Bueno, por fin hemos dado conclusión a este considerable, si bien entretenido, tocho.
La fama y popularidad reciente de Santiago Posteguillo como autor de novelas históricas centradas en la antigua Roma nadie la discute. Yo, al principio, tuve pereza y hasta reticencia de atreverme con él, no por los tochazos que escribe - para tochos los que los profes de Historia estudiamos - sino porque al ser la antigua Roma una de mis especialidades de carrera y todavía mi etapa favorita de la Historia, tengo problemas con encontrar lectura de entretenimiento que me guste y me convenza.
Pero, como me ha pasado primero con "Yo, Julia" y ahora con "Los asesinos del emperador", las dos novelas que he leído de él hasta ahora, he de admitir que el autor lo hace considerablemente bien. Escribe sobre períodos de la antigua Roma que son fascinantes, hace un gran esfuerzo documental, pone toda la información al alcance del lector - versado en el tema y no versado también -, glosario, mapas, ilustraciones, citas de autores clásicos, traducciones... no hay por dónde pillarle, realmente, y para no ser especialista académico en la materia - y quizá precisamente porque no lo es - se cubre muy bien las espaldas y es raro o casi imposible pillarle en falta. Hasta me ha enseñado detalles nuevos, porque todos no podemos saberlo todo, claro está.
Y pese a la considerable tochez de semejante mamotreto, que se me ha descuajeringado en mis propias manos debido a su propio peso y pese a la delicadeza con la que siempre trato los libros - mierda de cola que le pusieron los encuadernadores - el libro no se hace pesado ni un solo instante, o casi nunca; porque si no te van las batallitas - como es mi caso - puede que éstas se te hagan largas, ya que él describe con minuciosidad cada movimiento de tropas. Sin embargo y pese a mi aburrimiento con lo bélico, he disfrutado en particular con el asedio de Jerusalén.
Bien, ¿por qué le doy 4 estrellas y no las 5? Como todo buen libro, no es perfecto. En cuanto a documentación, ritmo, amenidad y minuciosidad, no tiene fallo. PERO el autor sí que comete un error que debo destacar: la caracterización de sus personajes es muy pobre. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que sus personajes son muy planos, y no tienen personalidad propia: todos hablan igual, se expresan igual, no hay diferencias entre el gladiador, el esclavo, el pretoriano, el emperador, el funcionario de las alcantarillas, la prostituta... todos hablan igual, todos piensan igual, todos se expresan de la misma forma fluida, retórica, redundante, profunda, filosófica, elaborada... y sabemos que la vida real no es así, ni ahora ni entonces. ¿Y por qué le pasa esto a Posteguillo? Porque él mismo se suicida en su entusiasmo. Le gusta tanto la antigua Roma, disfruta tanto contándonos esta historia que no permite a sus personajes que se expresen por sí mismos, sino que, imbuido de los laureles del narrador omnisciente, se apodera de sus diálogos y es él el que está hablando por ellos, para que ellos digan lo que él quiere y sirvan diligentemente a su trama, en lugar de dotarlos de personalidad propia.
Su segundo fallo es su entusiasmo por querer explicarlo todo, cayendo en constante repeticiones y redundancias. Sí, ya sabemos que Domicia Longina está llena de odio y quiere vengarse. Sí, ya sabemos que Domiciano es un depravado. Sí, deja de decir que Trajano es noble y valiente y un hombre de Estado. No, no necesito que me repitas cada vez lo bella que es Flavia Julia. Sí, ya sé que las prostitutas se tiñen el pelo de naranja, no lo digas cada vez que aparece una. Y si al final del libro has incluido un glosario con palabras latinas y dacias, no hace falta que las expliques en medio de la narración, porque si ya lo dices ahí, ¿para qué voy a irme al glosario? Todas estas repeticiones y redundancias - que esconden aleccionar a un lector que él supone indocumentado - lo único que hacen es alargar innecesariamente un libro que ya es MUY largo.
Y por último, sus personajes, además de planos, son clichés. Trajano es el hombre de Estado impoluto... Domiciano es el emperador monstruo... Domicia Longina es la bella esposa ultrajada... pero cuando lees otras novelas suyas, esos personajes vuelven a aparecer, sólo que ahora se llaman Septimio Severo... Cómodo... Julia Domna... ¿entendéis lo que quiero decir?
Tampoco quiero ser cruel, trabajar con las fuentes de la antigua Roma es complicado, la mayoría de lo que nos ha llegado es así, plano y sin personalidad porque los historiadores romanos nunca fueron imparciales y servían a un emperador concreto, por lo que las informaciones que nos dan siempre deben cogerse con pinzas. Pero Posteguillo es un novelista de ficción y no un historiador y con lo que tiene hace un trabajo bastante bueno. Otra cosa le tengo que reconocer, y es que AL MENOS ha tratado con respeto y dignidad el tema de los cristianos, cuando la mayoría de autores actuales, pasándose de postureo ateísta y progre, no pueden evitar mostrar su desprecio a esta comunidad primitiva (encima de que tuvieron que pasar lo que pasaron).
En resumen: un libro enorme, denso, poco profundido y original en cuanto a caracterización y personalidad de los protagonistas, pero muy entretenido y muy bien documentado. Si te gusta la antigua Roma y no te asusta un buen tochillo, definitivamente te lo recomiendo.
Y yo tendré que leerme la segunda parte, ¿no? Al fin y al cabo, Trajano era de casa ;)
PS: Hablando de Trajano, ya que al autor le gusta tanto ponerlo por las nubes como el hombre de Estado perfecto y servidor de Roma, también podría haberse explayado un poco con su homosexualidad. Sí, menciona varias veces que le gustan los hombres, pero no le dedica ni una escena a sus relaciones privadas. En un libro que está lleno de violaciones y abusos a mujeres, no hubiera estado mal tener un poco de amor y cariño.