José Rafael Pocaterra (1889-1955) fue un destacado escritor y periodista venezolano y férreo opositor de la dictadura de Juan Vicente Gómez, al punto de participar en un intento fracasado de invasión a Venezuela para derrocarlo.
El libro contiene 44 cuentos, el primero de los cuales se remonta a 1913, la mayoría publicados por primera vez entre 1915 y 1919 y los últimos en 1955. Incluye los ya clásicos cuentos De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús y La i latina.
Nadie mejor que Pocaterra podía haber dejado constancia del momento social vivido bajo el gomecismo, agitado por la violencia de los hombres y una falsa moralidad y religiosidad fundamentada en en un principio de autoridad apoyada en el machete del comisario y el legalismo de plumarios incondicionales. Pocos autores superan a Pocaterra en la justeza del diálogo, la psicología criolla y realista de sus personajes y su manejo contemporáneo, breve, brusco y preciso del lenguaje.
Al leer esta hermosa recopilación me sentí orgullosa de compartir la nacionalidad con José Rafael Pocaterra. Aquí te ríes, reflexionas, lloras, son historias muy humanas. Mi favorita fue "las frutas muy altas", por tratarse de una historia de amor, aunque no correspondida y trágica.
De todas las personas a las que le hable de esta joya, muy pocas manifestaron conocer a este autor, lo cual es una verdadera lástima.
En Cuentos grotescos, Pocaterra nos narra historias que poseen una gran crítica social. El ambiente y lo que se nos cuenta, de la manera más realista posible, es el fuerte del autor. Aunque hay historias bastante grotescas, irónicas y truculentas (me sorprendió "La coartada" y "Pérez, Ospino & Co.), hay algunas que son muy bonitos (la súper famosa "La i latina" o "Pascua de Resurrección", por ejemplo).
Y aunque no son todos los cuentos, la forma en que refleja los valores y las decepciones en la sociedad venezolana tiene mucho de humor, de risa, de "no puede ser, esto es tan cierto". Los abusos de poder, lo privilegios de unos y las miserias de otros, la fuerte influencia religiosa, la diferencia entre las clases sociales, los amores románticos venidos a menos por personas pérfidas, etc., son la constante en los 44 cuentos del volumen.
Sin embargo, hay algo muy didáctico y moralizador que es un poco fastidioso ("Patria, la mestiza", por ejemplo, tiene una forma muy cliché al finalizar). Algunos cuentos te mantienen en vilo, pero hay otros que son bastante aburridos. El afán de la identidad, de la patria, de la reconstrucción de un país venido a menos por las guerras y la corrupción se nota mucho en cada página. Pero ya yo estoy harta de eso.
Pocaterra plasma la cultura venezolana, recreando pintorescamente los oficios, episodios y situaciones sociales de los personajes enigmáticos.
Hay ironía, ataque político indirecto, contraste dramático unido a la acción intensa de cada imagen o metáfora de las historias.
Presenta el medio con un lenguaje plausiblemente literario, con rasgos que esbozan los elementos escénicos con el relieve poético de los buenos escritores.
Mordacidad, crítica, concisión, cohesión creadora y originalidad son manifestaciones distintivas de los "Cuentos grotescos", una colección llena de magia y empatía hacia cualquier lector desprevenido.
Cuentos preferidos: *De como Panchito Manefúa cenó con el niño Jesús. *La llave *El chubasco *La I latina *Las linares
La obra cuentística de Pocaterra reunida aquí fue escrita a lo largo de décadas y eso es algo que se nota, no sólo en la evolución de su estilo sino por la clara diferencia que existe entre unos cuentos que en la mayoría de ocasiones fueron escritos con la presión de tener que producir periódicamente. Siempre sale a relucir en todas las antologías el tema de la irregularidad en cuanto a calidad, pero aquí se da un fenómeno distinto; hay cuentos que apenas tienen anécdota, y que parecen por el contrario trabajos conceptuales en los que el autor crea un discurso alrededor de elementos mínimos de los que se vale para lanzar lo que siempre han sido sus temas: el pesimismo vital, la amargura, la decadencia de las clases altas unida a la ruina de las clases bajas, y en general una representación grotesca (nunca mejor dicho) de la realidad que sin embargo no está libre en ocasiones de un componente sentimental. No siempre lo logra con igual maestría, y considero por ejemplo que Pocaterra casi nunca logra dar con un final satisfactorio a sus relatos, pero su buen oficio es como siempre innegable.
De todas formas, Pocaterra ha pasado a formar parte del canon literario venezolano como uno de los grandes escritores de nuestro país, y junto con Gallegos y Teresa de la Parra forma la tríada de autores que siempre se ponen por delante de todos los demás a la hora de hablar de la narrativa venezolana de la primera mitad del siglo XX. Por eso encuentro un poco frustrante que siempre se relean los mismos cuentos cuando aquí hay algunos muy interesantes que casi nunca tienen la misma difusión. Curiosamente, algunos son de los más largos como "Patria, la mestiza" o "Las frutas más altas", en los que deja ver su discurso social y su francamente raro escepticismo en cuanto al nacionalismo, algo que parece contradecir algunas de sus posturas políticas.
En todo caso, un libro al que siempre hay que volver.
No es la primera vez que comento sobre mi poco acercamiento a la literatura de mi país, Venezuela. Sin embargo, me siento muy feliz de llevarme gratas sorpresas.
Me he encontrado con obras que no esperaba me gustaran tanto, usualmente o casi siempre evito hacerme expectativas sobre lo que leeré, de esa manera siento que no terminaré decepcionada. Eso mismo me ha pasado con los libros que he descubrir de literatura venezolana, no esperaba mucho de ellos y me han maravillado.
En este caso particular, ha sido bastante sencillo de leer, siempre me han gustado los cuentos, al mismo tiempo que siento son difíciles de crear a la perfección, cosa que aquí si se logró.
Pocaterra tenía muy buena visión para observar y retratar lo que sucedía en su entorno, toma todos los matices de la sociedad y logra plasmarlas en papel -tarea que no es sencilla-.
Su construcción del espacio y de los personajes es muy interesante, especialmente por recurrir a recursos que no se habían visto antes en el territorio nacional, o que no habían sido tan explotados como hizo él.
Es de esos libros que te hacen decir con orgullo: yo soy venezolana y este señor nació en mi país. A través de 44 cuentos, Pocaterra nos remonta a principios del siglo XX, donde nos hace reflexionar, llorar y reír con historias muy humanas. Deja constancia de lo ocurrido dentro del gomecismo, lleno de violencia y falsa moral sustentada en un principio de autoridad forzosa. Como pocos, el escritor recrea la psicología criolla y realista de sus personajes en un uso brusco y preciso del lenguaje, construyendo así sus cuentos grotescos, donde aflora la búsqueda de la miseria, la injusticia social, el uso de la fuerza bruta y una vasta y propia jerga popular.
Parte de la ironía y la alteridad para proponer un enfoque literario partiendo de las vivencias cotidianas. Así, trasporta al lector al verdadero significado del texto en la reflexión, con lo grotesco como procedimiento artístico, que connota y trasforma todo según la posición del lector y que le permite al escritor producir sus cuentos. De esta manera, construye una visión de la realidad no vinculada a lo establecido y que interpretamos de manera particular en nuestro mundo posible literario, transformando lo grotesco en artístico que encubre una intención ética que desemboca en una denuncia social particular.
Una de las obras cúspides de la literatura venezolana. José Rafael Pocaterra dejó un legado literario del que poco queda en la actualidad, no porque no lo quieran en Venezuela si no por la clase política empeñada en dejar de lado nuestra cultura y raíces.
Bellisimo imaginario de unos cien años de edad, todos bajo la lupa de un curioso relator que le maravilla el micro universo que le puede ofrecer un país, un barrio, un mundo.