya sé que es una crítica fácil, me habría gustado leer algo más sobre las propuestas del autor. El libro es amplio en criticar cómo internet no nos va a salvar de la ecatombe capitalista, pero es mucho más fino en proponer medidas o procesos alternativos creíbles relativamente concretos.
Repetidas veces tuve en mis manos este libro y las mismas lo dejé porque sentía que una crítica postmarxista a lo que nos hacemos con las tecnologías sería más apropiada con menos polisílabos y sobreesdrújulas. Sin embargo, una tarde de aburrimiento soberano, sin más diversión que la del consumismo que critica esta obra, lo compré pensando aún que era un error. A mayor abundancia de argumentos flojos, ahora encuentro que fue elegido mejor ensayo en su año de publicación por un periódico conocido por tratar ciertas informaciones como mercancías. ¿Lo peor? Que ninguna de estas razones me ha impedido su lectura y el resultado final ha sido bueno (con objeciones).
El autor, filósofo de contexto universitario, sabe que no sabe nada y me parece muy agradable. Por otra parte, para no saber nada se le aprecia mucho saber sobre Karl Marx, al que menciona repetidamente aunque con un espíritu crítico de los de sentarse con un café y hablar sobre el tema como si fuésemos personas civilizadas. También le leo ideas de Manuel Castells (al hablar de las [des]ventajas de la Sociedad Red) o Zygmunt Bauman (al mencionar la imposibilidad de la impasibilidad en un entorno hiperdinámico), y otras extraídas de la ciencia ficción, género con el que cada vez me topo más como referencia en diversos ensayos. Por el lado malo, menciona cosas rotundamente falsas como que las pirámides egipcias las hicieron esclavos (eran asalariados), o abusa de los chistes malos para ejemplificar cuestiones que no quedaron claras por el abuso de lenguaje enrevesado.
Con estos mimbres compone una obra que plantea, entre otras cosas, para qué pretendíamos que sirviera Internet y en qué la hemos convertido, cómo han cambiado (o no) los derechos de autor como consecuencia, cómo hemos pasado de pagar poco por un soporte físico a pagar mucho por la ausencia de soporte (aunque resulte contraintuitivo), cómo los nuevos modos de consumo han afectado a la forma en la que leemos... En la segunda mitad del libro analiza cómo la mera existencia de herramientas de socialización digitales no hace que nos relacionemos mejor, cómo nos engañamos al pensar que hacemos algo solo por mantenernos compulsivamente informados, y cómo los prejuicios morales y las rigideces cognitivas de la izquierda y la intelectualidad no ayudan a que esto mejore y afianzan los errores que deberían combatirse, a veces incluso en provecho propio.
Es curioso: la postmodernidad nos está trayendo una nueva ola de autores de izquierdas que aprueba el capitalismo como el mejor de los mundos posibles (ya sea este autor o Yuval Noah Harari) a pesar de la militancia en movimientos anticapitalistas o similares. Esto, que resulta paradójico, me gusta porque ver cómo una persona piensa realmente y se enfrenta a sus contradicciones abre diálogos con las mías y, a su manera, me tranquiliza. No sé si habrá sido esta razón banal la que ha hecho que me guste un libro que rechazaba en la fase de hojeado. Pero me ha gustado, maldita sea.
Esta lectura no es para el público general. Tienes que tener nociones sólidas de política, sociología y economía. Hace unas reflexiones muy interesantes, pero sin esa base sientes que te estás perdiendo cosas constantemente.
Cuando intentas abarcarlo todo terminas por abarcar nada. Uno de los problemas de este libro son las eternas disquisiciones que terminan distrayendo al lector del punto central que vendría a ser la "sociofobia". Este concepto finalmente se explica vagamente bien avanzada la lectura del libro y tendría que ver con nuestra(in)capacidad de transformarnos en sujetos políticos y requerir cambios innovadores ante lo que el autor describe como un mundo capitalista que no resuelve sino que exacerba los problemas a los que se enfrentó la modernidad: como el costo social o medioambiental del progreso o el equilibrio entre el individuo y la sociedad. Sin embargo el grueso del libro no está abocado a este concepto y de hecho a veces nada tiene que ver con éste. Lo que rescato del autor y a gusto personal me hubiese gustado que desarrollara más, es sobre esa pretensión de algunos intelectuales de hacernos creer que es posible equiparar, lo que Ostrom llamó la gestión de bienes comunes -típico de sociedades tradicionales (no industrializadas) - con formas de gestión de la economía digital, que nada tienen que ver entre sí. Se habla mucho de bienes comunes, economía colaborativa o procomún en internet o gestionados por internet, pero eso no implica una vuelta a relaciones de cooperación, solidaridad y compromiso en una sociedad compleja de consumo de masas y/o individualizada, y eso lo el autor lo deja en claro. Internet no es la panacea, y es posible decir que las tecnologías de internet tampoco sean unos simples instrumentos o herramientas neutras que facilitan la convivencia democrático y el advenimiento de sujetos políticos, pues en su diseño operan algoritmos perversos de manipulación. Lamentablemente el grueso del libro sólo son denuncias generales sobre la fragilidad del sistema capitalista de hondo pesimismo y de criticas a destajo a la academia, al sistema económico, a las ciencias sociales, a la política, al consumo, etc.
César Rendueles se convirtió en un filósofo político con ganas de discutir, pensar y contar con éste libro que apareció en 2013. Desde entonces, ha publicado otros dos: un recuento más académico de una serie de debates en marcha de su vida como profesor frente a la tradición materialista ("En bruto") y un recuento personal de sus lecturas ("Capitalismo Canalla"). Éste me sigue pareciendo el más estimulante de los tres, el que mejor resume y explora su capacidad para utilizar saberes que saquen al materialismo de sus problemas y lo orienten hacia otros lugares. Su temprano - al menos en España - desprecio por la utopía digital de la década pasada ha resultado poco menos que acertadísimo.
Eu tenho um problema sério com livros técnicos cujo título não diz exatamente sobre o que são e acabam enganando o leitor em prol de sua compra. Esse é o caso de Sociofobia: Mudança Política na Era da Utopia Digital. Eu achava que, devido aos atuais acontecimentos, o livro iria trazer uma contextualização falando sobre as razões de nossa sociedade ter se tornado tão dividida politicamente através dos contextos digitais em que nos inserimos, como as redes sociais. E que, a partir destes contextos, a sociedade acabou se tornando sociofóbica, voltada contra si mesma. Mas não foi isso que encontrei nesse livro. Percebi um livro que é uma mistura de livro acadêmico com aqueles livros espertinhos, feitos para agradar em cheio o "legal da turminha", mas que no fundo, no fundo, nos enche de dados e terminologias, mas não chega a nenhuma conclusão prática ou teórica. Então foi uma baita decepção, porque fiquei entre comprar este livro ou o da "história secreta" da Mulher-Maravilha. Devia ter comprado o livro da Mulher-Maravilha. Mas a verdade mesmo é que preferia ter ido ver o filme do Pelé... =(
Lo he dejado a medias. Ha perdido vigencia y aquí Rendueles me parece más tendente al circunloquio y al andarse por las ramas que en otros libros suyos que he leído.
Tampoco me convence la severidad con la que viene a afirmar que muchas prácticas digitales no son las que prácticas pre-digitales trasladadas al entorno digital, y además, en muchas ocasiones, de forma empobrecida.
Por otro lado, el internet que tenemos hoy día, más de una década después de la publicación de este libro, es mucho peor (materialmente y en lo inspirador) que aquel internet impregnado de milenarismo, ingenuo y fascinado, pero por el que aún parecía que merecía pena luchar.
Un estudio muy interesante de la sociedad, la política y la economía actual. Me resultó algo pesimista pero bien argumentado. Quedo con una sensación agridulce: he aprendido mucho leyéndolo, pero también he perdido algo de fe en el futuro.
Lo revisitaré en el futuro, seguro que se me han quedado cosas sin descubrir.
No sé bien qué pensar de este libro. Si me preguntasen de qué va, supongo que respondería que es una crítica a internet como catalizador de la emancipación y organización de la izquierda, pero tampoco lo tengo claro. Está mal escrito, sin estructura, pero tiene ideas muy interesantes mezcladas por el medio.
Tiene páginas notables sobre la cultura libre, las instituciones y los cuidados. Sin embargo, a veces me ha parecido un poco confuso, o poco claro, y la argumentación y ejemplificación un tanto débiles.
Un libro fundamental para comprender los cambios que se están produciendo en la actualidad y la manera como las personas lo estamos afrontando. Muy bien escrito y bien documentado.
Quizá sea por lo poco que me gusta la temática que trata o cómo la trata, pero no hay mucho más que eso para ponerle nota a un libro. Simplemente me fue imposible (no solo acabarlo) seguir leyendo.
Apasionado ataque al ciberfetichismo y a la ciberutopía por la que la Red es la solución a la mayor parte de nuestros problemas, de nuestra política, de nuestras relaciones... No estoy de acuerdo con todo, pero su planteamiento es sugerente y da que pensar