Trouillot habla sobre la historicidad y la creación de los hechos: cómo éstos se registran, cómo se archivan, cómo se narran y cómo adquieren el significado que da coherencia posterior a los relatos de los pueblos. Si ya es en sí complicado manejar la evidencia de los hechos reales, aún más lo es el identificar los silencios, deliberados o no, en las etapas de la creación de la historia; silencios cuyas huellas es casi imposible vislumbrar en los discursos que el poder ha construido cuidadosamente: "The ultimate mark of power may be its invisibility; the ultimate challenge, the exposition of its roots".
¿Es la historia una descripción imparcial de los hechos? Incluso para quienes, como Trouillot, han estudiado profundamente los mecanismos de la producción histórica, es ambigua la distinción entre los procesos sociohistóricos y la descripción de los mismos. La historia necesariamente hereda imprecisiones, por un lado, de la imposibilidad del lenguaje por expresar la plena realidad y, por otro, de los prejuicios y tendencias de quienes la escriben:
Narratives are necessarily emplotted in a way that life is not. Thus they necessarily distort life whether or not the evidence upon which they are based could be proved correct. Within that viewpoint, history becomes one among many types of narratives with no particular distinction except for its pretense of truth.
Un ejemplo muy interesante de silencios deliberados en la creación de narrativas históricas es el de Sans Souci, un esclavo de origen congoleño que luchó contra el poder colonial francés en la independencia de Haití. Resulta importante que esta fue la primera rebelión exitosa de esclavos, así como la primera guerra de independencia de un país del sur global. Sans Souci es una figura incómoda dentro de la historia haitiana, pues desafió los erráticos cambios de bando de algunas de los dirigentes más importantes de la revolución. Por esto mismo, su memoria se ocultó significativamente, a pesar de que su destreza militar fue clave en la victoria de los esclavos (Sans Souci, como muchos congoleños, tenía experiencia en la organización de las guerrillas y el uso de las armas).
Se vuelve importante hablar de los silencios y las narrativas construidas en tanto los hechos históricos (que tanto queremos distanciar del presente para sentirnos más seguros en un mundo de conflictos), siguen reverberando en la vida cotidiana. Los despliegues de poder de la policía hacia minorías de color en Estados Unidos están correlacionados con su pasado esclavista, así como el aislamiento y el abandono sufridos por Haití por parte de una poderosa comunidad de potencias internacionales, temerosa de perder sus comodidades coloniales, explican en gran medida la precariedad por la que actualmente pasan sus habitantes. Asimismo, los discursos filosóficos y científicos del Renacimiento y la era de la exploración funcionaron como justificación para que los poderes coloniales se dieran a sí mismos el derecho conquistar otras regiones del mundo, lo cual sigue teniendo un impacto en el bienestar de las naciones contemporáneas.
Al crear narrativas es imposible contarlo todo. Alguien tiene que decidir, de forma consciente o no, lo que no se contará, lo que no es importante o lo que es confuso e incómodo. Esta decisión tiene, en el mejor de los casos, el objetivo de dar sentido. Sin embargo, en la idea preconcebida de lo que tiene sentido hay un fuerte sesgo cognitivo: "When reality does not coincide with deeply held beliefs, human beings tend to phrase interpretations that force reality within the scope of these beliefs".
Lo más importante de todo esto es comprender que la historia no deja de escribirse, que de hecho se siguen reproduciendo iniquidades legadas de ayeres no tan distantes, y que debemos reconocer nuestro papel individual dentro de esta producción de discursos. Conocer el pasado es irrelevante si no nos ayuda a entender y confrontar las propias injusticias del presente. En palabras de Trouillot, "while some of us debate what history is or was, others take it into their own hands".