La quietud cubre tierras, animales y pueblos hasta la irrupción del destello, una suerte de relámpago que augura desastre pero que antes se detiene e ilumina. El esplendor señala las imágenes memorables y precisas que habitan en estos cuentos: los peces que agonizan en silencio, las cenizas del volcán metiéndose por las bocas, las cuerdas que se tensan en el tajamar, los encendedores que avanzan en la oscuridad del campo y muestran más de lo que podemos adivinar.
Eugenia Ladra
Por su precisión línea a línea, el manejo de imágenes perdurables y la capacidad de seducir al lector con la intensidad de sus climas, Desastres naturales es un gran cuentario. Descubrir voces tempranas como la de Tamara Silva Bernaschina da tranquilidad. El futuro de la literatura uruguaya está en buenas manos.
(Minas, 2000) Es autora de Desastres naturales (Estuario editora, 2023), su primer libro, galardonado en 2023 con dos Premios Bartolomé Hidalgo: el de Narrativa y el Revelación. Al año siguiente, el cuentario recibió el Premio Nacional de Literatura en la categoría Ópera Prima. Su novela Temporada de ballenas (Estuario editora, 2024) recibió una mención de honor en el concurso literario Juan Carlos Onetti. Larvas (Páginas de Espuma, 2025) es su último libro. Actualmente vive en Montevideo.
Desastres naturales es un libro maravilloso y que cierra por todos lados. Cada cuento es un universo encerrado en tres o cuatro páginas pero que tiene una fuerza súbita y terrible, como la la naturaleza misma. Se crea una atmósfera de expectativa, como de tormenta. Uno lee y espera porque sabe que va a pasar algo, no importa cuándo va a suceder ni si es maravilloso o mundano, pero lo va a cambiar todo. Ya sea desde la ternura, la violencia, lo extraño o lo imposible, el libro tiene imágenes que se quedan con uno mucho después de la lectura, son cuentos muy visuales. Eso es algo que me fascina, Tamara Silva Bernaschina tiene una gran sensibilidad para manejar el lenguaje y transmitir un montón de cosas en una frase de apenas tres o cuatro palabras.
Los relatos mayoritariamente rurales que componen Desastres Naturales tocan con sensibilidad la niñez, los animales, las relaciones familiares, el campo uruguayo, la naturaleza toda. Las tramas tienen un componente trágico y a veces un dejo de terror. Hay elementos que se pueden rastrear a Horacio Quiroga y a Mariana Enríquez.
Con calidad propia, la joven autora crea atmósferas, que se ven resquebrajadas por algo o alguien que altera el equilibrio de la vida, de ahí, sobreviene el conflicto.
Fenómeno esta joven nacida en el año 2000, hace mucho que un libro no me gustaba tanto. Anoté:
- Deja que el lector complete. - Historias circulares. - Animales muertos. - Infancia rural. - Narrativa oral. - Voz masculina. - Horror cotidiano. - Naturaleza perturbadora. - No pretencioso. - Guaraní (gurises), quechua (yuyo). - Pequeña acédota o accidente.
Mis favoritos fueron "Gaucho de fuerza" y "Con las piernas enterradas en el barro". ¿De dónde sacó estas historias esta muchacha? ¿Y tan joven? Increíble. Gracias a Paraíso Perdido, que me envió este libro de obsequio, junto a dos ejemplares de la nueva edición mexicana de Quiltras.
Un primer cuentario de Tama que es sólido. Redondo. Su voz autoral está ahí, presente, acompañada de los que vinieron antes y que se cuelan entre sus líneas. Cuentos cargados de poderosas imágenes, de a ratos cinematográficos. Hay que leer a Tama porque se las trae.
Está compilación de cuentos habla desde la tensión que encontramos en la naturaleza de la muerte, ya sea de forma física, emocional o metafórica. Tamara nos va guiando con comienzos directos y que guían hacia un final muy bien cerrado, manteniendonos en vilo hasta el último momento.
Sí bien he tenido instancias en las que he leído sus cartas no enviadas —que fue una grandiosa iniciativa—, este, al ser su primer libro, el ritmo es suave y estimula la curiosidad de cada paso de que dan en los cuentos, pero que aún así percibimos su atmósfera con tinte fatalista.
Podría decir que es una combinación de Mariana Enríquez, Sebastián Míguez Conde y Daniel Mella.
La super recomiendo, leerla es tremendo placer. Ya tengo ganas de que saque más cosas nuevas.
Desastres Naturales, fue elegido por el fondo Felisberto del Instituto Nacional de Letras como uno de los libros que apoyaron este año, es el primer libro de la autora, que en el momento de publicación creo que tiene 23 años, o sea recontra jóven y con un tremendo libro publicado. Son catorce cuentos cortos, que los une un desastre, algo trágico que sucedió antes o durante la narrativa, pero a pesar de esta temática común, evocan sentimientos variados, principalmente una nostalgia o un dolor por una perdida, incluso ternura. Tamara tiene fuerza en como crea atmósferas e imágenes, sabe como darle color y vida a un lugar o una situación con pocas palabras. De a momentos me recuerda a Selva Almada con su forma de mirar los momentos cotidianos de la vida humilde del interior, sabiendo manejar la tensión antes del desastre o la tristeza o nostalgia posterior a éste.
Hay cuentos que me encantaron, otros no tanto, pero eso es lo normal cuándo lees varios cuentos de cualquier autor, y creo que vale resaltar que cuándo pones en la ecuación la edad, es imposible no sacarse el sombrero.
Si escribe algo más, ya tiene un lector asegurado.
No soy lectora de cuentos ni antologías, por lo que el formato se me hizo un poco cuesta arriba, pero destaco la prosa de Tamara al momento de narrar costumbrismo rural y describir sensaciones, lo hace fenomenal.
Siento que es un libro que se puede llegar a leer en liceos en unos años, así como se lee hoy a Quiroga
Muy bien escrito, tanto que la autora te hace entrar de lleno en la historia, sin explicaciones ni descripciones innecesarias. El uso del lenguaje es precioso, pero todas las historias están atravesadas de alguna forma por la muerte y por un ambiente un tanto lúgubre y triste que me dejaba un sabor extraño cada vez que terminaba uno de los cuentos; la ansiedad de saber que no había final feliz, solo un momento de tristeza. Entiendo que a eso apunta y que está bien logrado porque te incomoda, se te mete bajo la piel y te hace sentir algún que otro escalofrío. Me preguntaba cada vez que terminaba una historia, y en el fondo sabía la respuesta, qué sería de la vida de esos personajes después de ese momento en el que existían en el cuento. Volví a pensar en qué incómoda nos resulta la idea de la muerte en la sociedad en la que vivo. Así que eso, otra vez un libro haciéndome preguntarme cosas y sentir.
¡Espectacular libro! El primero de Tamara Silva Bernaschina, una joven autora uruguaya de apenas 23 años, que de verdad me dejó con ganas de más y a la expectativa de sus próximas publicaciones (que ojalá sean muchas). Desastres naturales es una recopilación de cuentos, la mayoría de ellos muy cortos y tremendamente efectivos, que tienen varias cosas en común. Lo primero y que quizá se hace más notorio es su conexión con la muerte: se trata del hilo conductor del libro, de diferentes maneras está presente en prácticamente todos los relatos, y valoro que sea así porque al menos en esta parte del mundo, donde se ambientan estas historias, muchas veces es un tema tabú o del que se prefiere no hablar, y creo que a veces no está del todo bien enfocado socialmente. La estética lúgubre que va tomando la lectura a medida que nos adentramos en el cuentario me gusta y me hizo remitirme más de una vez a autores que disfruto mucho de leer como Horacio Quiroga o Stephen King. En ese sentido también hay que destacar las pinceladas de terror, de elementos sobrenaturales o premonitorios y de giros inesperados o finales abiertos a varias interpretaciones que muestran los relatos, y que me fueron dejando sorprendido o me invitaron a reflexionar. El segundo aspecto presente en todos los cuentos es su carácter cotidiano. Son historias comunes, de gente común, son hechos que nos podrían pasar o haber pasado, que tienen que ver con nuestra forma de vida, con como nos criamos (o nos criaron), con nuestra infancia, con lugares y mentalidades, miedos y formas de pensar habituales, con familia, con amigos, con afectos que todos tenemos o tuvimos y con los que convivimos. La ambientación del mismo modo es cotidiana y familiar: es el barrio, es la ciudad del interior de Uruguay o la pequeña estancia rural, es un edificio de Buenos Aires en el que podríamos vivir, un balneario en el que podríamos veranear, un cementerio en el que un familiar nuestro podría estar enterrado. No en todos pero sí en varios cuentos se aborda la problemática de las infancias y adolescencias mostrando cómo ciertas mentalidades de corte conservador, tradicional, persisten y, sobre todo en cuanto a la educación en etapas de la vida tan determinantes, dan paso a consecuencias y hechos verdaderamente terribles y desagradables, que marcan la vida de esos jóvenes para siempre. Pienso que ello conecta mucho con Uruguay, un país donde aunque la gente es muy cálida y sencilla a veces también es irresponsable, descuidada o despreocupada de más, acarreando consecuencias graves. No es fácil identificar o decodificar esos elementos si no se vive en Uruguay, pero de todas formas recomiendo ampliamente el libro. Los cuentos de Desastres Naturales, insisto, impactan por su efectividad. Es una lectura rápida. En pocas líneas, en dos o tres páginas, su autora consigue introducirnos en una historia, ambientarnos y aclimatarnos en ella y al segundo siguente dejarnos boquiabiertos con un giro inesperado, una reflexión abierta o aumentando brutalmente la tensión y expectación. Es de esos libros que aceleran el corazón y a la vez dejan una sensación de satisfacción incomparable por lo enriquecedores que son. De las mejores lecturas del año, sin lugar a dudas.
Los cuentos que quiero destacar son: "Un balde dando vuelta" y "Réquiem" ya que me han gustado bastante. En esta primera salida de Tamara cómo autora compiló 14 cuentos que son totalmente independientes uno del otro y me parece una buena idea ya que podemos ver la variedad que nos puede ofrecer en futuras entregas. El hilo conductor que eligió para compilar todos estos cuentos es: la muerte, la familia, los amigos, el sentimiento de perdida y cómo una persona que nació, creció y a día de hoy vive en el interior del país me atrevo a decir que está fuertemente influenciado por las infancias en el Uruguay profundo, ya que con varios de los cuentos en dónde salen niños jugando de aquí para allá hasta bastante tarde sin que nada les ocurra e incluso las veces que me extravié en el campo cuando visitaba a mis padrinos me trajo muy buenos recuerdos. Aunque cómo siempre me pasa con los cuentos: algunos me gustan más y otros me gustan menos, por lo cual intento hacer un promedio para elegir "las estrellas" de Goodreads, pero sin duda alguna me gustó, Tamara tiene mucho potencial. Es muy grato ver que tenemos nuevos autores uruguayos y jóvenes que no se dedican a morir en los balnearios o las playas de Canelones, aún queda mucho Uruguay para descubrir, visitar y con el que imaginar.
Hermosa primera colección de cuentos. Como siempre pasa en cualquier colección, algunos sobresalen sobre otros, ya sea por el desenlace o por el enigma que manejan. Esto último muy patente en Un pedazo de día. Por otra parte, Papo y Cera me parecieron excelentes.
Buenos cuentos sostenidos por imaginativas descripciones en entornos salvajes y violentos, donde humanos y animales parecen actuar de formas similares. No reinventa la rueda pero es una interesante opera prima.
Tremendo libro de cuentos que todxs deben leer. Historias cercanas y desgarradoras. El clima como portador de desgracia; la vida como un devenir a la muerte. Hermosamente triste.
Selección de cuentos cortos con mucho sabor. Silva Bernaschina presenta una selección de pequeñas rebanadas de vida y viñetas que exploran misterios ocultos, relaciones familiares y pesadillas con dejos folklóricos que se desenvuelven en espacios rurales, ámbitos hogareños y las geografías de lo cotidiano.
Mis cuentos favoritos: Gaucho de la Fuerza, Todo lo que se revienta dentro de una mano, Desastres naturales y Con las piernas enterradas en el barro.
Me recomendó este libro una chica uruguaya en una librería, no tenía idea de qué se trataba, y la verdad es que me llevé una gran sorpresa.
El libro tiene varios cuentos, pero a todos los une algo trágico que les suceded a sus protagonistas. Me encantó, tiene un estilo muy sencillo y rápido, logra conectar con el lector y es totalmente disfrutable.
Los desastres naturales de Tamara Silva Bernaschina son una invitación a la incomodidad y al voyeurismo lector que disfruta de acompañar a sus protagonistas a través de situaciones que rompen con la pretendida tranquilidad de las rutinas. Con una pluma descriptiva y controlada, que da lugar a la interpretación del lector y no menoscaba el poder de la imaginación, la novel autora crea potentes imágenes que resuenan en el silencio de una lectura intranquila y disfrutable.
Paisajes campestres, silencios incómodos y personajes cómo fantasmas atraviesan las páginas de ésta colección de cuentos que invita al lector a disfrutar de la inminencia del desastre que se desparrama inevitable en el devenir de cada historia.
La de Tamara es una voz a la cuál prestarle atención y que no te deja impávido, que refuerza la renovación de las letras uruguayas y con la frescura propia de los primeros pasos, se convierte en una autora a la cuál estar atentos. ¡Qué ganas de seguir leyéndola!
Los buenos libros de cuentos se leen más lento que las novelas. Dos meses me llevó asomarme a la violenta belleza de los relatos de Tamara Silva. Un libro que se mete en la mejor biblioteca rural y rima con los de Severo, Bentancor y Do Santos
Supe que me iba a encantar el libro todo desde que leí la primera página. Así fue. Me encantaron las voces y las imágenes que me traían las palabras de todos los cuentos. Sentí que podía escuchar el pensamiento de los personajes. Ese tipo de simpleza que carga con una complejidad tremenda. Justamente, una especie de desastres naturales en las vidas de las personas. Podría leer una novela entera de cada historia, realmente. Me hace acordar mucho a la literatura de Selva Almada, que es de mi preferida, pero uruguaya. Una maravilla.
fan de que las voces infantiles tengan un lugar tan cuidado, tan profundo, afectivo y dimensionado. fan también de la naturaleza y la cotidianeidad y todos sus desastres naturales. enfin, fan de estos cuentos.
Quedé gratamente sorprendida por Tamara. Sus cuentos me transportaron al interior de Uruguay y me hicieron parte de paisajes soleados y pegajosos en los que la tragedia se entrelaza con la cotidianeidad, cotidianeidad que, muchas veces, termina siendo más siniestra que un mundo fantasioso.
Algunos cuentos se sienten más como una cámara que hace zoom en un instante de la vida de alguien que como un cuento mismo; parecen una descripción larga de un evento. Otros, son más "completos", y por completos no quiero decir que necesariamente tienen un final cerrado o una explicación, sino que o hay más contexto o el cuento me invita a seguir imaginando qué sucede con los personajes.
Menciones especiales: Guacho de la Fuerza: brutal, pero en el buen sentido. Todo lo que se revienta dentro de una mano: brutal, a secas. Cera: me remitió a "Continuidad de los parques" de Cortázar. Me imaginaba por dónde iba, pero igual me gustó el desenlace y que pareciera una especie de eterno retorno hecho materia.
Es una lectura fácil, pero no por eso descuidada o carente de proeza.