"Mi querida Vita,
¡Qué lindo sería recibir una carta tuya!
Aunque tú no escribes cartas sin que te las pidan.
Así que dejaré mi petición ante ti, estoy en cama, llueve y Leonard está en Londres: ¿es suficiente?"
Hoy estoy tremendamente imprudente. Como el invasor que sigue viviendo en mi labio, aunque Matilda —la reyna del herpes— me dice que se está cicatrizando. Estoy casi seguro de habérmelo agarrado con el sol del eclipse, miré sin querer, en vez de quedar ciego quedé románticamente inutilizable. La imprudencia: compré un libro de Tsvietáieva, que tiene poemas que no tengo en los libros que ya tengo. También voy como por la quinta taza de té. Pedí una pava de té de rosas. Después que le pusieran más agua. Después sentí no irme y pedí otra pava de un té de flores y frutas, nunca lo había probado, nunca había hecho eso. Ya es un día extraño. También me compré La risa de Bergson. Me estoy leyendo todas estas cartas en El gato negro. Qué placer. Amo, yo criticando a M4r14 N3gr0n1 por ser autobiográfica como si no estuviera a punto de decir que Woolf es yo; bueno, pero esto es un diario sin posibilidad de ser capitalizado. Una ONG diría incluso. There was a moon and a street lamp, I didn't know I drank such a lot, 'till I pissed a tequila anaconda the full length of the parking lot! Oh, I talk too loose, again I talk too open and free; I pay a high price for my open talking, like you do for your silent mystery.
La edición es hermosa. 1000/10 la traducción, respetaron la sintaxis fancy y dejaron todos los puns de Woolf, no como otros traductores,,, ejem —Borges— ejem.
"Como ya te dije, ven pronto.
No logro escribir una palabra".
Estoy leyendo las cartas del momento en que escribe Orlando; le pedí más agua para el té de flores y frutas, me trajo una pava nueva con hebras nuevas porque se equivocó y en vez de recargarlo lo tiró. Qué cosa extraña. Está todo muy raro. El universo quiere que me quede a vivir. Virginia —me estuve contuviendo de llamarla— empieza a llamar a Vita Orlando. Esta debe ser la séptima taza de té. Lo que me encanta de leer cartas es que no es una escritura gratuita. Si tuvieras a la persona al lado, no le escribirías, digo, hay un motivo, una razón, una distancia, separación. Y ni hablar si son de amor. Son como todos los restos de haber amado a alguien, indiscretamente implorando volver a verlo, para que se potencien y vuelvan a ser algo entero, es un loop, qué miedo. El que habla primero es como una pregunta, aunque no pregunte nada; la respuesta es una afirmación, excepto que, en el peor de los casos, sea un pedido de ser alejado. Pero siga adelante, mandándome mensajes. Es como drogarse. Pero tiene algo mutuo, no se está escribiendo al otro, no se lo invoca, se le pide horizontalidad. Me agarró un escalofrío por lo banal. Ewww, feelings.
"Escribeme por favor algunas líneas para saber cómo estás y cómo está tu padre, y sobre verme y sobre la vida, el amor, la literatura.
Ama a Virginia (imperativo).
Amor de Virginia (absoluto).
¿Amor? ¿Virginia (interrogativo).
El mío es el primero".
Me distraje tanto que no leí a Tsvietáieva, ni a Bergson, qué tarado. Esta es mi octava y última taza: "Nunca me escribes y tu imagen ha retrocedido hasta parecer la más tenue sombra de una luna menguante, pero justo cuando Vita estaba por evanescerse se asomó un pequeño borde escarlata y ahora cuelgas de mi vida como una hoz nuevamente".