Dieciocho cuentos extraños que oscilan entre el género fantástico, el terror y cierto naturalismo enrarecido. Atravesados por un cinismo que no renuncia a la ternura, los relatos breves de Acá el tiempo es otra cosa ensayan variables en las que todo puede salir mal. Los personajes de Tomás Downey se entregan a su destino con una resignación que se parece demasiado a la felicidad.
"Acá el tiempo es otra cosa" es la obra ganadora del Primer Premio en género cuento del Fondo Nacional de las Artes, edición 2013. El jurado estuvo integrado por José María Brindisi, Mariana Enriquez y Guillermo Saccomanno.
Tomás Downey (Buenos Aires, 1984) es guionista, egresado de la ENERC, y autor de una novela aún inédita. Actualmente, trabaja en un nuevo libro de relatos. Acá el tiempo es otra cosa es la obra ganadora del Primer Premio en género cuento del Fondo Nacional de las Artes, edición 2013. El jurado estuvo integrado por José María Brindisi, Mariana Enriquez y Guillermo Saccomanno.
Cada día más fan de Tomás Downey. Sus relatos siempre resultan inquietantes, mordaces. Mis favoritos son los que tienen un toque de fantasía, como Cavayo, aunque también me obsesionan los de corte realista, donde la realidad parece en realidad un gran disfraz, y siempre oculta algo peor, como en La nube.
Voy a repetir lo que dije en la review del libro de la Schweblin (o como se escriba). Me gusta pensar en los libros de cuentos como discos, que cada cuento sea una canción. "Acá el tiempo es otra cosa" sería un disco de Björk. Con todo lo bueno y lo malo que eso implica.
Hay un par de cuentos que TE-VUE-LAN-EL-BO-NE-TE. El primer cuento (oh, si tan sólo todo el libro fuera como el primer cuento) es una cosa increíble. En cuatro carillas solamente Downey canaliza a Stephen King mejor que cualquier wannabe de King. Ese cuento es maravilloso. Hay otro, "Mirko", que arranca rarísimo y termina siendo un cuento circular sobre el amor y el abandono. Hermoso. "Los ojos de Miguel" es a este libro lo que "Pluto" es a Homogenic: what.the.fuck, y sin embargo funciona. (Breve sinopsis: matrimonio con tres hijos, el más chiquito tiene algún problemita mental que hace que no tenga ningún tipo de voluntad, es como una cosa medio muerta que mira a la nada, hasta que un día descubren que el nene sonríe cuando le pegan. Ustedes se imaginan dónde termina esto). Hay otro cuento, "Alejo", de un adolescente enamorado de una chica, que termina siendo convirtiéndose en algo ultra gore (aunque debería haber terminado en la parte del vómito; quizás la metáfora iba a ser muy obvia, pero era el final perfecto). Y está "La quinta", cortito también, que no te cuenta nada y por eso mismo vos rellenás los espacios en blanco y OH NO ESO NO PUDO HABER PASADO.
No hay que creerle a la contratapa, no todos los cuentos son "extraños que oscilan entre el género fantástico, el terror y cierto naturalismo enrarecido" (yo tengo la teoría de que los que escriben las contratapas solamente leen las primeras diez páginas). Pero la verdad es cuando los cuentos van hacia el realismo, no están tan buenos. No sé si es porque al lado de los otros quedan opacados o si realmente les falta brillo propio, pero "You make me dizzy Miss Lizzie" o "Lobos" me dejaron bastante indiferente. Hay otros que son raros a la fuerza. "Cavayo" (sic) es absurdo pero, realmente, si vas a hacer un cuento sobre un tipo que planta una semilla y le crece un caballo, mejor que tengas un argumento porque con eso solo no se sostiene. "La isla sin orillas" parece más un ejercicio de escritura, párrafos sueltos "y después vemos". Hay dos cuentos que pasa al revés: hay un re argumento (en "El ejemplo", un grupo de mamás enojadas con una maestra; en "Gutiérrez", un hombre va a la casa de su padre muerto), pero hay algo en cómo están contados que no me terminó de convencer.
Entonces, como decía, es como un disco de Björk. Cuando los cuentos son buenos, son MUY buenos. Cuando no, cuando se deja llevar por la experimentación supliendo la inspiración, es entretenido pero tampoco te deja una marca. Porque, en serio, hay como cuatro o cinco cuentos de acá de los que no me voy a olvidar tan fácil. Eso es señal de lo bueno que es esto.
Downey es un gran cuentista. A lo largo de sus tres libros ha construido un estilo inconfundible. En Acá el tiempo es otra cosa ya aparecen sus obsesiones: lo cotidiano atravesado por lo fantástico o lo ominoso (donde el extrañamiento no proviene tanto de lo sobrenatural como de un desajuste en la realidad), la tensión latente (ese clima de inquietud en el que algo fuera de lugar amenaza con revelarse), los personajes comunes en situaciones límite y la exploración de lo corporal (transformaciones, enfermedades). Lo que más me atrae es la economía de su lenguaje: un estilo preciso, sin excesos descriptivos, cargado de significados y con un trasfondo siempre ambiguo.
Acá el tiempo es otra cosa consta de dieciocho cuentos, todos moviéndose entre lo fantástico, el terror, o bien una mezcla de varios géneros que en los relatos están expuestos de una manera extrañamente natural.
Cabe aclarar que los relatos de Downey no son todos igual de buenos. Esto sucede en la gran mayoría de (por no decir en todos) los libros de cuentos. Es muy difícil mantener un ritmo constante, y más difícil es aún cuando se trata de nada más que dieciocho historias distintas. Es por eso que algunos de ellos son simplemente mejores que otros. Hay cuentos muy buenos, buenos, indiferentes y uno o dos que me parecieron definitivamente flojos; aquellos que no me significaron nada, de los cuales no pude encontrar algo que sobresalga. Podrían haber sido parte de otro libro y quizás no me daba cuenta. O bien podrían no haber formado parte de él.
El "problema" mayor que tuve con Acá el tiempo es otra cosa fue que el primer cuento me encantó. Ese no sería un inconveniente en un caso normal; el tema es que los dos o tres cuentos que siguieron no mantuvieron ese nivel. Eran relatos que, a mi parecer, le faltaban fuerza, impacto. Esa clase de factores que uno busca cuando está leyendo historias raras, extrañas, que se salen un poco de otras lecturas más habituales. Entonces, encontrar ese tipo de historias, que no me gustaron demasiado, me hizo pensar que tal vez la primera de ellas había sido algo así como un oasis en el desierto. Sin embargo, y afortunadamente, seguí leyendo los demás. Porque, aunque no superaron "La nube", estuvieron muy cerca. De hecho, "Los ojos de Miguel", casi al final del libro, está al mismo nivel. Un padre, y una familia entera, que disfruta (sí, disfruta) de maltratar y casi mutilar uno de sus hijos discapacitado. Ese relato es simplemente escalofriante. Y Downey sabe cómo generar esos ambientes pesados, asfixiantes. Tal como esa nube húmeda que no deja respirar, que molesta, que irrita, que lastima.
El autor es, además de escritor, guionista de cine. Y esto, de alguna manera, se traduce en su forma de narrar. Su estilo es simple, sin muchos "adornos". Busca, entonces, situar al lector en la historia, sin irse por las ramas ni hablar de cosas innecesarias. Lo suficiente como para que estemos en la historia; lo justo y necesario para que podamos sentir lo que siente cada personaje, en esos escenearios tan extraños y a la vez, tan cotidianos. Porque ese es otra de los elementos que tienen de interesante los cuentos de Downey. Cada uno de ellos se ubica en situaciones casi rutinarias de la vida. Es en esas situaciones en las que irrumpe lo extraño, lo no habitual. Pero por otro lado, los personajes, en la mayoría de los cuentos, parecen estar acostumbrados a esas situaciones. Un hombre al cual no le sorprende demasiado ver a su mujer recientemente muerta. Una familia que toma con relativa naturalidad que otro miembro de ella muera y al instante explote conviertiéndose en cenizas. Otros relatos de los buenos fueron "Alejo", un chico con actitudes vampíricas, "Ver un niño", que muestra una sociedad en la que los niños son vistos como una exhibición y "Trampolín", con un padre que pierde de vista a su hija un segundo en una pileta de natación, entre otros.
Los cuentos que componen Acá el tiempo es otra cosa generan en el lector, además de cierta extrañeza, una terrorífica fascinación. No es casualidad que los mejores cuentos sean los más oscuros, los más sombríos; los que hacen que uno se estremezca un poco. Es un libro que, sobre todo teniendo en cuenta los relatos más ambiciosos, en promedio está muy bien logrado: capta con precisión la esencia de lo extraño, de lo cotidiano que se vuelve raro, aparentemente sin haber ninguna explicación de por medio.
Desparejo. Pero los cuentos buenos, son extremadamente buenos! "La nube", que abre el libro es un gran cuento. De todas maneras, creo los dieciocho cuentos merecen ser leídos.
Dieciocho cuentos cortos que oscilan entre un realismo de atmósfera enrarecida y una fantasía sutil pero extraña, como una versión melancólica del fantástico rioplatense.
Downey escribe con un estilo parco pero seguro, insinuando muchísimo más de lo que muestra. Es un autor que sabe lo que hace y que confía en que su lector sabrá llenar los vacíos estratégicos con los que arma sus historias.
Acá el tiempo es otra cosa es un debut sólido. Sus cuentos son semillas que permiten adivinar lo que vendrá después: historias más grandes y complejas en las que Downey sabrá aprovechar y combinar lo mejor de los géneros que explora en este libro.
Mis favoritos: “Trampolín”, “Ver a un niño”, “Los ojos de Miguel”, “Alejo”, “Lobos”, “Araña” y “You Make Me Dizzy Miss Lizzie”.
"Acá el tiempo es otra cosa" en su expresión literal. Librazo. Una extraña semilla que se planta, riega y sale un caballo de la maceta; un hombre que disfruta de pegarle piñas a su hijo idiota; un padre que escapa al Tigre con su hijo y la mujer muerta lo persigue; una madre que muere sentada y se transforma en ceniza, son algunos de las excelentes historias narradas por la prosa exacta y sobria de Tomás Downey. Libro compuesto por dieciocho cuentos cortos donde lo fantástico, raro y extraño se vive con total normalidad. Dotados de personajes sórdidos y ambientes opresivos, las historias presentadas hacen de lo oscuro una hermosa realidad.
Todo el libro se salva con estos tres cuentazos: La nube, Los ojos de Miguel, y La quinta. La mayoría de los demás no me parecieron que estén a la altura, y de los tres libros de cuentos de Tomás Downey este es el que menos me la voló. Digo menos porque no puedo decir que no lo haya hecho, los cuentos que mencioné, sobre todo Los ojos de Miguel y La quinta, me parece de lo más extrañamente macabro que he leído en los últimos tiempos. La quinta me parece un cuento perfecto en cuanto al modo en que la segunda historia, lo oculto o no dicho del relato, está en estado latente y es el lector el que tiene que reconstruir la historia. Es de esos cuentos para leer dos veces o más, buscando indicios, detalles. Los ojos de Miguel es una pesadilla lúcida, tremenda, al mejor estilo de los cuentos de Mariana Enríquez, esos cuentos que vas a recordar siempre. La nube es un cuento perfecto, es el relato que abre el libro y te deja con ganas de más.
Son cuentos muy bien logrados que pendulan entre el fantástico, el extraño, y hasta hay un poquito de ciencia ficción por ahí. Lo que más me gusta de la ficción de Downey es que logra como muy pocos escritores la sensación de inmersión en imágenes: siento que estoy conectada a un dispositivo de realidad virtual porque en sus relatos no leo, veo. No decepciona pero creo que lo mejor del escritor está en "Flores que se abren de noche" y "El lugar donde mueren los pájaros". Aún así es un libro altamente recomendable, sobre todo para lxs amantes de los cuentos "raros".
Buenísimos estos cuentos de Tomas Downey. Me gustó mucho como trabaja el límite entre la realidad y lo fantástico. Siempre al borde sin perder lo verosímil. Todos los cuentos tienen algo de oscuro, molesto, desagradable. En algún punto generan incomodidad, y eso me gustó como resultado. Mis favoritos: La nube, La quinta , Alejo.
¡Buenísimo! Si les gustan las historias raras deben leer este libro de cuentos donde su autor despunta la creatividad y la inventiva locura literaria para lograr helarte la sangre en más de una oportunidad.
The first book I checked out of Biblioteca Pública Municipal Vásquez Montalban in Madrid. Trying to get more into reading Spanish books and this one was a perfect way to start. The short stories, while sometimes disturbing and gruesome (others left me completely confused as to what happened; whether that’s a lack of Spanish knowledge or the author’s intention I’ll never know) were a great way for me to practice the language and learn new words (e.g., apenas = barely; enseguida = quickly).
Heading to the same library to see what else I can get my hands on!
Como pasa con todo lo bueno y relevante, encasillar este libro en un género sería simplificar omitiendo varias capas. Me gusta a dónde me lleva Downey cuando escribe (climas y ritmos que me hacen acordar a los de Schweblin), y ojalá siga creando.
La extrañeza marca el derrotero de estos cuentos. Los personajes chocan de frente contra situaciones que los sacan del orden natural de las cosas. Estos dieciocho relatos, algunos apenas de página y media, usan la sutileza para expresar la extrañeza y el hastío. Mis cuentos favoritos fueron "La nube", "Una historia de amor", "Los ojos de Miguel" y "Trampolín".
Llegué con altas expectativas. "El lugar donde mueren los pájaros", del mismo autor, está entre mis libros de cuentos preferidos. Quizá esperaba que "Acá el tiempo es otra cosa" me moviera de forma similar. El Tomás Downey que escribió uno es bastante distinto del que escribió el otro.
Es un compendio bien escrito, pero le falta un poco de tensión, a mi parecer. Los finales son demasiado abiertos para mi gusto. Sentí que muchos hilos quedan desatados, como si la narración hubiese sido interrumpida de golpe. Hubo unos cuatro o cinco cuentos que me parecieron formidables, el resto no tanto.
4,5 Un libro de cuentos digno de ser premiado por el Fondo Nacional de las Artes. Funciona como unidad, si bien algunos cuentos son sublimes y eso deja opacados a los que sólo son muy buenos, el libro mantiene un clima constante y una calidad literaria que varios cuentistas buscamos constantemente.
Lo primero que leo de Downey. Algunos me gustaron bastante, otros genuinamente me perturbaron y me parece que no es el estilo al que estoy acostumbrada. No por eso son malos, simplemente creo que no son para mí. Pero confío en Downey para próximas lecturas, sin duda
Impresionante. 18 cuentos tan inquietantes como fascinantes. Una combinación de elementos cotidianos, sobrenaturales y extraños altamente placentera. Imposible soltarlo. Es el primer libro que leo del autor y superó mis expectativas. Me cautivó su prosa simple y despojada pero con una fuerza absoluta. No se lo pierdan.
Downey creo que es de escritores escondidos de cuentos que es mágico, no hay un solo cuento que no sea fantástico. Lean a Downey porque les juro que nunca los va a dejar tirados....
Tomo unos mates en el parque y empiezo a leer Acá el tiempo es otra cosa, un volumen de cuentos escrito por Tomás Downey, que publicó Interzona.
Un colega lector encuentra en La nube y Cavayo (sic) los mejores relatos del volumen porque los enlista en la línea Stephen King, mientras que Lobos y Una historia de amor lo dejan indiferente. A mí me ocurrió todo lo contrario, si después de La nube no venía un relato como Lobos, tal vez no hubiera leído todo el libro casi de un tirón entre dos tardes como fue lo que sucedió.
Con “Gutiérrez”, me llevo una frase hecha que, tal vez, permita considerar bajo un mismo hilo conductor a todos los relatos de este volumen de cuentos: “La indiferencia es un arte que se aprende rápido y fácil. Basta con no estar en ningún lado”.
Con “Mamá”, pienso en que la tradición Cortázar ordena la escritura de estos cuentos, aunque, tal vez, don Julio hubiera llamado “Madre” a este relato. A partir de aquí, considero que evidentemente leeré el resto de los cuentos de “Acá el tiempo es otra cosa” con un énfasis cortazariano, no puedo hacer otra cosa que pensar en Axolotl cuando leo “Astronauta” (¿o acaso es un horrible insecto kafkiano el personaje de este cuento?)
Tomás Downey me ha permitido recuperar el tiempo perdido, el tiempo en que todos los días tenían una tarde completa, repleta de tiempo, para leer a Cortázar, a Vargas Llosa, a García Márquez. Como al fin de cada día, al concluir “Acá el tiempo es otra cosa”, me pregunto si fue un libro de cuentos más o un libro de cuentos menos.
Es una obra única, me enseñó a leer mejor y redefinió en algún punto cómo lo hago. Me gustaría haber escrito este libro. Para mí, es una obra fundacional.
4 ⭐
Gran lectura, me dio ganas de escribir y leer mejor. Aportó valor a mis herramientas de lectura, es una obra a la que no podría criticarle algo concreto, todo está en armonía con lo que se quiere contar.
3 ⭐
Disfruté bastante de esta obra, quizás me encontré con algunos altibajos, problemas en la traducción o cuestiones narrativas que no me terminaron de cerrar, pero nada lo suficientemente importante como para no dejar de recomendarla.
2 ⭐
Puede que el autor/a haya tenido algunas buenas ideas, pero pienso que están mal ejecutadas. No es excelente en ninguno de sus aspectos y me cuesta recomendarlo teniendo en cuenta la infinidad de libros en la misma línea que ya se escribieron, pero según cada quién, puede disfrutarse.
1 ⭐
No me gustó, lo siento completamente pasatista, no aporta nada nuevo ni me dejó herramientas nuevas como lector. Se notan las dificultades técnicas del escritor/a.
Este libro es mi primer acercamiento a la escritura del argentino Tomás Downey y no puedo estar más impactado. Va directo al top del año. Es una barbaridad, así, con mayúsculas. Me lo recomendaron, tangencialmente, en la Librería Lata Peinada de Madrid. Una de sus libreras lo estaba analizando como parte de su tesis de Filología y me advirtió. Downey, al no ser de la capital, de Buenos Aires, no tiene tanta fama como debería. Tras cerrar el libro no puedo estar más de acuerdo.
Downey cultiva, con mimo de entomólogo, el cuento raro. El lector incauto entra a sus relatos, embelesado por su sólida narrativa y cautivado por su extraña atmósfera - ya sea esta naturalista, terrorífica o marcadamente esquizofrénica - nunca llega a adelantarse a la mantis religiosa final. Los relatos te vuelan la cabeza, literalmente.
Mi primer libro de relatos de Tomás Downey lo devoré en apenas día y medio. Pero creo que fue al revés. Él me devoró a mí. Sigo recordando sus tres mejores cuentos, La nube, Los ojos de Miguel y, especialmente, La Quinta.
En Acá el tiempo es otra cosa, el autor nos propone acercarnos a esos bordes de la realidad que a veces parecen difuminarse, a sombras del entendimiento que da miedo tocar. Son cuentos en su mayoría extraños, pero con una extrañeza tan cercanamente usual e inquietante que creería que si te gusta el género difícilmente los vas a olvidar.
Además de Los ojos de Miguel, me asombraron locamente: La nube, Una historia de amor, Mamá, La quinta y La isla sin orillas. . . . ✍🏽”Se preguntó si seguiría encerrado en el sueño de la noche anterior. Pero no, estaba despierto; aunque de alguna manera era consciente de que entre el deseo y la acción tendría que haber habido un paso intermedio que él se había salteado. Había actuado bajo una lógica diferente y eso hacia que todo pareciese más irreal”.
Algunos cuentos son muy muy buenos: "La nube", "Mamá", "Trampolín". También "El viento que pasa entre las grietas" es interesante. El cuento "Astronauta" me gustó, y lo considero una reescritura de "El leve Pedro", de Anderson Imbert (un verdadero clásico). Algunos son más duros en su argumento de lo que tenía ganas de soportar, como "Los ojos de Miguel". Pienso en otros autores que exploran esos límites de la miseria humana. En el libro Flores... hay otro cuento que sigue esta línea (no recuerdo el título ahora) Otros me dan la sensación de algo inconcluso, como ensayos de escritura. Importante tener presente que el libro Flores que abren de noche es posterior, su evolución de escritura... interesante. Muy original, Tomás Downey. Seguiré leyéndolo.
Un 3,5. Tiene cuentos muy buenos y otros no tantos. Puntos fuertes: están todos bien escritos, son atrapantes, con buen ritmo, sorprenden con naturalidad y algunos perturban o incomodan. Punto débil: hacia el final terminas viéndole las "costuras" de confección narrativa y puede resultar un poco predecible la forma que construye la anormalidad que termina siendo normal. Se puede llegar a perder el efecto sorpresa que señalé antes como punto fuerte. Disfruté el camino y, seguramente aquellos que tengan predilección por el estilo perturbador, lo harán mucho más.