Si bien este es un libro para niños, la voz adulta del escritor resuena demasiado fuerte para mí y hay momentos en que el protagonista piensa, actúa o habla más como un adulto que como un niño. Sentí sumamente forzada la trama: para ser un niño, no se emociona cuando descubre que puede volar y, al contrario, resulta que se puede controlar perfectamente a sí mismo y aguantarse horas sin investigar (está más preocupado en que dice mentiras que en que puede volar!!! un niño!!!). Y cuando al fin empieza a volar, tampoco lo disfruta, está al pendiente de mil cosas tal como lo haría un adulto, calculando riesgos y peligros; de nuevo, no como un niño. Cuando su madre le dice que se vayan, de nuevo, él acepta como si nada, sin hacer preguntas. Y luego la escena con la vecina... ni al caso. Lo único que me gustó es el final abierto que lleva a un segundo volumen, lo cual le da cierta intriga a la historia y hace pensar en que hay más desarrollo detrás de todo esto.
Por lo demás, no me fascinó y le doy un 2.5-3