El universo nievano no deja de fascinarme. Toda su obra es un vaivén de temporalidades que logra una profundidad de pensamiento debajo de una superficie literaria, narrativa y escritural muy fácil de llevar.
Su universo va desde lo bacteriano hasta el espacio mismo, su entramado nunca deja fuera una crítica y una propuesta por un resurgimiento del pensamiento latinoamericano por sobre la colonización europea, norteamericana, occidental. Gracias a Michel aprendí a leer distinto, a releer, a poner más atención entre líneas.
Sigo sintiendo que Michel es de los pocos autores, de las pocas autoras, que está buscando escribir desde lugares arriesgados (editorialmente hablando), y por ello me emociona verle ganar espacios, reputación, con textos que no son complacientes con la corriente actual de la literatura escrita en español, con una obra que busca explicarse y, al mismo tiempo, reflexionar sobre el papel de lo literario como agente, como motor de búsqueda y de cuestionamientos sobre lo establecido.
De todo lo que le he leído, me parece una gran apuesta la trinchera desde la que lanza sus granadas textuales Nieva, contiene una congruencia social, literaria, fenomenal, que la hacen merecedora de una lectura, dos, tres, y considero que muchos años después, seguiremos leyéndole con agrado, con sorpresa… claro, eso lo pienso porque no veo un cambio a corto o mediano plazo, aunque nada me gustaría más que releyéramos en el futuro la obra de Michel como una precursora que sentó las bases para un cambio de paradigma en la humanidad, aunque él sabe que yo no soy nada optimista.