Una lectura incómoda y ese es el propósito: voces de mujeres maltratadas, fragmentos, trozos y destrozos, huellas de dolor, rabia, fuerza, resistencia, supervivencia.
Leer en una frase el nombre, edad, forma de violación y asesinato de esas jóvenes cuyo “pecado” fue ser mujer y vivir en Ciudad Juárez. Saber que en México existen los estereotipos de género que dominan y persisten en Chihuahua y que han propiciado la impunidad. Todo resulta profundamente doloroso. La desgracia es que el mundo está lleno de ese abuso.
Sentir y saber el terror que se vive por ser mujer y por ello ser el cuerpo receptor de la violencia más cruel: hombres que descargan la totalidad de su maldad en esos cuerpos que han hecho frágiles y vulnerables a lo largo de la historia.
Saber que liberarse de esas capas que se han ido poniendo una encima de la otra desde tiempos inmemoriales haciendo creer que la mujer es la tentación, la provocación el objeto de uso y abuso del hombre, resulta terrible.
Leer esas voces de mujeres que creen que valen porque tienen a un macho que las maltrata, que necesitan a un hombre a pesar de todo y a cualquier precio o leer en el penúltimo acto, titulado “pongo mi espíritu” el horror de esa mujer que asegura que al copular con sus hijos crea hombres débiles que ya no ejercerán más violencia… que horror.
Seguramente presenciar esta obra en el teatro me resultaría insoportable. Pensar en lo duro y difícil que sería para las actrices interpretar una y otra vez este drama atroz que llega al teatro desde fuera, levantar las voces mostrándonos que formamos parte de esta sociedad repudiable, dar esos gritos de dolor que son reales debe ser muy difícil y seguramente afectará fuertemente a las intérpretes.
Esta obra de Liddle es un activismo social, un grito que exige ser visto y escuchado, una denuncia que necesita forzosamente la participación de los otros, de los espectadores o lectores.
Y, a pesar de saber que existe el abuso, a pesar de que tantas mujeres viven el maltrato, el acoso, la vejación y vergüenza, han sido tantos siglos de violencia, menosprecio, de patriarcado que liberarse es muy difícil.
Me resulta odioso eso de “el dolor como vía de salvación” es una frase nefasta y cruel.