Meses después de la muerte de su padre y recién graduada, Marina conoce a Jaime, un hombre veinte años mayor que ella que irrumpe en su vida colmándola de atenciones y planes. En poco tiempo, su día a día da un pasa de compartir piso con su mejor amiga Diana, de ir a conciertos y de salir de fiesta a instalarse en el cómodo apartamento de Jaime y cenar cada fin de semana en los mejores restaurantes.
Deslumbrada por la sofisticada vida adulta y el encanto de Jaime, quien también se gana a su familia, Marina se ve sumergida por completo en su mundo, comenzando a olvidar lo que la definía.
Con una prosa que oscila entre la delicadeza lírica y la crudeza visceral, Comerás flores, la novela debut de Lucía Solla Sobral, explora qué significa ser joven, madurar y construirse una identidad. Una novela sobre las distintas caras del amor y los espejismos de las relaciones desiguales, las dificultades del duelo y la amistad como refugio.
“La violencia no siempre es evidente ni da pasos como truenos. “Yo pensaba que el contador en el pecho solo lo tenía yo”.
Este libro es tan real que duele, o bien porque lo has vivido o porque has vivido con una amiga que ha vivido algo similar. Estoy segurísima de que es imposible que no te sientas identificada con esta historia y aún estoy más segura de que después de leerlo pensarás en alguien y querrás regalárselo.
Este libro es una verdad que incomoda, una verdad que habla de cómo, sin tu darte cuenta (o quizá sí, pero haciendo caso omiso porque tú solo quieres sentirte querida y acompañada), evoluciona una situación de abuso psicológico en las relaciones de pareja y el cómo es salir con una persona narcisista.
Este libro trata las amistades y el duelo, sí, pero de la manera más real que yo personalmente he leído hasta día de hoy. Habla de las amistades y las relaciones con la gente que te quiere como lo que son: oxígeno.
El cómo pasar a desarrollar un TCA por culpa de los comentarios de una persona que, lejos de quererte (aunque tú quieras pensar lo contrario), te critica continuamente entre sonrisas y te quieros; la incapacidad de poder enfadarte porque no tienes derecho, la falta de tener un sitio en la relación, la ausencia del poder de elección y todo esto camuflado de regalos y palabras efímeras para que tú pienses que te ama con el único objetivo de invalidarte como mujer, como persona. Este libro habla de cómo la violencia, siendo transparente, construye poco a poco un muro que te hace ver el exterior.
Marina solo era una chica que, tras la muerte de su padre, quería que alguien la quisiera, pero de verdad.
Frida. Martín. Diana. Berto. Bea. Mamá. Papá. Gracias por cuidar de Marina 🤍
Este libro me ha dado hambre de escribir, rabia por lo que callamos, y ganas de tirar todos los ramos que alguna vez me regalaron sin preguntarme si me gustaban las flores.
Comerás flores se lee con el cuerpo. La voz de Marina —oral, íntima, sincera— te arrastra por este amor que se desliza, sin aspavientos, hacia la asfixia. Aquí no hay fogonazos ni giros dramáticos: solo una incomodidad creciente. Un entorno supuestamente consciente que se va replegando poco a poco, y tú lo observas con la incomodidad sorda de cuando ves que algo no está bien, pero el mundo sigue aplaudiendo.
Jaime no aparece como villano. Aparece como parecen muchos hombres: seguros, generosos, leídos. Hombres que creen saber quién eres mejor que tú misma. Y Marina —que no es tonta, ni sumisa, ni frágil— se mete sin entender que las flores también se marchitan cuando las cortas para regalarlas.
Lucía Solla Sobral escribe sin levantar la voz, pero con un nudo en la garganta. Este libro tiene ritmo de conversación y filo de declaración, como cuando alguien te cuenta algo importante en voz baja y tú solo puedes asentir. Leerlo es como ir tragando pétalos hasta darte cuenta de que eran espinas.
[4.7⭐] 𝘾𝙤𝙢𝙚𝙧𝙖́𝙨 𝙛𝙡𝙤𝙧𝙚𝙨 es una novela escrita por Lucía Solla Sobral y publicada en 2025. La historia nos presenta a Marina, una joven que acaba de perder a su padre y que, en pleno duelo y recién graduada, conoce a Jaime, un hombre veinte años mayor que ella que irrumpe en su vida con una intensidad deslumbrante.
Voy a empezar diciendo algo que me cuesta, pero que explica por qué este libro me atravesó de la manera en que lo hizo: me sentí profundamente identificada. A mis 19 años, estuve con un hombre de 39, así que sé exactamente lo que es sentirse cuidada, protegida, elegida por alguien mayor que te mira como si fueras especial, distinta y más madura que las demás. Sé lo que es que te deslumbren los regalos, los planes, los restaurantes, la seguridad económica y la sensación de estar “jugando en otra liga”. También sé lo que es que, sin darte cuenta, esa admiración se mezcle con manipulación. En la novela, todo esto está llevado un paso más allá, pero la raíz es la misma, por eso duele tanto.
Poco se habla de la cantidad de mujeres que han tenido a un Jaime en su vida: alguien mayor que te hace sentir como toda una mujer, deseada, amada, sofisticada y distinta. Lo más peligroso de este tipo de relaciones no es lo evidente, no es el grito ni el golpe (que aquí no aparecen como tales), sino esa violencia invisible que se instala en los detalles: en un comentario sobre tu ropa, en una sugerencia “por tu bien”, en una crítica disfrazada de consejo o en una decisión que él toma por ti porque “tiene más experiencia”.
La toxicidad y la manipulación están retratadas de una manera brutalmente precisa. La autora logra mostrar cómo el control puede instalarse de forma sutil y casi imperceptible. Cómo se va cerrando el círculo sin que la protagonista sea plenamente consciente de ello; Marina está aislada, lejos de su mejor amiga, lejos de su antigua vida y lejos de sí misma.
Hay algo que el libro expone con mucha claridad: cómo algunas parejas te van aislando poco a poco de todos tus seres queridos hasta dejarte sola. Cuando estás sola, es mucho más fácil manipularte porque sientes que dependes completamente de esa persona. Esa progresión está narrada con una naturalidad tan realista que hasta duele. No hay grandes explosiones dramáticas; hay pequeñas renuncias cotidianas.
Es una novela que he sentido con muchísima intensidad. He empatizado a más no poder con Marina: con su fragilidad tras la muerte de su padre, su necesidad de sentirse sostenida y con su confusión. Incluso, empaticé con la pobre hija de Jaime, que también queda atrapada en esa red retorcida. Todo se siente humano, imperfecto y dolorosamente creíble.
La historia es tan realista que incomoda porque habla de algo frecuente y que muchas hemos vivido o visto de cerca. Obliga a mirar de frente esa violencia que no deja marcas visibles, pero que erosiona lentamente la identidad. Esa que te hace pedir perdón sin saber bien por qué.
Hay frases que me destrozaron. Como esta: “Me fui y supe que la violencia no siempre es evidente ni da pasos como truenos, pero todavía sentía una cuenta atrás pegada al pecho. Creía que al lograr huir de Jaime volvería a mi vida de siempre. Pero no volvió. No volví a ser tierna ni graciosa ni a tener las manos calientes.” Esa sensación de que, aunque escapes, algo en ti ya cambió para siempre. Esa imposibilidad de volver a ser la misma me parece de una honestidad brutal.
Y esta otra: “Sabrás que lo que se acaba, se acabó mucho antes y no se acabará del todo hasta tiempo después.” Personalmente, siempre termino mentalmente con mis parejas mucho antes de tomar la decisión oficial (el duelo empieza antes de la ruptura). Después de terminar, todavía queda un eco y una nostalgia rara que tarda en irse. El libro captura eso con una precisión que impresiona.
Y quizá una de las frases más potentes: “Había aprendido a evitar a los que ponen un pie en la puerta para bloquearla, a los que agarran fuerte de las muñecas, a los que tocan sin permiso, pero no me había dado cuenta de que también se podía querer escapar del que estaba en la misma casa hacia la que corría para ponerme a salvo. Sabía que había hombres que gritaban, que controlaban, que humillaban, pero no sabía que era posible enamorarse de ellos.” Aquí está el corazón de la novela: la idea de que la violencia no siempre se parece a lo que nos enseñaron a temer, que también puede tener flores en la boca, que puede venir envuelta en comidas caras y en promesas de estabilidad. Reconocerla es MUY difícil cuando estás dentro.
Más allá de la temática, quiero hablar de la prosa. Me ha gustado muchísimo esa voz tan lírica que tiene la narradora: oscila entre la delicadeza y la crudeza, entre la poesía y la confesión casi visceral. Es una escritura que no pierde tiempo, que va al grano emocional, pero sin renunciar a la belleza. Eso hace que, a pesar de lo duro de lo que cuenta, sea una lectura muy amena.
Además, es un libro relativamente corto, pero deja una marca enorme. No necesita quinientas páginas para devastarte. En menos de trescientas logra abordar el duelo por la muerte de un padre, la dependencia emocional, la manipulación, los trastornos alimenticios, la pérdida de identidad, el maltrato animal y, al mismo tiempo, la amistad como refugio. Si algo me parece luminoso dentro de tanta oscuridad es el papel de Diana, es una clara representación de la amistad como red de apoyo (como recordatorio de quién eras antes de que alguien intentara redefinirte).
Finalmente, puedo decir que 𝘾𝙤𝙢𝙚𝙧𝙖́𝙨 𝙛𝙡𝙤𝙧𝙚𝙨 es una novela necesaria, valiente y profundamente honesta. Está bien escrita, ilumina esas redflags que muchas veces normalizamos y nos da palabras para entender lo que vivimos. Me dolió sentirme tan identificada con Marina, pero justamente ahí está su fuerza: no cuenta un caso aislado, sino una realidad que se repite más de lo que quisiéramos. Es una historia que incomoda y remueve, pero que también acompaña.
Son 2,5 ⭐️ y voy a intentar no ser muy dura, porque esta crítica no va tan dirigida a este libro como al muy exitoso subgénero literario que yo denomino “literatura comercial para mujeres de 30 años”. Este libro en sí no está mal. Lo que cuenta, lo cuenta bien. Está bien escrito y es una lectura fácil y amena. Pero este libro no es, ni de lejos, el acontecimiento literario del año. Es un poco un libro para adolescentes, con sus buenos clichés, con sus personajes que no te acaban de convencer, con sus escenas facilonas… Es un libro que leí del tirón, sin tener que pararme a pensarlo ni a sentirlo, sin dolor, sin angustia, sin pena… ni gloria.
Aunque reconozco la calidad de la prosa y el talento de la autora, para mi gusto la narración es demasiado poética y le falta agilidad, especialmente en la primera mitad de la novela. Sí me ha gustado ver la evolución de la protagonista y la reflexión que la historia deja al final, pero en conjunto no he disfrutado demasiado de la lectura. Aun así, noté la dedicación y el cuidado de la autora en cada página. Mi opinión en YouTube sin spoilers: https://youtu.be/6zCqvvsee6A
La primera vez que leí este libro, me arrasó y me dejó sin palabras. Literalmente, si buscas, no hay reseña. Es fastidioso porque es algo que me pasa a menudo con libros que me punzan. Siento tanto que no encuentro las palabras.
Por suerte, todo el mundo empezó a leer Comerás Flores y a recomendarlo. La gente empezó a hablar, a contar sus experiencias, a decir “esa fui yo también”. Este libro abre heridas y si tienes suerte, ves la historia de Marina como algo real pero lejano. Algo de lo que quieres advertir a todo el mundo, porque cuando estás ahí no lo ves.
En estos meses, el ruido de esta novela no me ha abandonado. He pensado en ella todas las semanas y la planto en todos los clubs de lectura que puedo porque me interesa todo lo que genera a su alrededor, un libro que va más allá del libro.
Marina pierde a su padre y cuando aún no ha masticado el shock del duelo, en un momento absolutamente vulnerable, aparece Jaime. Mucho más mayor, con un piso increíble y un trabajo tan guay que parece coña. Jaime deslumbra, pero tanto que quema.
Este libro es una angustia. Un recordatorio de que la violencia tiene muchas formas y algunas no se ven. De que las cadenas pueden parecer pulseras. De que también hay momentos bonitos en el horror y por eso es tan difícil irse. Por eso y porque las dinámicas de control funcionan porque aíslan de todas las maneras posibles a las víctimas, hasta que nadie escucha su voz.
Jaime es un narcisista de manual, un destructor, alguien terrible que ves venir desde la distancia de las páginas, pero ay, cuándo estás ahí, las redflags son escondidas por el carisma, la presencia, la cultura, la reputación y todo el personaje que construye a su alrededor. Los abusos y violencia invisibles qué peligrosos y dolorosos son, una palabra dicha con voz suave es capaz de dejar cicatrices profundas.
‘Comerás Flores’ asfixia hasta generar malestar físico porque la protagonista podrías ser tu (quizá lo eres, quizá lo has sido). Nudito en la garganta, enfado en las entrañas.
Ah, que no lo he dicho, me encanta todo de esta novela, pero lo que más, cómo está escrita.
4⭐️ Un libro difícil de reseñar que me ha gustado bastante.
Lo considero un buen libro, si bien es un juicio a la globalidad de la lectura. La primera parte, para mí, se alarga demasiado. Es en la segunda cuando eclosiona, en toda su crudeza, una trama dura de narices que toca las emociones.
Durante la primera, la autora nos introduce historia y personajes. La vida de Marina antes de Jaime versus el comienzo de su vida con él. La segunda se centra de lleno en esa vida, en los deseos de la protagonista de huir de ella y en el después.
La novela toca temas duros como el duelo, el maltrato psicológico, la dependencia emocional, etc. Es una novela corta, pero pega de lleno. La parte que dedica al duelo, lo cierto es que lo clava. La de la relación de maltrato psicológico, esa violencia que no se ve, pone los pelos de punta. Muy logrado el que no edulcore el después. Los problemas no se resuelven de manera instantánea solo con irse, conlleva un proceso y es lento.
Me ha gustado cómo está escrito. Sobral tiene un estilo muy personal que puede o no llegarte, pero la prosa es fluida y se lee bien. Está narrada por Marina en primera persona. Los capítulos no son muy extensos. Algunos muy cortos. Resalto entre ellos los que comienzan por "Tengo" y su evolución.
Los personajes están bien trazados. Marina, con sus 25 años, su duelo no resuelto y una personalidad nada asertiva, es presa fácil para los Jaimes de este mundo. Jaime, de 46, es egoísta, controlador y manipulador de libro. En esta novela el después con respecto a él digamos que sale bien. La realidad no siempre es así, pero bienvenida sea la ficción. Un final con un rayito de esperanza.
¿Y los peros?
Además de la extensión de la primera parte, creo que el trastorno que desarrolla Marina durante la relación no se supera solo con el tiempo, sin terapia ni contárselo a nadie.
En conclusión, una novela dura, contada de una manera muy personal. Sí la recomiendo.
Me jode darle 3/5 (y siento q estoy siendo buena) porque en realidad me ha gustado, pero me parece que está sin pulir. O quizás el estilo no es del todo para mí, aunque el contenido sí lo sea. Mi primera crítica son LAS PUTAS COMAS. Por qué esas frases súper largas, sin ninguna coma, que hacen que empieces a leer un poco en diagonal y que llegues con la lengua fuera al final del párrafo. Podría entender que es para dar una sensación de claustrofobia, de agobio, que es lo que la protagonista siente dentro de su relación... pero también habría conseguido el efecto usando comas. Y luego demasiadas metáforas, demasiado empalagamiento, demasiado mirar la vida como si todo fuese estético y cuidadoso y poético y no existiera el día a día. El contenido me ha gustado, pero supongo q no he terminado de entender a Marina porque desde el principio de la relación se ve cómo todo va a ir a peor y cómo se va a estampar. No hay ni siquiera una etapa luna de miel antes de que la relación sea tortuosa, realmente me he preguntado por qué se engancha. También el relato es poco progresivo, no hay ninguna diferencia en el enamoramiento ni en la relación cuando llevan un día que cuando llevan un año, o dos. Quizás me hubiese convencido algo más ordenado, no un batiburrillo de datos, anécdotas y sentimientos. Al final me pareció que Marina seguía teniendo 25 años. A pesar de todo esto, de que piensas joder tía... empatizas con ella. Supongo que porque todas hemos estado ahí y nada se ve tan claro desde dentro. Las vomiteras que se pega mi pobre porque no sabe qué hacer con lo que siente.. ay cielo. Me ha gustado que no intenta aleccionar, se nota que es un libro de desahogo. De decir: joder, me ha pasado a mí que creía que nunca me iba a pasar. Me alegro mucho de que saliera de ahí y de que tuviera una amiga que corriera en dirección al puto loco de los cojones, que es lo más importante.
Algunos libros tienen el poder de recordarme por qué me encanta tanto leer, descubrir nuevas voces. Son aquellos en los que no solo se cuenta una historia, sino que también nos pone un espejo delante y logra despertar nuestras conciencias.
Marina me cayó bien enseguida, conecté con ella, quise advertirle de las líneas rojas que yo veía con claridad, aunque entendía que ella no pudiera verlas. Y terminé sintiendome angustiada me hice dueña de su miedo mientras avanzaba escondida tras su historia. Creo que Comerás flores debería ser lectura obligatoria. Lo tengo claro. No me cansaré de recomendarla. He leído mucho en esta vida y se reconocer una voz nueva, fresca, real, sincera y , sobre todo, diferente. Lucía no ha escrito solo una historia, ha dado voz al maltrato psicológico ese que no deja marcas en la piel pero sí en la identidad, a las dudas, al autoengaño, a la manera en que una se justifica lo injustificable… Atenta… lo que empieza como un refugio se convierte en una trampa. Y si, también le da voz a la juventud en su tránsito más vulnerable y a todas nosotras, porque en algún momento, de un modo u otro, hemos sido Marina. Pero tras esto hay mucho más, hay una exploración de cómo se crece, de cómo se sobrevive al duelo, de cómo la amistad se convierte en salvavidas y la familia en la red que nos recoge.
Porque hay muros que se construyen con ladrillos de cristal, porque hay cuerdas que nos atan con lazos invisibles mientras la bandera del amor y del cuidado ondea en el torreón más alto. El aislamiento se convierte en compañero y la identidad se difumina. Y es que, cuando las “arañas” te recorren las emociones, terminan por sublevarse hasta convertirse en “ratas” que te roen sin que te des cuenta… hasta que quizá ya es tarde Un libro escrito de manera diferente, donde las palabras se adaptan a la vida y a los sentimientos, y esa voz, se queda, permanece y perdura. Saber que “Podrías hacer de esto algo bonito” de Maggie Smith, uno de mis libros top de este año ha sido uno de sus puntos de inspiración, es la guinda del pastel. Conocer que de la mano de Javier y ha ido creciendo es garantia de buena literatura.
¿Y si la violencia más peligrosa fuera la que no deja “marcas visibles”? Quizá por eso esa "violencia invisible" es la más peligrosa: porque actúa en la sombra, normalizándose, mientras apaga, poco a poco, lo que somos... Esa que no se ve en la piel, pero se instala en la forma de hablar, de pedir perdón sin culpa, de dudar de uno mismo. La que se disfraza de silencios largos, de gestos que minimizan, de palabras que parecen cuidado pero son control. Esa violencia no grita, no golpea, pero erosiona lentamente la identidad hasta que amar duele y duele sin saber por qué. Reconocerla es difícil porque no siempre parece violencia; a veces parece amor, costumbre o miedo a quedarse solo. Y quizá por eso es la más peligrosa: porque actúa en la sombra, normalizándose, mientras apaga, poco a poco, lo que somos. Esta fue la reflexión que me quedó después de leer “Comerás flores” Lucia Solla Sobral ya que es una novela que no se lee desde la distancia: se lee desde el cuerpo, desde la memoria y desde esas emociones que creías ajenas hasta que empiezan a sentirse demasiado propias. Es un libro cercano, incómodo y honesto, donde la rabia, la impotencia y los caminos ya transitados aparecen sin maquillaje. Hay escenas y sensaciones que no se observan: se reconocen. La historia avanza desde un lugar aparentemente luminoso, casi cotidiano, y poco a poco va cerrando el cerco. Lo que empieza como amor, compañía y refugio se transforma en una experiencia asfixiante, marcada por silencios, culpas heredadas y una pérdida progresiva de la voz propia. Lucia consigue que el lector identifique con claridad esas señales que, en la vida real, suelen pasar desapercibidas: la manipulación sutil, la invalidación constante, el desgaste emocional que se disfraza de cuidado. Uno de los grandes aciertos del libro es cómo retrata las relaciones humanas en todas sus capas: la pareja, sí, pero también la amistad, el duelo y la necesidad profunda de sentirse querido cuando se atraviesa una pérdida. Las amistades aparecen como lo que realmente son: sostén, oxígeno, ancla. Y eso le da a la novela una dimensión emocional muy potente. Sorprende, además, que se trate de una primera novela. La construcción de la historia, la atmósfera y el arco emocional están muy bien logrados. Se nota una voz clara, íntima, que no necesita exagerar para impactar. Todo ocurre de manera progresiva, casi en bucle, y esa repetición no cansa: explica. Te hace entender cómo se queda una persona atrapada… y cómo el lector también lo hace. De los aspectos más duros que atraviesa la novela es la dificultad de reconocer esos amores que lastiman mientras aún creemos que nos cuidan. Porque no siempre la violencia grita ni golpea: muchas veces se instala en los gestos pequeños, en los silencios que castigan, en la manipulación disfrazada de preocupación o amor. Comerás flores pone palabras a esa violencia que casi nunca se nombra, pero que cala hondo, que desgasta lentamente y que puede resultar incluso más devastadora que la física, precisamente porque cuesta identificarla y, por eso, romper con ella. Esta es una novela valiente, necesaria y profundamente humana. Un libro que duele porque es real, porque se parece demasiado a historias vividas (propias o ajenas) y porque, al terminarlo, es imposible no pensar en alguien a quien querrías regalárselo. Bonito día para todos y gracias por leerme.
Es muy difícil entender desde fuera la violencia machista. La lógica humana -lo que se siente realista- es que ante un peligro huyas y, sin embargo, muchas mujeres permanecen al lado del hombre que las violenta, humilla, chantajea. Es una realidad pero no parece verosímil.
La violencia que se narra en el libro aparece pronto y aún así Marina se queda con su maltratador. Como lectora no entiendo por qué, no resulta verosímil. En ningún momento Jaime parece encantador. De hecho, desde que lo conoces cualquiera que se haya puesto diez minutitos de un true crime sabe que trigo limpio no es (gracias, Carles Porta).
Para mí ha sido muy difícil entender y empatizar con Marina, a pesar de que el libro está narrado desde su cabeza. Creo que no está bien contado. He entendido los procesos que vive Marina y lo qué le está pasando gracias a conocer las dinámicas de la violencia machista y no tanto porque el relato y los personajes estén bien armados.
La narración utiliza recursos muy poéticos. En las primeras páginas me gustó mucho pero se me ha acabado haciendo repetitivo y siento que no siempre aportaba mucho al relato. Un poco floritura.
Dicho esto me la he metido por el culo y la he finiquitado en tres días. Eso sí hubiera preferido ahorrarme los 20 euros y cogerla de la biblioteca.
A mi yo de 55 años le saltaron las alarmas en la primera bronca entre Jaime y Marina. Y antes. A mi yo de 40 años no le saltaron ni en la primera, ni en la segunda ni en la vigésima. Según iba leyendo volví a sentir la angustia que sentía entonces. Ese peso en el pecho. Esa tristeza. Esa montaña rusa de días buenísimos y días malísimos. Cuando ella comió flores recordé el día que yo comí champiñones entre lágrimas. Los silencios como castigo. La angustia al oírle llegar a casa. El dejar de lado a las amigas. Nueve años hasta conseguir dejarlo. Cinco más hasta ser capaz de reconocer en voz alta que todo eso y más fue maltrato. Yo también había leído feminismo. Alejaros a la primera señal.
he tenido que consumir este libro con la misma rapidez con la que se consumían el cuerpito y las ganas de Marina: a una velocidad que provoca vértigo. la manera en la que la autora nos cuenta esta historia, tan íntima y tan honesta, hace que te de miedo mirar, pero al mismo tiempo no puedes parar de hacerlo. no he tenido más opción que leer y leer, y acompañar a Marina en el proceso, sabiendo que ella y solo ella podía escapar de esa jaula de oro, aguantándome la rabia y la impotencia. encuentro en la historia de Marina una herida que nos atraviesa a todas, de alguna manera u otra, pero también un rayo de esperanza: el calor de las amigas.
Un cóctel de temas que están de moda, perfecto para hacerse viral, pero sin profundidad y con una intención de sutileza que nunca llega. El estilo de escritura es tirando a cursi, un empacho de flores
3.7/5 ⭐️ Es un libro cortito, fluido, me mantuvo reflexionando en cada página, lo sentí como un monólogo interno. Conecte con algunos momentos puesto que en algún punto de mi vida alguien cercano o incluso de manera personal nos ha tocado vivir, me hizo detenerme a pensar y a procesar esos acontecimientos que muchas veces pasamos por alto, lo normalizamos tanto que no nos damos a cuenta hasta que punto hemos escalado y en que cada vez es más difícil poner ese límite, descuidamos esa familia, esas amistades, el trabajo, etc. pero lo peor es perderse a sí mism@ y volver a recuperarse. 🚨 De manera general la historia fluye muy bien, es rápida y logra transmitir muchas emociones, me hubiese encantado que se le diera más énfasis al proceso de recuperación de Marina sobre todo en su autoestima, pero terminé el libro con una buena sensación de haber leído algo que me aporta. 🌀 Nuevamente gracias a @Celeste por compartir su review sobre el libro e incitarme a leerlo. ❤️🩹
Seguiremos luchando hermanas porque ninguna mujer tenga un Jaime en su vida 💜✊ Recordatorio del 016📱
Comerás flores me ha gustado muchísimo. Es un libro que te cuenta, sin adornos ni suavizar nada, cómo se vive y cómo una chica acaba metida en una relación de mltrto psic*lógico. Y lo hace de una forma tan natural y tan cruda que duele.
No hay dramatismos forzados: todo sucede poco a poco, casi sin que te des cuenta, y ahí está lo más aterrador. Lees y te enfadas, te entristeces, quieres gritarle al libro… porque entiendes exactamente cómo pasa, cómo se normaliza, cómo se justifica.
Entiendo una de las críticas más habituales, que es que todo se resuelve muy rápido, pero para mí el libro no se centra en el “cómo salir”, sino en el desarrollo de la relación y del daño. Además, no me ha parecido en absoluto sencillo: cualquiera que haya vivido algo similar sabrá que esas “cuatro acciones finales” son, en realidad, mucho más complicadas que todo el tiempo que se pasa aguantando dentro.
Es una lectura incómoda pero necesaria, de las que se te quedan dentro y te remueven. Dura, honesta y muy bien contada.
Decidí leer esta novela porque últimamente oía sobre ella en todas partes y es cierto que “Comerás flores” presenta una historia desgarradora con un argumento que, sin duda alguna, es absolutamente fascinante.
Sin embargo, aunque lo que se cuenta resulta impactante y está lleno de fuerza, la forma en la autora narra la historia ha hecho que no haya sido capaz de conectar con la misma. Al estar escrita en un estilo tan narrativo y descriptivo, con párrafos muy largos con un uso mínimo del diálogo e intercalando momentos pasados y presentes en la misma descripción, ha supuesto para mí una barrera que no me ha permitido lograr meterme del todo en el relato.
No se trata de una falta de interés por los hechos narrados, que son sin duda poderosos y conmovedores sino de cómo están contados.
Me da mucha pena porque creo que la novela tiene un potencial brutal en cuanto a la historia pero siento que esa narrativa ha hecho que no la haya podido disfrutar al 100%
Maravillosamente escrito y con un tema central que estremece por lo real, lo actual, lo imprevisible. Me ha parecido una joya que justifica el éxito que está disfrutando.
Llegar tarde a un fenómeno literario tiene consecuencias inevitables, como la creación de expectativas que siempre cuesta cumplir. Aún con todo, inicie la lectura con muchas ganas, absolutamente predispuesta a qué me gustase.
Y qué queréis que os diga, yo no he encontrado esa genialidad de la que todo el mundo habla.
Comerás flores aborda un tema bastante tratado en la literatura (la violencia invisible que se convierte en una espiral creciente de la que cada vez cuesta más salir) y aún así, necesario. Lo hace a través de una relación con diferencia de edad, lo que, en estos tiempos en los que en la literatura romántica se banaliza el age gap como cliché morboso, me parece un acierto rotundo.
Como también lo es evidenciar que de la violencia no se sale solas, que las amigas son esenciales, y la sororidad imprescindible.
Esa violencia sutil, invisible, que deja huellas que siempre son visibles aunque no siempre se ven, que va directa al centro de la vulnerabilidad para atraparte en una tela de araña que cada vez es más grande, más pegajosa, y de la que cada vez cuesta más escapar.
Yo no he conectado mucho con el estilo de la autora, con un lirismo que me ha parecido bastante forzado y artificial.
A pesar de que el tema, por muy manido, sigue siendo necesario y potente, lo aborda de una forma absolutamente superficial. Los personajes son estereotipos, los diálogos simplistas, adornados de esa lírica rimbombante, la historia no consigue arrancar y, cuando lo hace, es más por el respeto y la importancia que damos al tema más que por lo que nos aporta el libro en sí.
Me alegra que haya sido un éxito porque nunca son demasiados libros para relatar la violencia contra las mujeres, pero sinceramente podría haber sido mucho más de lo que es.
Lo habéis leído? Os ha gustado? Si es así, contadme!! (Y si no, también!)
Ojalá te broten flores en todas las heridas, Marina. Amigas, nunca os dejéis marchitar, nunca os dejéis secar y nunca dejéis que os corten la raíz para dejar de perteneceros. Escuchad siempre a los amigos y a vuestras perritas ❤️🩹.
«Sabía que había hombres que gritaban, que controlaban, que humillaban, pero no sabía que era posible enamorarse de ellos».
Marina tiene: una perra, una amiga, una madre, dos hermanos y un padre muerto.
Y sin saber muy bien cómo ni cuándo se ve atrapada en una relación muy dañina que la está marchitando. Lo que al principio parecía una conexión perfecta comienza a agrietarse. Son pequeñas señales, casi imperceptibles, pero que están ahí, latentes, y que van aumentando según pasa el tiempo. No toda la violencia va acompañada de gritos y golpes, sabe adoptar también formas mucho más sutiles, tan leves al inicio que casi no las puedes apreciar, sobretodo si se envuelven en un halo desmesurado de atención, regalos, ilusión y nuevas experiencias.
Marina está deslumbrada y, además, vulnerable, no se da cuenta de lo que está pasando hasta que ya es demasiado evidente y no sabe cómo salir de ahí. La rodea un control silencioso que le aprieta cada vez más, le ahoga, le somete, le humilla y le desconecta de sí misma. ¿Cómo ha podido pasarle algo así a una chica como ella? ¿Cómo no lo ha visto venir? Pero es que lo que desde fuera se ve tan obvio y fácil no lo es tanto cuando estás dentro.
Quizá no sea esta una historia nueva, pero la forma en la que Lucía nos la cuenta hace que te atraviese por completo. La leícon un nudo en el estómago y muchas emociones a la vez. Todas estas son las palabras que ella ha elegido para decir "NO", "BASTA", "HASTA AQUÍ", y son simplemente perfectas.
Lo único que me ha gustado es la forma de escribir de la autora, me da ternura y me hace ver que tiene mucho potencial. Por lo demás una historia forzada y repetitiva desde la primera página. Puedes saltar a cualquier parte del libro y estarás leyendo lo mismo: una serie de escenas cortas en las que Jaime delira de la nada contra Marina y otras en las que le hace lovebombing de forma demasiado exagerada para ser creíble. No pude conectar con el libro por la forma predecible y sin profundidad con la que se representa el maltrato psicológico. También necesitaba decir, como gallega que soy, que me sobra la mezcla lingüística impostada: “Xa empezamos. Qué pasó?”, “Razones non lle faltan”… etc.
No le encontré la vuelta literaria, la trama es remanida, poco creíble, y los personajes están poco dibujados con excepción de la protagonista que además es la narradora. Según consta en los Agradecimientos, es fruto de un taller literario, pero se ve que aquí los talleres literarios deben enseñar otra cosa porque según yo entendía un elemento básico de la escritura es mostrar más que decir. Y en esta novela tenemos por ejemplo que la narradora protagonista rehúye el contacto físico; no solo se describen situaciones donde eso se ve, sino que pone: “A mí me daba como miedo o angustia el contacto físico” (loc. 1753); si a alguien le gusta algo o siente algo, no es suficiente con exhibirlo: “A mama le gustaba la atención de Jaime” (loc. 870), “No estaba triste, estaba enfadada” (loc. 1233). Hay mucho adjetivo también, explícito: “Él era innovador y yo joven” (loc. 1818). Y los avances de la trama no solo suceden, sino que son marcados concretamente: “A partir de ese momento, todo cambió” (loc. 2455), que suena más a consigna de taller. Una primera obra, en la que pueden notarse estas costuras, nada grave; pero en mi opinión, las alabanzas que viene cosechando son excesivas.
Si Comerás flores, de Lucía Solla Sobral, es una novela debut, el futuro que se intuye a esta autora es brutal. Para mí, sin duda, de lo mejor que he leído este año.
Leer esta novela es en muchos momentos como ver una peli de terror en la que tú, desde el sofá, no paras de gritarle a la protagonista “sal de ahí”, “no entres”, “huye”, pero ella sigue avanzando, abre puertas, se queda, se adentra más. (No podemos, ni debemos, culpar ni juzgar.) Y esa angustia es la que paradójicamente te hace no querer soltar esta novela hasta el final.
La novela trata la violencia machista desde un lugar especialmente complejo: sin golpes, sin violencia física explícita (al menos no de forma directa; al menos no hacia ella), pero con todo el peso del control, del miedo aprendido, de la anulación progresiva. Y duele. Duele mucho.
La atmósfera está tan bien construida que la sensación de ahogo es constante. Incluso cuando podría parecer que el relato es repetitivo, que vuelve una y otra vez sobre lo mismo, entiendes que no es un fallo, es, sin duda, una de las claves del libro: el bucle. El no poder salir. El quedarse atrapada. Y como lector, tú también quedas atrapado ahí dentro.
A todo esto se le suma el duelo por un padre al que se ha amado mucho y cuyo vacío la protagonista podría estar tratando de llenar.
No quiero decir más para no destripar nada, pero sí tengo claro que es una novela muy necesaria, muy bien escrita y tristemente actual. De esas que no se leen solo con la cabeza, sino con el cuerpo. De verdad, hay que leerla.
“La primera vez que lloré por él, aprendí que llorar tenía un castigo: el silencio. El silencio y echarme la culpa a mí como quien lanza un balón medicinal contra el pecho.” ❤️🩹
Comerás flores es el debut de Lucia Solla, un libro que analiza con naturalidad y con mucha fuerza una relación de amor tóxica, mezclada con un duelo, la perdida de uno mismo, incluso como desarrollar un TCA por comentarios de alguien que se supone que te quiere Con una narración ágil, bonita, intensa, sin grandes dramatismos, pero con mucha tensión emocional. Una novela necesaria que deja marca, tanto por la trama en si como por la gran calidad literaria que tiene. Marina, nuestra protagonista, acaba de perder a su padre, e inicia una relación con Jaime, un hombre veinte años mayor. El le da todo, atención, lujos, se muestra perfecto ante toda su familia, pero pronto, muy pronto, toda esa perfección cambia, y Marina se aisla de su gente, familia, amigos incluso renunciando a ella misma… Una novela que expone como el control puede instalarse de forma sutil, a través de silencios, con hechos que esconden la manipulación y la dependencia emocional. Además, la protagonista vive el duelo de la perdida de su padre, y aunque la historia no muestra un maltrato físico, lo muestra con gestos, palabras… Un libro tan real que duele, ya sea porque lo has vivido, o porque alguien cercano lo ha vivido, y estoy casi segura que la mayoría de las chicas ha vivido algo parecido, lo cual me resulta verdaderamente triste. Una historia que da rabia por todo lo que pasa hoy en día, por todo lo que callamos… Asique no puedo hacer mas que recomendar esta historia tan cortita, la cual merece mucho la pena. “Sabía que había hombres que gritaban, que controlaban, que humillaban, pero no sabía que era posible enamorarse de ellos”
En su momento no le hice mucho caso a este libro por lo cortito que es, pero empecé a ver muy buenas opiniones y decidí darle una oportunidad. Y aunque cuenta una historia dura, su narración no terminó de encajar conmigo.
En ella conocí a Marina, la cual, de forma casual conoce a Jaime, veinte años más mayor que ella. Pronto se ve en una relación que parece perfecta, pero que en realidad nunca lo fue.
Aunque la historia me pareció muy interesante, como decía, su narración me hizo estar muchas veces fuera de la historia. Y es que me pareció que se contaba todo muy rápido, algunas veces como sin sentido y eso hacía que tuviese que releer partes para enterarme bien de lo que estaba pasando. Además, al ser un libro tan corto, sentí que no se profundizaba demasiado en los personajes y eso también me hizo sentir al final que a Marina podría haberla conocido mucho mejor.
En cambio, eso no me pasó con el personaje de Jaime que, pese a que tampoco se profundizó en él, sí que me produjo rechazo desde el principio por esa forma de ser que entreví cuando apareció en la historia. En ese sentido sí que me gustó el personaje porque sentí que la autora reflejó bien lo que este iba a ser. Y eso también me pasó con la relación entre ellos dos, que también pasó todo de forma rápido pero lo reflejó tan bien que en algunas ocasiones llegué a sentir el agobio que podía sentir Marina.
El tema que se toca en este libro me parece muy importante porque, por desgracia, hoy en dia demasiadas mujeres se ven en esa situación sin poder salir de ella, por eso me da rabia que esta historia no me haya gustado más.