“Era noche cerrada, el mar besaba con lengua suave la orilla de la playa y, aunque hacía calor, los hombres llevaban ya los jerséis a la espalda con las mangas anudadas alrededor del cuello como en una postal descolorida de la Costa Brava de los años cincuenta”.
“Mi color favorito es verte” (2014), de Pilar Eyre, indaga en los límites a los que puede llegar una persona presa de una pasión enardecida. Pilar, una periodista madura y tenaz, conoce, durante un verano en la Costa Brava, a Sébastien, corresponsal de guerra francés. Entre ellos nace un amor con elementos marcadamente eróticos, relación efímera, pues el corresponsal desaparece en el momento más inopinado. Entonces, Pilar va tras las huellas que él ha dejado, pero la búsqueda se torna cada vez en una tarea más ardua.
No suelo leer novelas enteramente románticas, es decir, me gusta que en las novelas de otros géneros aparezca el elemento romántico, pero el género romántico en sí no es de mis favoritos. Sin embargo, esta novela me gustó por no ser la popular historia de amor que todos conocemos, además de porque ahonda con acierto en las características psicológicas de la protagonista y en cómo su mundo se va restringiendo cada vez hasta girar exclusivamente en torno a la búsqueda del corresponsal. Asimismo, lo insólito de las pistas que este va dejando, convierten al libro en una historia absorbente cuyo ritmo de lectura es trepidante.