Hay libros que nos atrapan por su intensidad, por sus giros inesperados o por la complejidad de su trama. Y luego están esos otros libros, más raros y especiales, que nos envuelven con su sutileza, con su manera de hablar de la vida sin levantar la voz. La delicadeza de David Foenkinos es uno de esos libros.
Desde la primera página, la sensación es clara: esta no será una historia de amor convencional. No habrá promesas eternas ni grandes tragedias melodramáticas. Lo que encontramos en su lugar es una narración que se mueve con ligereza, pero que deja huella.
Al comenzar la novela, me encontré con Nathalie y François, una pareja cuya felicidad parece casi irreal. Su amor es simple y luminoso, una de esas relaciones que dan la impresión de que nada podrá romperlas. Pero la vida —o mejor dicho, la literatura cuando está bien escrita— no funciona así.
Cuando François muere repentinamente, el golpe no solo lo sintió Nathalie, sino también yo. No hay dramatismos excesivos, solo la sensación de un vacío que se instala de manera silenciosa pero devastadora. Es un duelo que se vive en los detalles: en la forma en que Nathalie sigue adelante sin saber exactamente cómo, en su manera de perderse en la rutina, en la torpeza con la que los demás intentan acercarse a su dolor.
En este punto, me sorprendió la capacidad de Foenkinos para transmitir emociones sin necesidad de extenderse en descripciones sentimentales. El dolor no se explica, se siente.
Y entonces llega Markus…no les cuento nada más, tendrán que descubrirlo con la lectura de la novela.
Uno de los aspectos más singulares de la novela es su estructura. Entre los capítulos narrativos aparecen pequeños fragmentos que parecen sacados de un cuaderno de notas: listas, definiciones, datos curiosos. Al principio, esto puede parecer un capricho del autor, pero pronto se vuelve parte de la magia del libro. Son como pequeños respiros que te hacen sonreír en medio del relato.
Y hablando de sonrisas, sorprende de esta novela que, a pesar de la tristeza que la atraviesa, nunca se siente como un libro trágico. Hay humor, hay ironía, hay momentos absurdos que recuerdan que la vida sigue adelante incluso en las circunstancias más difíciles. Foenkinos tiene una habilidad especial para equilibrar la melancolía con la ligereza, para hacer que pasemos de la emoción a la risa sin sentirnos manipulados.
Cuando lo cerré, sentí que había leído algo especial. Y, al final, eso es lo que más busco en un libro.