Kodokushi es un término japonés que hace referencia a las personas que mueren en soledad y no son encontradas hasta bastante tiempo después pues nadie les echa en falta.
Cuando supe que la novela giraba en torno a esta problemática cada vez más común en Japón (y, tristemente, no solo ahí), no me imaginé que me encontraría una historia tan luminosa y enriquecedora. Evidentemente, el trasfondo de la novela es duro, no nos engañemos, y creo que la autora, de madre japonesa, consigue un muy buen balance entre denuncia, visibilidad de esta realidad, llamada a la reflexión y la posibilidad de cambio.
La protagonista de esta historia es Suzu, una joven solitaria que vive en una gran ciudad, lejos de su familia. Lo de socializar, no es su fuerte, la verdad, tanto es así que le cuesta conectar hasta con su hámster. Pero es cierto que entiende la soledad como una amiga y se siente segura y cómoda en el micro-universo que ha creado. Sin embargo, esto empezará a cambiar tras comenzar un nuevo trabajo como empleada en una empresa especializada en limpiar y ordenar las casas de los kodokushi. Tratar con la muerte en su día a día, cambiará su forma de respetar su vida y la de quienes la rodean, y quizá al fin, encontrar placer en compañía de otros y descubrir el poder de la amistad para iluminar la existencia.
La muerte y todo lo que la rodea es uno de los grandes temas de la literatura y del pensamiento humano, y siento que dentro de la literatura japonesa tiene un lugar incluso más relevante. Me fascina leer novelas donde se habla de la muerte desde la perspectiva de otras culturas y creo que, en Japón, se enfrentan a ella de una forma mucho más sana y natural, una concepción que, honestamente, envidio.
Me ha encantado ver como los protagonistas de ‘Los kodokusha’ se enfrentan a la muerte desde el respeto y la naturalidad. Buscando dar / devolver la dignidad a aquellos que ya no respiran pero que, en cierta manera, siguen estando, en sus casas, en sus cosas, en el recuerdo que pervive en quienes los conocieron. Los personajes secundarios muy bien construidos para tratar este aspecto.
Esta es la segunda novela que leo de la autora y he quedado encantada. Un libro narrado sin prisas, encantador y cálido, conmovedor e inspiración. ¡Recomendadísimo!
Sin tener nada que ver, otro libro japonés que habla de la pérdida desde una perspectiva preciosa es ‘La casa del álamo’ de Kazumi Yumoto.