«Alquimia. La luz cenital de una pantalla que imprime el sexo de Belladona y Jenna Haze, metabolizadas por Luna Miguel como dicción de una sensualidad extraordinaria. Suyos son los dominios del carisma, la solemnidad y desobediencia de una Lilith poderosa, decidida a ser expulsada del paraíso —seguramente— dantesco (Notturnos: Madrid y su arruinada periferia). Alientos, carne, sabores... Susurros: serpiente de cascabel, ovillada en el mismo desierto de Valente y Bolaño, protegiendo los —perpetuos— últimos alientos de la lírica (como la fruta bíblica, como un ídolo —mágico— de terracota azteca). Poeta en un mundo de narradores, rara avis para las coordenadas referenciales que manejamos, o: la historia del poema como la historia del Punk. Y así, Poetry is not dead verifica, de una vez por todas, que el poema nunca estuvo tan vivo. Ahora: ¿quién se atreve a repetir el eslogan? ¿No future for us...?, ¿decían?» (Antonio J. Rodríguez).
Luna Miguel nació en Madrid en 1990, pero vive en Barcelona, donde trabaja como periodista y editora. Es autora de los libros de poesía Estar enfermo (La Bella Varsovia, 2010), Poetry is not dead (DVD, 2010; edición corregida en La Bella Varsovia, 2013), Pensamientos estériles (Cangrejo Pistolero, 2011), La tumba del marinero (La Bella Varsovia, 2013) y Los estómagos (inédito). Tres selecciones de estas obras se han editado en el extranjero: Bluebird and Other Tattoos (Scrambler Books, 2012) en EEUU, Musa ammalata (Damocle Edizioni, 2012) en Italia, y Más allá de la quietud (Melón Editora, 2013) en Argentina. También ha publicado el cuento Exhumación (Alpha Decay, 2010) escrito junto con Antonio J. Rodríguez; ha coordinado las antologías Tenían veinte años y estaban locos (La Bella Varsovia, 2011), Sangrantes y Vomit; y ha traducido a autores como Marcel Schwob, Cassandra Troyan, Tracy K. Smith y Arthur Rimbaud.
Ilustración de portada de Alejandra Hernández. A la venta el 11 de marzo de 2013. 56 páginas. 10 € ISBN: 978-84-939991-4-8. IBIC: DC DCF.
Los comienzos del hype de Luna Miguel... Como Elena Medel (y tantas otras y tantos otros, eh, el enchufismo no es cosa de chicas aunque esté más de moda ser poetisa del orgasmo que poetapatriarca de la pintura o el ajedrez), otra que comenzó con un concurso amañado, amistades, etcétera, pero ningún talento. Muy importante crítica a este poemario, aquí: http://criticadepoesia.blogspot.com.e...
Amo leer qué opinan les poetas sobre la poesía, así que me fascinaron estos poemas de Luna y su visión tan descarnada sobre lo poético. Tan autocrítica con la propia labor en torno a las palabras "Que la culpa no la tiene el amor: sí la Literatura."
Es mi primer acercamiento a la obra de Luna de Miguel y, sinceramente, me he quedado un poco decepcionada. Por entrevistas recientes que había leído, pensaba que habría algún hilo conductor, pero no lo he encontrado. De todas formas, es de sus primeras obras publicadas, tengo ganas de seguir descubriéndola y ver su evolución.
La portada ahora es rosa pero el interior es rojo como la sangre. Leo a Luna de madrugada y escucho la voz metálica de las estaciones: Dársena 10: Poetique de la ville.
Me desprendo de mi cuerpo y soy el ritmo de la metrópolis, la violencia, el miedo a los desconocidos, el poema de amor no escrito, los nombres de los autores que me acompañan, la voz de la noche.
Y me gusta esto, me gusta "Okay, whatever, David", me gusta "Should I Stay our Should I go", Garganta del hombre sonoro, Nocturno 223 (cuarta, quinta y sexta parte), Ladras o mueres...
Me gusta Poetry is not dead. Me gusta cuando me dices que
"La noche se hizo para llorar"
Yo sé que también se hizo para vivir en la palabra. O eso creo.
Me ha gustado, como me está pasando últimamente con Luna, pero me ha parecido que sus otros libros tenían más presencia.
Lo que más valoro de la escritura de esta poeta es su carácter impredecible: lo mismo nos habla tranquilamente de ilusiones diluidas que explota de repente con su género herido. Me impactan más sus versos sueltos que como construcción, cada uno de ellos como si fuera una potente eclosión cargada de ambigüedad baja una capa de inequívoco. Me da alimento para que mi cerebro se sustente a largo plazo, y me descubre que hasta en lo más trivial, como un viaje más en un autobús nocturno, hay una pasión encendida.
Este fue el primer libro que leí de Luna Miguel y realmente me gustó mucho. Para estár escrito a una edad tan joven es bastante maduro. Pero sobre todo me gustó lo atrevido que es, las ganas de decir de otra manera, el rechazo de lo convencional. Lo recomiendo.