Me ha costado encontrar una obra con un animal en el título, y a pesar de no ser protagonista, es importante y un símbolo del pasado enigmático que rodea la trama de esta novela. El esqueleto de la ballena, que cuelga del techo en el aula de la escuela de los chicos, representa el mundo del que han sido separados, ese pasado reciente del que no tienen ninguna noticia.
Jonas, uno de los protagonistas de esta historia, es un chaval de entre trece y catorce años. Él es el encargado de contarnos en primera persona lo que pasa. Lo poco que él sabe, claro. Su escuela, una residencia informatizada y mecanizada hasta la saciedad, no necesita de ningún adulto para funcionar. No tienen, ni él ni sus más de cien compañeros, relación alguna con el mundo de los adultos. Están recluidos y apartados, al igual que otra escuela, en la que están las chicas, a pocos kilometros. Separados por sexos.
Un grupo de chicos averigua el funcionamiento de estas escuelas y empieza a modificar el orden establecido, cambiando las rutinas que tan marcadas estaban para todos. Primero, de forma clandestina, después ya con el consentimiento del resto de compañeros.
Descubren información que deberían recibir al cumplir los dieciséis años, mensajes de sus padres que les explican de forma parcial el porqué de su separación, pero muy escueta y poco reveladora. Ellos, que nunca han vivido en familia, no comprenden los sentimientos de estas imágenes que dicen ser sus padres, que dicen amarlos pero que no han visto jamás y que afirman actuaron de la única forma posible.
Todo lo que las imágenes, los libros, los videos, las excursiones planteadas a lo largo del curso les enseñan, no sirven apenas para nada.
Jonas, a partir de sus recuerdos y pensamientos, desgrana sus sentimientos y los de sus compañeros, la soledad, la amistad naciente entre ellos, la empatia para con las chicas, en cuanto descubren de su existencia.
El mundo del que reciben información no es real, pues ha dejado de existir, y deben prepararse para iniciar algo nuevo, algo diferente. Todo un complejo mundo sesgado y recortado a través de los ojos de un niño, que no entiende ni sabe qué es lo que ha pasado. Los libros de historia explican algo que no es capaz de reconocer en su entorno diario: las ciudades, las fábricas, guerras antiguas, clásicos de la literatura, los medios de locomoción, etc. Intuye algo tremendamente grave, que sus compañeros y él son la simiente escogida por esa civilización que se muere, o que ya está muerta, para lograr un cambio.
Es una obra creada para un público juvenil, pero me ha parecido que trasciende bastante este sector, y que es una buena lectura para cualquier edad, pues no está falta de pensamientos en los que profundizar. La he sacado del baúl de los recuerdos, leí esta historia de muy jovencita, una de esas lecturas obligatorias de instituto, y a día de hoy puedo decir que no recordaba la profundidad de algunos pasajes. Me ha sorprendido muy gratamente.