La mejor novela del género que he leído en lo que va de año. Ninguna de las novedades que se han publicado en este 2023 se le acerca ni de lejos.
Dice la sinopsis:
Tras perder su empleo, Jacobo se ve obligado empezar una nueva vida junto a Irene, su esposa, y Miriam, la hija adolescente de ambos, en las afueras de Portocarrero, un pueblo en pleno desierto de Almería donde no crece nada salvo la mala hierba. Jamás pensó que el tiempo que pasan allí podía terminar de forma tan dramática: unos desconocidos irrumpen en su viejo cortijo. Irene es asesinada. Jacobo, herido, cae en coma.
Sin embargo, el infierno no ha hecho más que empezar. Meses después, cuando Jacobo despierta, la Guardia Civil le pone al tanto de los avances en la investigación. Tienen a un culpable. Al responsable que ordenó su asesinato. Y no es otro que su propia hija de catorce años: Miriam.
Con la ayuda de Nora, la singular abogada de Miriam, que cree firmemente en la inocencia de su cliente, Jacobo intentará descubrir qué sucedió realmente esa noche. Pero a medida que avanza la investigación, saldrán a la luz nuevos interrogantes que afectan a la cerrada comunidad de Portocarrero, donde nadie parece inocente.
Mis impresiones.
Quiero empezar resaltando lo acertado de la portada, que como si de un iceberg se tratase, nos muestra lo poco que se ve por fuera y todo lo que queda escondido en las profundidades. Es totalmente representativa de lo que nos vamos a encontrar.
Es una novela dura, claustrofóbica y asfixiante, con una dureza que va in crescendo desde el tremendo principio hasta el angustioso final. Comienza in media res, un comienzo impactante a partir del cual se va a ir desgranando la historia con saltos adelante y atrás. Está muy bien escrita con una prosa bonita, directa y ajustada al género. Pone en juego recursos narrativos diversos. Está dividida en dos partes. Los capítulos son cortos con títulos alusivos. Predomina el narrador omnisciente, aunque entremezcla algunos capítulos narrados en primera persona por Jacobo, Nora y Miriam. Interesante igualmente el cómo maneja los capítulos titulados "Chat". A mí me enganchó desde el primer momento y no la pude soltar. No es de ritmo frenético, pero sí sostenido y con giros bien colocados.
La ambientación es de sobresaliente alto. Un pueblo pequeño al pie del desierto de Almería. Pocos habitantes, falta de oportunidades y poco de ese "ideal rural" que a menudo achacamos a este tipo de poblaciones. Agustín Domínguez recrea el clima, el calor del desierto, el polvo y la inclemencia de la lluvia cuando aparece, pero también recrea las dinámicas del pueblo, no menos alienantes y asfixiantes. El cacique local, que espera agradecimiento por sueldos de miseria, el trapicheo, los secretos, los acuerdos tácitos, la violencia, la crueldad, etc. Clima y dinámicas en las que acaban atrapados Jacobo, Irene y Miriam, una inmersión progresiva en la parte más abyecta de cada uno.
Los personajes están bastante bien para ser del género que son. Quizá se echa en falta un poquito más de definición. Es verdad que estamos ante un libro de negra y criminal, pero la historia de cada uno atrapa y quieres saber más de ellos.
Me ha provocado un debate interno sobre el tema de los menores que cometen delitos de sangre. A menudo, cuando los medios de comunicación nos informan de algunos especialmente espantosos, salta a la palestra la Ley del Menor y dos polémicas, una, a partir de qué edad debería juzgarse a los menores como adultos y otra, lo reducido de las penas. Esta novela mueve a la reflexión sobre aspectos que sí contempla la ley ¿es realmente consciente de la gravedad de lo que hace un niño de catorce años? ¿debe ser castigado como un adulto?
El final tan duro y en línea con el resto. Reconozco que cuando la terminé tuve que pararme un rato a respirar.
En conclusión. Una novela buena, dura e impactante. Con un desarrollo impecable, una ambientación de nota y un desenlace a la altura. Recomendable.