BOUTADES DE UN BURGUÉS FARLOPERO
Eso es lo que me ha parecido este libro, uno de los fiascos literarios más gordos de mi vida, que he abandonado tras 300 páginas. Se me ocurren decenas de razones por las cuales se trata de una mierda como un piano, pero aquí van algunas pocas:
- Para empezar, hay que renunciar a toda pretensión de argumento dignamente construido. La novela empieza con un mcguffin (el informe para el Lector), como lo llaman ahora, y ¡sigue con otro mcguffin! (la búsqueda del Watusi). Es patético. Una tomadura de pelo.
- Los personajes están construidos con el culo. ¿Alguien me puede decir por qué la pareja protagonista, tan supuestamente quinqui, va de paliza en paliza, de susto en susto? ¿Son gilipollas? ¿Son subnormales? ¿Tú has visto alguna vez a un quinqui dejándose pegar, secuestrar, torturar, amenazar...? ¿El escritor cree que un quinqui de 13 años de los años 70 es, acaso, un "niño"? ¿Y qué decir de los malos, los de las otras bandas...? Parecen los malos de la serie de dibujos La banda de Mozart, literalmente. Es inverosímil todo el rato.
- Los acentos, las jergas... Aquí pasa lo que pasa siempre cuando el burguesito se mete a querer describir la realidad ajena, que patina y es increíble, literalmente hablando. Me alucina que Pepito el Yeyé, de la pareja protagonista, pase de hablar como yo en mi pueblo de Cuenca a decir "esto no me chana, cuidado con el busnó" para, ¡zas!, quedar magistralmente retratado como gitano de suburbios. Y luego vuelve al estilo cervantino, cambia a registro infantil, suelta otra pretendida gitanada (pobres gitanos, la de cosas que les hacemos decir y representar para parecer buenos gitanos).
- La sucesión de escenas y personajes es anodina, pero muy peliculera. El parque de atracciones, el puerto, un hangar, un puticlub con un matón, matón de medio pelo, matón y tres cuartos, puta y media, mercenario fiel, mafiosillo, don Corleone vivo... Pero no pasa nada, tan pronto los persiguen como los dejan, los secuestran como los liberan. Es una broma.
- La novela es aburridísima. No está mal escrita, técnicamente, pero no le veo esa supuesta genialidad narrativa por ningún lado.
En general, todo tiene un tufo a vacaciones malas por la miseria ajena terrible. De ahí el título de mi reseña. Es el típico jueguecito de burgués con aires de malditismo, que es lo que era Casavella. Pero, claro, uno suelta que es el libro fundamental para entender la Transición (¡esa sí que es buena!) y ya empezamos a verle la enjundia por donde no la tiene. Ni tiene enjundia, ni tiene verosimilitud, ni tiene talento, ni te acerca a una época, ni te da a conocer a nadie porque todo es cartón-piedra. No tiene interés, ni emoción, verdad, imaginación... nada. ¡Ojalá tuviera algo, coñe! Ahorraos los 25 euros que cuesta la edición de Anagrama, por favor.
Para entender por qué este libro está bien valorado o goza de la consideración de obra mítica hay que acudir a "La distinción" de Bourdieu antes que a análisis literarios. Hay que ser de "ese" tipo de persona para que esta mierda te guste. En el fondo, no le gusta a nadie, ni siquiera los que dicen en público que sí, lo que pasa es que debe molar mucho creerse que perteneces a esa categoría de persona que valoran El día del Watusi por cosas que nadie más ve, excepto cuatro iluminados de un juicio artístico superior.