Un recorrido por las barriadas del Madrid de 1986 donde los adolescentes salen a la calle con una única motivación: escuchar música heavy bien alta mientras intentan escapar de sus casas, de sus familias y de una España rancia que sabe de dónde viene pero no a dónde va.
Si usted fue un joven adolescente de los ochenta y vivió en un barrio obrero de Madrid (o de cualquier otra ciudad española) y llevaba el pelo largo, vaqueros ajustados, zapatillas deportivas y fulares en el cuello, este cómic le devolverá a aquella época.
Desempolve sus viejas camisetas, recupere la cazadora con el parche de su grupo favorito a la espalda y regrese al ambiente de aquellos años. Siéntese en los bancos del parque más cercano a su casa mientras lee y volverá a hacer novillos en el instituto y a escuchar música a todas horas (heavy, por supuesto). Jugará al futbolín en los billares, tomará cañas y raciones en el bar de la esquina y recordará a aquella/aquel novia/novio tan rockera/o que tuvo, con quien compartía litros de cerveza en la calle.
Se mirará en el espejo y volverá a verse con esa melena que lucía treinta años atrás. Sentirá la necesidad de bailar frenéticamente en El Canciller o en cualquier otra sala metalera del momento. Recordará cómo su familia no entendía su aspecto, ni sus vecinos, ni la policía que le paraba por la calle para pedirle la documentación; y sentirá la presencia de sus amigos, sus colegas, con los que compartía las mismas inquietudes.
Heavy 1986 es, ante todo, un cómic para nostálgicos, por eso no tendremos en cuenta el valor artístico de sus dibujos ni la profundidad de sus diálogos, no hace falta. No hay más pretensión que la de intentar reflejar el ambiente callejero de los ochenta, centrado en el movimiento heavy, que en ciudades como Madrid fue mayoritario entre los jóvenes. Es un cómic de barrio para gente de barrio, es ochentero, con sabor a fancine, a vhs, a beta… A emisoras de radio piratas, a cintas de cassette grabadas y carátulas hechas a mano.
La música heavy sirve de hilo conductor para reflejar la vida de un grupo de chavales en un barrio obrero de Madrid en la segunda mitad de los ochenta. El estilo es sencillo, esquemático, pero muy efectivo para realizar un ejercicio de nostalgia, que lejos de caer en una idealización de los años de juventud, esboza una instantanea de una dura realidad: drogas, alcoholismo, delincuencia, familias desestructuradas y precariedad laboral, piedras en el camino a las que los jóvenes protagonistas hacen frente con sus únicas armas: la amistad y su pasión por el heavy metal.
Heavy 1986 es un cómic que tira de nostalgia para contarnos la adolescencia de unos chavales de un barrio obrero a mediados de la década de los ochenta. El dibujo me ha parecido simple y la historia demasiado sencilla, sin embargo se lee muy fácil y te transmite muchas vivencias del autor de la obra.
Una obra que disfrutarán más aquellos que vivieron la época y el movimiento heavvy y que me ha descubierto algunas canciones nuevas.
Flojito. Se aprovecha de la nostalgia, porque la historia no tiene apenas interés. Personajes estereotipados, situaciones estereotipadas... Tampoco el dibujo ramplón de los rostros (aunque es efectivo para el avance de las viñetas) ni los diálogos basados en frases hechas contribuyen demasiado. Prescindible.
Yo siempre he sido más del punk, aunque comparto gustos como Leño o Barón rojo. La trama no es que sea nada del otro mundo, pero se lee con gusto y nostalgia. Dibujos de línea clara también agradables.
Iron Maiden, Kiss, Accept, Dio, Warlock, Ozzy Osbourne, AC/DC, Motörhead, Ñu, Venom, King Diamond, Slayer, Sex Pistols, Panzer, Obús, Manowar, Gary Moore, Barón Rojo, Rosendo, Scorpions, W.A.S.P., Twisted Sister, Mötley Crüe, Bathory, Barricada, Marillion, Asfalto, Girlschool, Judas Priest, Thin Lizzy, Black Sabbath, Alice Cooper, Ratt, Metallica y Mercyful Fate. Esas son todas las camisetas y parches que salen dibujadas en el cómic. Si conoces quiénes son todos, sabes lo que vas a encontrar en las casi 200 páginas. Nostalgia ochentera.
Ojeando los cómics de una biblioteca pública, me crucé con este simpático (y también crudo) libro de pequeños relatos de los 80's. Menos mal que todavía existen las bibliotecas públicas porque he disfrutado mucho con las historias y los personajes, hasta se les coge cariño a algunos de ellos. Es posible que un día vuelva a cruzarme con este libro en alguna tienda y me invada la incontrolable tentación de querer comprarlo. Pulgar bien arriba para este 'Heavy'.