Literatura abstrusa, donde el autor parece más preocupado del impacto en el prestigio intelectual que no en alcanzar una audiencia razonablemente amplia y de ahí inocular su mensaje. Porque en verdad no se puede decir que haya mensaje, una reflexión sustanciosa. Ahora mismo la impresión que tengo es que Mauro Javier Cárdenas es uno de esos escritores que no utilizan la literatura para alcanzar las problemáticas del presente, en realidad todo lo contrario, prefiere mercantilizar las problemáticas del presente para acicalar y darle brillo a sus esfuerzos literarios, que le permita decir que aborda temas serios empleando formas muy audaces con las que pretende ir más allá de los límites de la novela convencional. Y si tú, pobrecito lector, no lo aprecias es porque sencillamente eres demasiado inferior para apreciarlo. Pero si has leído a unos pocos autores que a él le gustan y a otros que se asemejan a éstos, comprendes que sus intenciones están por encima de sus logros.
En ese mecanismo retorcido y rebuscado se comienza "narrando" el proyecto de Antonio y Leopoldo, dos antiguos compañeros del colegio San Javier, una institución católica dónde acuden las familias privilegiadas de Guayaquil y que el autor nombra con mucha insistencia, dos hombres que pertenecen a clases más o menos acomodadas de Ecuador, y que se proponen darle un giro izquierdista a la política de su país presentando una candidatura de raíz popular que favorezca a las clases populares. La ironía que señala el autor es que estos hijos de antiguos cargos políticos y funcionarios, que se enriquecieron de forma ilícita y corrupta gracias a su posición de poder, están destinados a no hacer absolutamente nada debido a sus propias inercias. La sobreabundante y cargante ironía de esos "procesos textuales" (en este caso debo emplear un término así de pomposo) se diluye cuando alcanza a personajes como Alma, que es la clase de persona vulnerable que recibe toda la carga negativa de la dejadez de esa clase política y las políticas intrusivas que fueron impulsadas por la administración Reagan, que deformaron y también corrompieron el rumbo político de muchos países de Latinoamérica, partiendo del Ecuador nato de los "personajes" principales y luego ampliando el foco e incluyendo a Chile, Guatemala y de refilón también se menciona a la Argentina de Menem, cuyas políticas causaron un gran daño sobre la población más vulnerable. Cárdenas se propone desde su espacio literario también pervertir el inglés. Y eso, creo yo, sería el corazón del libro.
El problema es que los amplios recursos literarios a los que el autor recurre, tales como capítulos con largas frases subordinadas, que se extienden durante varias páginas; párrafos de frases cortas que entremezclan diferentes voces y períodos temporales, diálogos de radio, monólogos internos y demás, no se emplean orgánicamente, por contra todo se siente utilizado con arbitrariedad y aleatoriedad, las líneas narrativas se interrumpen, saltan al pasado o continúan en un punto poco interesante del presente para simplemente diluir el foco narrativo, y la narración acaba componiéndose de escenas inanes, de comicidad poco inspirada, en las que apenas se vislumbra una conexión con el conjunto, un hilo que las conecte, avanzas páginas sin un rumbo claro o un objeto tangible, así que todas esas intenciones que he descrito anteriormente se diluyen en un mar de tedio, en un pozo dónde todo parece inconexo y caprichoso: el texto nunca hace pie, nunca tienes la sensación que ni las escenas tienen verdadero interés o que el gran puzzle narrativo tenga demasiado sentido. Los personajes a veces tienen actitudes contradictorias y eso les humaniza, pero quedan desdibujados entre tanto gesto oblicuo y opaco, desaparecen de la narración y reaparecen fugazmente en una escena suelta, luego quizás entre bromas sin mucha gracia. Ese empecinamiento por dispersar el foco narrativo y crear un cambalache de digresiones no parece tener otro objeto que mostrar a un autor muy extravagante pero refinado, que se pasea por las cimas de la literatura, lástima que tenga tan poca gracia como narrador o retratista. Lo único que de verdad queda es una suerte de taller literario dónde se conjuga con insipidez recursos extraídos de Falukner, Cortázar o António Lobo Antunes por citar unos pocos.
Tenía escrito para concluir un párrafo atacando con malicia al autor, lo he borrado, tan sólo hace falta dejar claro que un libro tan altanero y rebuscado sin duda encaja con el perfil público que el autor, entre risitas, se construye en Twitter. Si no me equivoco la suerte de sus libros en lengua española no pasa de anecdótica, así que es dudoso que esas otras dos obras que tiene publicadas encuentren editorial en lengua española y, aunque eso ocurriera, me resultaría indiferente, pues la vida es demasiado breve para leer más de un libro de Mauro Javier Cárdenas.