Esta es quizás la segunda o tercera vez que leo este libro de principio a fin, y solo reafirmo lo que sentí la primera vez: estos son algunos de los mejores cuentos que he leído en mi vida, y Federico Falco es, sin dudas, el mejor escritor contemporáneo que conozco.
Son relatos que parten de situaciones sencillas o cotidianas, pero están cargados de una delicadeza, una melancolía y una tristeza tan finamente trabajadas, que cada cuento resuena con una potencia emocional enorme. Uno no puede dejar de leer, y mucho menos dejar de sentir.
Todos los cuentos me gustaron, y en esta relectura logré conectar más con “Pinar” y “Cuento de Navidad”, que en la primera pasada me habían pasado un poco desapercibidos. Esta vez, pude apreciar su sutileza, extrañeza y su peso emocional con otros ojos.
Mi cuento favorito, sin duda, es "Ada". Cada vez que lo releo me conmueve profundamente. La historia de una mujer de ciudad que desde niña amaba leer, que se casa a los 18 con un joven que le escribía cartas desde su pueblo General Cabrera y se muda con él, donde con el paso del tiempo se deprime. Este cuento está contada con una melancolía tan sutil, tan humana, que se queda adentro. Hay una frase que siempre vuelve a mí: “Algunas tardes, pienso que a mi dibujo todavía le falta un trazo dominante, una raya gruesa que venga ahora y que organice toda la composición, la equilibre y revele el verdadero sentido de todas estas líneas.” Esa sensación de incompletud, de buscarle forma a la vida, me atraviesa.
También están entre mis favoritos: "El pelo de la virgen", "Un hombre feliz", "Doscientos veintidós patitos" y "Las casas en la otra orilla", historias crudas, sencillas, profundamente humanas. Cuentos que duelen y conmueven por lo reales que son.
Falco me sigue fascinando con su mirada, sensibilidad y estilo. Para mí, es el mejor escritor actual. Los cuentos de este libro me acompañan, y estoy seguro de que lo seguirán haciendo durante muchos años.