Me gustó mucho que este libro fuera una de mis últimas lecturas teniendo 26 años. Por alguna razón (no es como que la autora sea de mi edad), la edad que tengo ahora recurre en varios de estos brevísimos relatos.
La mayoría de los cuentos aquí parecen tener tintes autobiográficos, por la coincidencia entre los narradores y la historia de Claudia Ulloa-Donoso que aparece reseñada al comienzo: la niñez y juventud en Lima, luego el paso por España, y la vida en Noruega. Pero esta colección no se reduce a bosquejos autobiográficos, sino que está llena de arte como creatividad, de personajes cautivadores (el marido que hace que su esposa y él pasen tiempo en el closet, la morbosa reveladora de fotos, Eloísa que convierte luciérnagas en hombres con su locuacidad, etc etc.), e historias que en poquísimo espacio logran conmover.
Pero no todo es sentimentalismo. Hay exploraciones explícitas del lenguaje, de lo intraducible, que me parecieron excelentes: "Tercera Conjugación" para el español, la sección sin título que abre la última parte, "A Hape", para el noruego. Me gustó además el manejo de narradores masculinos, e incluso de narradores sin género definido, donde en realidad que fueran hombres o mujeres no era tema de ninguna forma, como el cuento epistolar "D.", y también varios de los sin título.
Estos cuentos son breves, pero densos. Yo los leí bastante seguidos uno después del otro y no sé si lo recomiendo tanto como experiencia de lectura, porque puede ser agotador. Mejor leerlos de a poco y saborearlos. Entre los relatos "oficiales" listados en el índice hay también unos en otra tipografía, lo que la contratapa dice "no son descansos sino punzadas". La del estereograma, bien al comienzo, es una punzada destacada para mí, donde la narradora sin nombre superpone una imagen de su infancia con una a los 26. Concluye que "envejecer es solo una ilusión que nace de sobreponer todas nuestras perspectivas delante de nosotros, confundiendo así a nuestro cerebro en un tiempo desenfocado, mientras fijamos una vista en un punto en la nada" (25). A días de mi cumpleaños, es inevitable que este tipo de reflexiones me conmuevan, aunque suene sentimental decirlo. A veces me gusta envejecer, a veces me da mucha pena, y me intriga la idea de que es una cosa de perspectiva, una ilusión óptica mental o algo así.
Pensé en un momento que Pajarito sería bueno para leer mientras esperas la micro, o tu turno en una consulta médica, porque sí o sí terminas un cuento en el tiempo que eso puede tomar. Pero la intensidad emocional, la densidad de cada uno aunque sean cortos, hace que sean más indicados quizás como para invitar a la reflexión antes de dormir. No me hago responsable, eso sí, de los sueños que puedan producirse a raíz de imágenes tan surreales como el pasto visto como una infinidad de hombres verdes siendo decapitados por la cortadora de pasto.