El primer libro escrito por Gonzalo Pontón tras más de cincuenta años en el mundo editorial, es un trabajo de primer orden histórico; un análisis crítico y en profundidad que quiere descubrir al lector cómo las desigualdades que hoy nos toca vivir proceden de la esencia misma del sistema económico que se forjó en el siglo XVIII. Ese período, lejos de ser una etapa revolucionaria y de ilustración de las sociedades humanas, un peldaño a favor de la igualdad, la libertad y la fraternidad —como reza el arquetipo creado sin fundamento histórico alguno— se convirtió en el primer paso para crear un modelo de sociedad que condenó definitivamente a las clases populares a la explotación, la incultura y la desigualdad. La burguesía creó un sistema económico a medida, el capitalismo, para acabar con el Antiguo Régimen e instaurar su propia visión del mundo, medrando para apear a la Iglesia y a la Monarquía de un poder que le correspondía como agente del cambio económico. Una visión que repasa y compara la realidad en el campo, las ciudades, la educación, el pensamiento político y económico y la cultura en los distintos países de Europa y América.
«Para enfrentarnos a un futuro amenazador y confuso, necesitamos una visión renovada del pasado del que se hayan eliminado los mitos que contribuían a hacernos creer que vivíamos en el mejor de los mundos posibles y que bastaba con que nos dejáramos llevar por la imparable corriente del progreso para seguir mejorando. En La lucha por la desigualidad, Gonzalo Pontón ha construido una máquina de guerra que desarrolla poderosamente para demoler pieza a pieza los mitos del “siglo de las Luces” y para mostrarnos que la naturaleza de la desigualdad que hoy nos agobia se encuentra en los orígenes del capitalismo moderno. Libros como este son los que pueden ayudarnos a ver más claro.»
Está bastante bien, pero tiene algunas cosas que en mi opinión lastran notablemente el resultado final. El libro se divide en dos partes: una primera dedicada a la historia económica del siglo XVIII y otra dedicada a la historia cultural y filosófica del mismo periodo. El manejo de fuentes de Pontón es increíble, y el libro -sobre todo la primera parte- está lleno de datos interesantísimos sobre la vida económica de campesinos y nobles y la vida intelectual de los segundos a lo largo de todo el siglo. Sin embargo, la ausencia total de narración hace que, pese a la gran cantidad de datos que Pontón ofrece, el libro se quede cojo y no sea capaz de hacer entender muy bien ni cómo vivían en realidad los miembros de esos grupos sociales ni cuál es la tesis que se pretende defender en el ensayo. No lo calificaría de académico en el sentido en el que se suele utilizar ese adjetivo, pero sí me parece que el autor intenta suplir algunas carencias como escritor plagando el libro de datos y más datos que, en efecto, son muy interesantes, pero que uno no acaba por entender muy bien qué aportan a las ideas que trata de defender. Además, la manía de Pontón de descalificar y juzgar constantemente a los filósofos de la época me ha parecido bastante irritante y creo que es inaceptable en una obra escrita por un historiador. En cualquier caso, y pese a todo lo anterior, me parece un libro muy interesante que ayuda a desmitificar a los filósofos ilustrados, que falta hace, y a contextualizar algunas de sus ideas más reivindicadas por el liberalismo político en la actualidad.
Vale la pena adentrarse en el inmenso xxxx de datos y análisis que Gonzalo Pontón hace del siglo XVIII con el objetivo de rastrear los orígenes del capitalismo. Impresiona especialmente por lo claro que queda cómo fue de dura la vida en este siglo para la mayoría y dónde está el origen de la revolución industrial -que Gonzalo defiende que no fue tal-. Y su división entre "los hechos" y la manipulación intelectual para conseguirlos.
Si tienes un mínimo de curiosidad por nuestro pasado, ESTE ES EL LIBRO.
Ensayo histórico denso, profundo y muy bien recensionado bibliográficamente de cuyo objetivo, como reza el título, no se despega: diseccionar los intereses espureos de las altas clases sociales y el consiguiente desprecio y daño directo a la sociedad y al pueblo llano. Lo consigue, aunque una menor extensión hubiera facilitado mejor su recepción
Ahora bien, y como suele ser típico en los vectores intelectual comprometidos con una veta ideológica determinada (marxista militante en este caso), en ocasiones son evidentes los sesgos de perspectiva y contextualización histórica. Eso es evidente sólo en ciertos tramos, pero en algunos casos raya lo vergonzoso (sin caer en los excesos de Domenico Losurdo o Neil Faulkner), tal y como en el capítulo 9 (dedicado a los filósofos).
Por supuesto, no es que la Ilustración no deba ser analizada histórica y filosóficamente (ya lo hicieron Adorno o Horkheimer). El problema es cuando generalizaciones propias de un materialismo y socialismo avant la lettre actuales se establecen como férreas varas de medir, soslayando las diferentes estrategias en juego en el siglo XVIII, la complejidad de los debates religiosos o los méritos relativos de ciertos autores (aunque hubiera otros más desconocidos a recuperar y ensalzar).
Mismamente, su admirado Spinoza (admiración que comparto) ha sido interpretado favorablemente por autores espirituales y psicoanalíticos, no sólo marxistas, lo que viene a exponer la complejidad de los horizontes filosóficos más allá de un análisis de fragmentos textuales o de tipo sociológico.
Como muestra de a lo que nos referimos, dos ejemplos: aborrecer a ilustrados comparándolos con Sartre y Boeuvaoir "luchando contra los nazis en un café" (con ánimo burlesco, olvidando que él también es un escritor ocioso) o plantear que Rousseau, dada su extravagancia, es normal que pueda haber sido considerado padre del anarquismo, fascismo o liberalismo, pero ¡sólo los ignorantes, erróneamente, podrían haberlo asociado con el marxismo!
Pontón, al finalizar su ensayo, acaba diciendo que podemos llamar "ilustración" a este siglo mientras sepamos que no hubo destrucción del cristianismo, ni paternidad de la democracia ni redención de los oprimidos...estoy de acuerdo (ya muchos lo sabíamos sobradamente).
P.D.: Este tipo de sesgo es cada vez más obvio en publicaciones históricas. Unas veces son de una filiación y otras, de la contraria. No se me malinterprete: no tengo ningún problema con que un autor se defina y posicione políticamente (en historia es incluso deseable, aunque hay ejemplos de "objetividad" a valorar), pero si se cometen desbarres, debe señalarse, aun cuando se empatice con el autor. Por suerte, Gonzalo Pontón derrapa por su "fe" comprometida con su ideal de justicia, dentro de un marco de investigación seria y precisa.
Disfrute con la obra del autor España. Historia de todos nosotros desde el Neolítico hasta el coronavirus. Ello me impulsó al reto de leer esta otra obra de Gonzalo Pontón. La verdad es que me ha costado mucho leer y digerir tamaña obra. Vaya por delante que, en la introducción, el autor ya precisa que esta es una obra para una audiencia culta. En el lado positivo me quedo con haber aprendido mucho con lo que sucedió en el siglo XVIII, mucho más allá de las vicisitudes relacionadas con la desigualdad, por ejemplo en temas relacionados con la llamada Ilustración, el nacimiento del Capitalismo, etc. También para entender mejor las salvajadas que estamos cometiendo hoy en algunas partes del mundo. En el lado negativo admitir que me he sentido abrumado por el aluvión de datos, en mi opinión en algunos casos innecesarios. Tampoco he entendido porqué, pese haber cantidad de notas a pie de página, el autor renuncia a aportar la traducción de frases escritas en inglés, francés, italiano y alemán!
Este ensayo del editor e historiador Gonzalo Pontón sitúa en el siglo XVIII el origen de las desigualdades sociales (fundamentalmente de tipo económico) que aún perduran en la sociedad occidental de nuestros días y desmonta el lugar común, por repetido en los libros de texto, del siglo de la ilustración. Documentado con un inmensa cantidad de datos y citas, la lectura de las más de setecientas páginas de esta obra resulta un tanto farragosa, aunque son precisamente esos datos y citas los que establecen la tesis que sustenta el ensayo sin necesidad de una exposición teórica al uso y evitando en todo momento el adoctrinamiento. Lectura recomendable para todos aquellos interesados en la historia moderna y la teoría política y sociológica.
Excepcional ensayo que analiza las circunstancias y el contexto económico y social que propiciaron el desarrollo de las ideas promovidas durante la Ilustración.