Una chica nueva, Felisa Wilmer, ingresa en un colegio religioso para niñas en la zona norte de Buenos Aires. Recién llegada de Londres, Felisa se convierte en el centro de atención por su actitud rebelde y su mal comportamiento, rodeada además por el aura «poética» que le dan sus aficiones artísticas, su perfecto inglés y su carácter tan impenetrable como independiente. Al menos así la ve López, la narradora, que no tardará en hacerse amiga suya. Las dos chicas viven entre las leyendas más o menos escabrosas que se cuentan en voz baja sobre el pasado del colegio, y algunos «peligros» más reales que se encuentran en sus cercanías. Pero poco a poco López irá descubriendo la historia de Felisa, que vive con su abuela después de la muerte de su madre en un accidente, y las razones de su comportamiento excéntrico y suicida, como si estuviera «poseída» por personas de su entorno
Es escritora e investigadora en medios y literatura.
Publicó "Arte menor" (Premio Clarín Novela 2006) y "Juegos de Playa" (una colección de relatos premiada por el FNA). En 2012 ganó el Premio Tusquets de Novela con "Las poseídas".
Para más información escribir a: betina@betinagonzalez.com
Chaotic neutral girl meets chaotic evil girl y hacen gamberradas adolescentes en su escuela católica de barrio de Buenos Aires (mis dos kinks favoritos ñammm). Está claro que Felisa es sagitario y tiene varios problemas psicológicos que conforme avanza la novela se supone que vas entendiendo, aún así me quedan cosillas como para buscar “las poseidas final explicado” en internet para comprobar si me he enterado bien. Solo soy una chica. Anyway punto para mí, ya me he leído un libro que Julieta Venegas todavía no ha leído
Me ha gustado, y mucho. Por un lado, la forma en que está escrito, ágil; sin una linealidad marcada, saltando e intercambiando tiempos, voces, emociones; con muchas elipsis, permitiendo que seamos nosotros, los lectores, quienes rellenemos (o inventemos directamente) las partes que no están explicadas, que no es sino lo que hacen las alumnas y las monjas del colegio ante aquello que no pueden controlar o se les escapa de lo esperado.
Me gusta especialmente el recurso de que López a veces hable en primera persona y a veces en tercera (para referirse a sí misma); creo que refleja muy bien su desubicación, su paso de un mundo a otro, su no entenderse ni reconocerse en ocasiones (que eso es la adolescencia)
Me han gustado los personajes principales, esos 3 estereotipos (casi arquetipos) de la adolescencia, que son López, Marisol y Felisa. La rara, (auto)marginada, que anda siempre sola en el patio, que no se relaciona con las demás, que desde una esquina observa, parece tonta, pero es muy inteligente; la niña mona, popular, buena alumna a la que todas quieren imitar o contentar, la típica calienta*****s, que se deja meter mano, pero no avanza más, y que sabe cuál es su futuro perfecto de esposa y ama de casa, tan perfecto como su peinado y su maquillaje; y la excéntrica, la artista, la que es diferente por mérito propio, que llama la atención con su sola presencia, que tampoco encaja pero que es mirada con asombro y cierta envidia, porque ella seguro que sí tiene algún secreto importante, alguna experiencia realmente escabrosa. Y luego están todas las demás, de las que ni sabemos el nombre, ni las circunstancias... ni nos importa
También las monjas, con sus vidas pequeñas, buscándole sentido a su existencia en todas esas señales que se les ofrecen con acontecimientos cotidianos, inesperados, nimios, que no saben ni pueden controlar. Intentando mantener su status quo en un mundo que está cambiando (ya no hay dictadura, ya no son el refernte moral de sus alumnas) y que cada vez les es más ajeno.
Una lectura que empecé con unas expectativas flojitas y que me ha sorprendido muy gratamente
"Cuando pienso en esos días, siempre lo recuerdo como una sucesión de destrozos. (...) El público de los recitales de rock saludaba a los músicos extranjeros con patadas y botellazos mientras en las páginas de los diarios seguían apareciendo tumbas sin nombre, muertos condenados a la identidad única de sus amuletos. Mientras, la gente invocaba a sus demonios de juguete en los programas de opinión y todos los que creían que el horror había llegado a su fin ni siquiera sospechaban que ése no era más que otro principio (el principio de un desenterramiento constante, de una arqueología instalada para siempre en el pan nuestro de cada día). Tener dieciséis años en esa época era tener un corazón de piedra o salir a la calle a romper todo, a coleccionar heridas."
Me gustó mucho este libro y la autora realmente me sorprendió para bien. Creo que eso se nota cuando muestro las fechas de inicio-fin (me comí el libro en un día). Cabe aclarar: es una lectura +18.
Situado en el ambiente post-última dictadura, la historia transcurre en un colegio católico de mujeres de la zona norte de Buenos Aires. La llegada de Felisa -un personaje excéntrico, que produce sentimientos encontrados- parece desatar una serie de eventos extraños, que contribuyen a alimentar las historias paranormales en torno al colegio.
'Las poseídas' es narrada por una persona, pero al mismo tiempo sabe incluir bien otras voces (la de Marisol, la de Felisa, la de las monjas y esas familias adineradas). La autora utilizó un recurso que me pareció una genialidad: narrar en primera y tercera persona para marcar el pasaje de una etapa a otra, una misma persona ('López') que luego de un mes pasa a ser 'Cruz'. La posesión a la que hace referencia el título no es paranormal, sino más bien social. Una adolescente con un pasado escabroso que comienza a bordear los límites con la locura.
Plasma muy bien los estereotipos que todxs hemos vivido transitando la adolescencia: las santas (las clarisas, las 'niñas bien'), la marginada que lee mucho y trata de no llamar demasiado la atención (la narradora), la chica que todxs aman y odian a la vez, a la que tratan de reina y de p*** al mismo tiempo (Marisol), la chica nueva de la que todxs quieren saber (Felisa). Esto, sumado a la ubicación geográfica y el contexto político de nuestro país (vuelta de la democracia) construyen en este libro una gran crítica social: a los militares, a la superficialidad de ciertos sectores adinerados y la moral -vinculada, por supuesto, a la religión católica-.
Es un libro corto y adictivo. La pluma de González me pareció genial y creo que fue un gran descubrimiento. Quiero resaltar un arma de doble filo (y objeto de debate en las reseñas que he leído): el hecho de que muchas cosas no cierran ni se aclaran (o bien se sugieren) y quedan a imaginación del lector, y a esto corresponde mi puntuación. Me tuvo atrapada de principio a fin (ni que hablar del final). Abrí la boca y me sorprendí, pero también admito que esperaba un poco más. Me pareció que el final quedó un poco corto.
Volveré a leer a Betina. Espero que siga sorprendiéndome para bien.
Me sorprendió gratamente este libro. Entré de lleno en el universo de la escuela de monjas y en los conflictos adolescentes de mediados de los ochenta.
No entendí muchísimas cosas y eso me frustra demasiado, porque creo que es un libro con un gran potencial y veo que a mucha gente le gustó... pero a mi me desilusionó completamente, esperaba muchísimo más de este libro.
Me encantó la prosa y la historia hasta la mitad pero creo que a partir de ahí se va un poco para abajo. Me recordó muchas cosas que sentía a los quince o dieciséis años (no todas agradables) pero fue un buen viaje al pasado. Definitivamente leería algo más de esta autora.
Tenía mucho potencial, pero perdía todo su poder intentando abarcar cada una de las aristas que podían ser interesantes, concluyendo ser vago, perdido e inconcluso.
Esta novela me encantó. Breve y directa, atrapa al lector desde la primera página. El ambiente opresivo de una Argentina recién salida de la dictadura, la represión en un colegio de monjas de la zona norte del conurbano y la consecución de adolescentes problemáticos terminan por construir un paisaje de tensión y zozobra. Llegué al libro simplemente por su título, pues la posesión diabólica es uno de mis temas de estudio, y encontré una obra escrita por alguien que parece conocer muy bien cómo funciona un colegio de religiosas y también el pensamiento católico. "Las poseídas" del pasado y las actuales se hacen presentes, al igual que las endemoniadas del Renacimiento y del Barroco, dentro de aquellos establecimientos donde se lleva una vida cristiana intachable: el convento en la antigüedad y el colegio de monjas en la actualidad. Algunos pasajes son verdaderamente turbadores y escabrosos, aunque la resolución de la trama no parece haber sido una preocupación principal para la autora. El desenlace de la historia es tan abierto que se puede prestar a un sinfín de interpretaciones. Así las cosas, a todos los lectores que disfruten de historias "al estilo de Mariana Enríquez", esta novela les resultará verdaderamente valiosa.
No me gusta darle malas reviews a libros. Me hace sentir mal por el autor y me duele a mí como lector. Muchas veces opto por ni siquiera puntearlos cuando sé que mi opinión será negativa pero esta no va a ser el caso. No entendí nada del libro. Simplemente eso. No entendí el final, el principio, los diálogos, la trama, nada, y que la autora narrara algunas veces en primera persona y otras en tercera tampoco ayudaba. Los personajes no son malos, pero la falta de desarrollo de los mismos hizo que -en mi caso- nunca pudiera terminar de comprenderlos del todo ni empatizar con ninguno. A medida que avanzaba con la lectura, nada tenía sentido para mí, todo se convertía en un exceso de información innecesaria que no tenía relación con los personajes y mucho menos con la trama.
Después de acabarlo, me da la sensación de que me falta la mitad de la historia por conocer. Los personajes no están demasiado desarrollados, son como diamantes en bruto; y de lo que ocurre me parece que quedan cabos sueltos. Hay muchas cosas que se pueden interpretar de distintas maneras, y pocas que realmente queden claras. Pese a eso, tiene algo que me ha gustado: tanto Felisa como López, y también un poco Marisol, son personajes que intrigan y que dan que pensar.
De las definiciones de la Real Academia Española: poseído, poseída, adjetivo, dicho de una persona que ejecuta acciones furiosas o malas. Esta novela es un vehículo, novela ganadora del VIII Premio Tusquets Editores de Novela, habla de la furia que lleva a las acciones; una chica nueva, Felisa Wilmer, ingresa en un colegio religioso para niñas en la zona norte de Buenos Aires, casi de inmediato, Felisa se convierte en el centro de atención, es una chica rebelde y de mal comportamiento, rodeada además por el aura «poética» que le dan sus aficiones artísticas, su perfecto inglés y su carácter tan cerrado como independiente. Al menos así la ve López, la narradora y protagonista, que no tardará en hacerse amiga suya.
López tiene un nombre, María, como le dicen en su casa, sin embargo, Betina usa el recurso de referirse a ella en tercera persona, por lo que la historia va y viene desde su perspectiva y desde la perspectiva que tiene de fuera; admito que al principio fue sumamente desconcertante, pero es un gran elemento de la narrativa, la adolescencia, casi por definición, es no poder reconocernos y a veces, vivir la vida como un reflejo.
Si, hay tres estereotipos sumamente definidos: López, Marisol y Felisa, la primera es la marginada, que anda siempre sola en el patio, que no se relaciona con las demás, que desde una esquina observa, parece tonta, pero es muy inteligente; la segunda es la niña popular, buena alumna a la que todas quieren imitar o contentar, una de esas niñas que son extremo cariñosas, que se prestan a jugar pero sin avanzar a más, pues tiene su futuro perfecto de esposa y ama de casa bien provisto; y, por último, la excéntrica, la artista, la que es diferente por mérito propio, que llama la atención con su sola presencia, que tampoco encaja pero que es mirada con asombro y cierta envidia, porque ella seguro que sí tiene algún secreto importante, alguna experiencia realmente escabrosa.
Viven entre las leyendas escabrosas que se cuentan sobre la historia del colegio, y algunos «peligros» más reales que se encuentran en sus cercanías. Poco a poco, López irá descubriendo la historia de Felisa y las razones de su comportamiento excéntrico y suicida, como de «poseída» por personas de su entorno.
“Las poseídas” es una novela corta, ambientada en la Argentina de los 80s, y cuenta la historia de Felisa, una estudiante extranjera que llega a un colegio de monjas “Cheto” de Buenos Aires y que despierta la obsesión de la protagonista, con su extraña forma de ser y el secreto oscuro que oculta.
El libro es narrado entre una mezcla de tercera y primera persona, con mucho “Estilo indirecto libre” en donde se mezclan las dos narraciones. La narradora (López) es una mujer inteligente, de padres no muy presentes y que estudia en ese colegio, no por devoción religiosa, sino que por aspiraciones sociales de su familia. Su forma de ver el mundo es casi como si ella no perteneciera a él, viendo todo como desde un pedestal de superioridad.
En general “Las poseídas” sigue la historia de Felisa, una adolescente argentina que pasó largos años viviendo en el extranjero, con una historia familiar complicada. Su forma de ser excéntrica llama la atención de la protagonista, con quien desarrolla una extraña amistad. Durante la primera mitad, transcurre como una narrativa cotidiana, casi un slice of life de la juventud ochentera en Argentina después de la dictadura, pero luego da un giro mucho más oscuro.
Está bien escrito, las reflexiones se sienten genuinas y los personajes, en su mayoría, se sienten vivos. A ratos, la protagonista puede llegar a sonar un tanto pretenciosa y hay ciertas referencias literarias o musicales un tanto obscuras, pero no cae en lo pseudointelectual. Si uno sigue la edad de su autora, es bastante obvio que es un libro calcado de la experiencia personal, aunque como en el caso de todos los escritores, es imposible saber cuando termina la verdad y empieza la ficción.
En lo personal me gustó, la calidad de su redacción es muy buena. Fluía muy bien. “Las poseídas” construye una historia muy compleja en un entorno cotidiano, con secretos y traumas generacionales, muchos momentos y frases recordables. Su gran punto en contra es que, a ratos, puede resultar confuso. Y no creo que sobre complejizar porque si, transforme los libros en "más literarios" o "mejores". La historia detrás de Felisa no se termina de contar del todo y te deja con ganas de más. El libro en general debió ser un poco más largo.
Es un libro corto, o quizá sea que yo siento que me quedó corto. Es una historia enorme, de la cual te cuentan un 20%, y no puedo quejarme. Deja el espacio justo para la imaginación porque cuenta lo justo. Crea un universo que raras veces lo experimento cuando leo, ese universo en el que se leen colores, olores y auras, en el que se pueden ver. Recomiendo este libro porque va más allá de una historia, cuenta sentimientos. Cuenta como “López” (la protagonista) pasa a ser “Cruz”, el pasaje de una adolescente inocente a una llena de culpa y dolor. Ese cambio tiene la culpa de Felisa, una nueva compañera de su colegio. En ese camino Felisa se lleva puestas todas las ideas que López tenía sobre el mundo, y a nosotros, los lectores, también. Me hubiesen gustado que sean más páginas, pero entiendo que un buen libro siempre te deja con ganas de más.
La aclaración sobre este libro debería ser más o menos lo siguiente: sí trata sobre posesión, no desde la óptica del terror o lo sobrenatural, sino contado con la voz de una adolescente que toma las cosas como viene porque no tiene forma de interpretarlas. Ahora bien, de eso se trata la historia para aquellos que no encontraron el punto. También es una crítica social y también, una historia de cómo una adolescente madura (para bien o para mal) de acuerdo a sus experiencias. Sobre todo esto último, permanecemos un tiempo en un colegio con todo lo que sucede alrededor. Hacia el final del libro SUGIERE cosas bastante fuertes, no lo dice ni lo detalla. A mí me gustó porque tomo a cualquier libro para escuchar la historia que quiere contar el autor sin esperar nada. De hecho, terminé gratamente soprendida por la forma en que se expresa Betina González, autora de la que no había escuchado hablar. Sería un 3.5.
Me gustó. Esta muy bien narrado el ambiente opresivo de una escuela de monjas + los años 80, recién reinstalada la democracia. El personaje de Felisa es muy interesante y el de la narradora también, moviéndose medio en automático como hicimos todos en la adolescencia. Hay alguna info que me pareció medio al pedo porque traía mas confusión que otra cosa, pero entiendo que esa fue la idea de la autora también. Me interesó particularmente algo de lo que no se habla tanto que fue la relación entre Vera y Felisa. Hay escenas de las que no me voy a olvidar pronto como cuando destrozan la casa o cuando se ahoga en una pileta.
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Me resultó entretenido. Quizás me había hecho demasiada expectativa cuando muchos dijeron si te gusta Mariana Enriquez te va a gustar este libro de chicas adolescentes peligrosas en un colegio de San Isidro y en los primeros capítulos tan bien escritos y atmosféricos me entusiasmaron un montón. No sabias hacia donde iba la historia y era emocionante. Pero cuando la historia se fue aclarando también fue perdiendo vertiginosidad, hasta un final que parece cortar con todo lo que se había construido. De todas formas siempre fue entretenido y claro está la autora nos lleva hacia donde ella quiere llegar...
3.5 ⭐️ La novela me gustó, es corta, ligera y entretenida. Tiene una trama super interesante, me encanta la historia, dos chicas de 15 años que van a un colegio católico… Sólo cuestiono algunas partes que me resultaron un poco inverosímiles, como los monólogos de Felisa, que me costaron imaginarlos a ella hablando así, sola, no sé. Tiene algunas partes que hicieron agua, pero no sé si estoy demasiado tallerizada. En fin, la recomiendo aunque me parece que le faltó una vuelta de rosca (o dos correcciones más 😁)
Este libro tiene algo de inocencia interrumpida. Sólo que en vez de trastornos, en un contexto de colegio de monjas, hablamos de posesiones. De fantasmas dando cuerda a través de distintas personas sus historias inconclusas.
"Yo todo lo recordaba como una carrera hacia el río, una carrera impulsada por la urgencia del descubrimiento: la felicidad es el sonido de algo que se rompe, ese instante entre el ser perfecto del objeto y su fantasma, entre el sí y el no, entre la autosuficiencia de la forma y la liberación de su pluralidad secreta."
Me gustó aunque siento que abarca muchos temas juntos y algunas cosas se podrían haber explorado más. Si le agregaba más páginas, valía la pena. Me hubiera gustado saber más sobre la familia de Marisol o sobre la relación entre Vera y Felisa. No fui a colegio católico pero creo que lo describe bien, te mete en la atmósfera de la época. Hay experiencias de la adolescencia femenina que están bien explicadas.
La experiencia desde la perspectiva de la edad, entre la confesión y una colección de pequeñas escenas que suceden durante unas semanas.
Más que un retrato de su tiempo, una historia cargada de dolor, que habla de lo inevitable de la transformación, el dolor, el tiempo, la insignificancia y la vida. (8)
La historia tiene muchos elementos para poder concretar una buena novela, pero se forzó mucho a los personajes y al final se fueron metiendo tantos elementos y tan de prisa que no terminó de ser coherente.
Me ha costado entender qué se pretende contar. No entendí bien a dónde va la narración aunque tengo la sensación que la autora lo tiene muy claro y que yo personalmente no he sido capaz de sincronizarme con la historia...
Tenía muchas expectativas ah este libro, pero en base que lo vas leyendo poco ah poco mis expectativas bajaron muchos, algunas que otras cosas me encantaron y me llamaban mucho la atención pero otra vez bajaba de una nube que estaba.
la narración en algunas veces llega a ser confusa. el cambio de voces, de personajes, de trama se me hizo abrumador. la historia no muy atractiva. dos chicas se mezclan en el pasado del colegio religioso donde estudian al mismo tiempo, el abuso, las violaciones, el acoso y la muerte toman lugar.
Un poco me decepcionó. Le tenía muchas expectativas, creo que el contexto escuela católica + salud mental + sexualidad reprimida podría haber dado lugar a un relato mucho más interesante y oscuro. Esta bueno para leer cuando no tenes mucho tiempo pero creo que es un libro bastante olvidable.