4’5 Estrellas, y no han sido las 5 porque me ha faltado un pelín más de desarrollo y un epílogo, pero si soy sincera, es de los mejores libros de romance contemporáneo con deportistas que he leído.
Hace unos pocos años que empecé esta serie, pero las editoriales españolas se han portado tan bien (nótese la ironía) con ésta autora, y en particular con ésta serie, que siempre me ha dado un poco de pereza seguirla pese a saber que sus libros son buenos.
Por otro lado me da la impresión de que a pesar de que son parte de una serie, pueden leerse de manera independiente, pues el libro anterior no lo he leído (porque no se ha publicado en castellano) y no me ha parecido perderme nada, y aunque Jane sale y a Luc lo mencionan, del primer libro nada de nada, así que es un buen aliciente si eres de las que lee las series salteadas.
¿Qué nos encontramos en “Amor verdadero y otros desastres”? ¿Recordáis a Virgil, el anciano propietario de los Chinooks? Acaba de fallecer, y le ha dejado a su jovencísima esposa, Faith, una fortuna en millones y la propiedad de los Chinooks. Faith es una ex stripper y ex conejita de Playboy, que tuvo la suerte de cazar a un viejo rico; pero Faith no es todo lo que parece. En el fondo, todo lo que Faith hizo, lo hizo por sobrevivir, por sobrevivir a una infancia dura y empobrecida. En sus últimos años ha tornado su suerte, y aunque su matrimonio con Virgil fue algo marchito, ella le quería sinceramente, fue su mejor amigo e hizo mucho bien por ella.
El mayor problema de Faith es enfrentarse a su hijastro, Landon, que está rabioso tras descubrir que su padre le dejó los Chinooks a ella, y hará lo imposible para que Faith le venda el equipo. Tras esta situación, la vida de Faith cambiará; antes no era si no una esposa bonita al lado de un marido viejo y rico que se encargaba de participar en asociaciones de caridad y causas benéficas. Ahora no sólo seguirá patrocinando estas causas, sino que deberá enfrentarse a un reto mayor, no tiene ni idea de hockey sobre hielo, ni de cómo se dirige un club deportivo, pero está dispuesta a aprender, y esto es lo que más me ha gustado de su personaje.
Por otro lado tenemos al protagonista masculino, Ty Savage. Es el hijo de una leyenda del hockey sobre hielo, que ha seguido los pasos de su padre hasta ser el mejor. En la vida de Ty solo existe ganar la siguiente copa. Aunque es canadiense y siempre ha jugado en estos equipos, acaba de ser traspasado a los Chinooks de Seattle, convertido en su capitán, y su gran ambición es ganar esta temporada la Copa Stanley. Sólo hay un problema, el dueño del equipo acaba de morir, y le ha dejado a su jovencísima esposa, que no tiene ni idea de hockey, la dirección del club. Los jugadores se enfrentan a un problema ¿Qué es peor, una mujer que no tiene ni idea de deportes, o el hijo asqueroso de Virgil Duffy?
La relación de Faith y Ty empezará antes de que ellos se den cuenta. Los jugadores no se entremeten demasiado en la dirección del equipo, pero el capitán del mismo debe verse las caras más de una vez con la hermosísima ex conejita de Playboy, y ya sea en juntas, en los viajes de avión, o en los hoteles, deben verse las caras, y ¿Qué es lo peor? Que una relación entre ellos está abocada al desastre.
Faith acaba de enviudar y no se siente ni feliz ni cómoda siendo infiel a Virgil tan pronto, por otro lado, Ty no desea enamorarse, vio el desastroso matrimonio de sus padres y cómo afectó especialmente a su madre. Durante años Ty se ha conformado con romances esporádicos, y lo que menos necesita es verse enredado con Faith, que además es su jefa ¿Dónde le dejaría eso y lo que supone para el futuro del equipo?
Esto es más o menos lo que nos vamos a encontrar, y sin querer spoilear demasiado, pero si sois fans de los libros de Rachel Gibson y de su estilo, os lo podéis imaginar. El libro se lee solo y está entretenidísimo, lo único que he echado en falta es conocer algo más al protagonista y sus sentimientos, creo que todo lo referente a Ty ha quedado muy escueto. Igualmente su relación hubiese requerido quizá un capítulo o dos más, y desde luego al final del libro le hubiese pedido un epílogo. Por eso considero que el libro no ha sido perfecto; ha estado muy bien, ha sido estupendo, pero le ha faltado algo.
A pesar de todo, creo que ya soy una incondicional de esta autora y seguiré leyendo lo que tengamos de ella publicado; por suerte creo que hay algún libro más de los Chinooks en castellano, así que seguiré divirtiéndome con ellos.