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224 pages, Hardcover
First published May 1, 2003
“Eres lo que yo fui un día, soy lo que serás” (epitafio)En “Los viejos amigos”, Chirbes entronca el desengaño y la frustración por la fallida transición política española con el dolor de una vida fracasada cuando el futuro es ya inexistente.
“¿Qué hemos ganado?, ¿qué hemos perdido? Puta vida, ¿verdad? Nuestras ilusiones”Varios amigos y camaradas de la lucha antifranquista durante los últimos coletazos del régimen organizan una cena de reencuentro en la que no están todos los que fueron ni fueron algunos de los que están, solo para constatar, desde la madurez de los casi sesenta años, desde el “disfrute” de aquello contra lo que lucharon y les venció, que nada se consiguió, ni en lo político ni en lo personal.
“He pasado ya lo mejor. La borrachera buena ya la he pasado. El amor, la capacidad de enamorarme, de entontecerme, todo eso ya lo he pasado. ¿Qué me queda?, ¿qué nos queda?,¿la resaca?, ¿la lucidez alucinada de la resaca?”Un pesimismo vital que envuelve la inagotable letanía, marca de la casa, de seis monólogos interiores de sendos personajes que recuerdan su fracaso desde un presente vacío y cuyo futuro es la degradación, la enfermedad y la muerte tras la que no dejarán rastro alguno.
“Impresiona ver la vida sin futuro… el hilo tan delgado que separa lo vivo de lo muerto. Le impresionaba, sobre todo, enfrentarse a una vida sin orden, sin algo que la ordene, una idea, algo, porque ese orden de la vida parece que hace más llevadera la muerte”El encanto de la derrota, el orgullo del perdedor (“Al poder solo llegan los peores”, dijo el autor en «La larga marcha»), el derecho al pataleo, ¿qué más queda? Unos se sacrificaron en la lucha en favor de lo colectivo, se jugaron incluso la vida, otros eran “unos pijos, uno señoritos privilegiados” con esa cualidad de clase, de gente con “una flexibilidad especial en los gestos, en la mirada, que solo la gimnasia de la clase repetida durante generaciones transmite” que, como los gatos, les permite caer siempre de pie.
“Mantenerse, tener criterio había empezado a ser una forma de intolerancia. Ya no sabían si servía mejor a la sociedad el que decía entregar su vida por ella o el que buscaba una corbata que hiciera juego con el traje que tenía que ponerse para la cea de esa noche.”Una maravillosa novela de esas que le gustaban al autor, las que te ponen frente a tus propias contradicciones, las que te obligan a hacerte preguntas, las que molestan en el terreno de las ideas pero que deleitan en lo literario.
“Como si no hubiera otras cosas más importantes que la vida. El qué y el cómo.”
Lo ha repetido Pedrito eso de que el futuro no forma parte del tiempo, no es una cualidad que tiene el tiempo, es solo una forma de aceptar sin angustia el tiempo sin dirección, como una inmensa y solitaria explanada en torno a nosotros. El futuro es ponerle una voz al tiempo, dejar que nos hable lo que es silencioso y nos aguarda, dejar de pasear entre mudas ruinas para hacerlo entre los andamios de algo que se levanta. Ruido de martillos, de grúas, en un edificio en construcción. Esa calidad de obra en marcha es la que transmite a la vida el concepto de futuro.
No he sentido con este tríptico el deslumbramiento que me produjo Crematorio, y después de él En la orilla, aunque sí el borboteo de que algo genial estaba por configurarse. Debería ahora, por seguir con lo iniciado, releer esas dos y ver cómo encajan en esta conversación con la historia, pero me asusta zambullirme así en la desesperanza. Hay que ver, Chirbes, qué crudo nos lo pintaste.