Acudí a este libro para acercarme a la bibliografía taiwanesa enun intento de comprender la actual situación entre China continental y la isla de Taiwán. Lejos estaba de imaginarme el complejo marco que subyace tras las tensiones actuales. Especialmente nunca sospeché que en en 1945, fue el KMT, el actual gobierno de la isla, el protagonista del expolio de la isla.
Es un libro que sutilmente trata y da mucho qué pensar sobre la soberanía legítima de un territorio. Hasta qué punto un gobierno de una isla es legítimo en mantenerse.
La dominación de la isla a lo largo de la historia ha pasado por diversas manos. Los japoneses fueron los primeros en establecer pequeños asentamientos de pescadores alrededor de la isla. Los españoles fueron los primeros europeos en llegar a Formosa. Construyeron un par de fuertes en Tamsui y Keelung (1626), aunque su presencia fue meramente testimonial. Los holandeses poco después echarían a los españoles de la isla y formarían el primer gobierno (1642) efectivo en la isla. Fue durante esta época cuando hubo migraciones masivas de los chinos continentales durante las guerras civiles de la dinastía Ming. Así como los holandeses establecieron colegios y misiones para los aborígenes, los inmigrantes chinos los trataban como subhumanos y consideraban que habían de extinguirlos. Los chinos, cansados de los abusivos impuestos que ponían los holandeses, se rebelarían bajo el mando de Cheng Cheng-Kung (Koxinga) y les expulsaron en 1662. Koxinga se mostró como defensor de la dinastía Ming y propuso la invasión de la China continental para expulsar a la dinastía Qing. Sin embargo veinte años después, eran los chinos continentales los que estaban preparados para invadir la isla, por lo que finalmente se firmó un tregua y Taiwán pasó a ser dependencia de la provincia de Fukien. Durante doscientos años de dominio continental la isla quedó en el olvido administrativo y se consideraba una de las regiones más peligrosas y menos saludables de todo Oriente. En 1887 el gobierno chino ascendió el rango de la isla a provincia, aunque en la práctica dos tercios del territorio estaban fuera de control. En 1895, tras ser derrotados por Japón, la isla pasó a manos de los japoneses. Durante este período nadie jamás cuestionó la soberanía de los japoneses sobre la isla, quienes la modernizaron y la sacaron del caos que se encontraba. Fue sin embargo durante la segunda guerra mundial, en el tratado de El Cairo de 1943 donde los americanos e ingleses prometieron la isla a los chinos tras la derrota de Japón. Este sería el principio de todos los problemas que nos describe el libro, donde una vez finalizada la guerra en 1945, el tratado se hizo efectivo y se cedió la isla a los chinos continentales (en aquel momento el KMT) y entraron en la isla como en tierra conquistada. Esto supuso una gran decepción para los taiwaneses, que al principio veían con buenos ojos volver a ser un territorio de la china continental, pero cuando fueron conscientes que no se les iba a dar ningún tipo de autonomía, y el gobierno iba a caer en manos de los continentales, empezaron a echar de menos a los japoneses. Desde 1945 en adelante, la isla estaría sometida a un régimen opresivo y corrupto, que causaría el incidente del 228 (28 de febrero de 1947) donde los locales se manifestaron contra el gobierno, y el gobierno en acto brutal de represión se cargó a decenas de miles. Así el KMT declaró la ley marcial hasta finales de los años 80 (casi cuarenta años de ley marcial).
Es bajo esta persepectiva donde los términos legitimidad y soberanía empiezan a tambalearse. Está claro que un dominio tan represivo y brutal con su población, sobretodo cuando viene de fuera de la isla, no parece en absoluto legítimo, pero cuando la población local empieza a ahogarse entre las oleadas de inmigración masiva de la china continental y que ve con ojos más benévolos a ese mismo gobierno, los límites ya no quedan tan claros. Es lo que pasó con Taiwán donde en 1945 había 5 millones de habitantes en la isla y hacia 1959 alcanzaban casi los 10 millones debido a la masiva emigración de la China continental llevados por la guerra civil.
Y todo esto, ¿en qué papel deja a la China Comunista o PRC del día de hoy? ¿Son sus pretensiones justificadas? No parece que las reivindicaciones del PRC sean muy diferentes de las que tuvo el KMT en 1945. ¿Qué significa ser Taiwanés hoy en día? En todas las jugadas geoestratégicas que condicionan el mapa terrestre, está claro que el pensimiento local tiene un alcance muy corto y débil en el tiempo, y tras años de dominio e imposición, lo que se consideraba sacrílego se considera sagrado.
Esta reflexión viene por los comentarios en el libro en referencia a las diferencias entre los taiwaneses y los chinos continentales pero también cómo en un primer momento veían con buenos ojos el volver a estar unificados (hasta que fueron conscientes del expolio al que fueron sometidos):
As an island, settled long ago by Chinese who had left China proper to get away from it and with a centuries long tradition of separation and pioneer independence, Formosa had been easily ceded by China to Japan in 1895. Fifty years of intensive social and economic development under Japanese direction had made it wealthy and had given the Formosan people a standard of living far beyond that of any province in China. Formosan leaders had turned toward the Western world.
we were about to restore them to a “New China,” sponsored, guided, and brought forward into world affairs by the United States. They knew well enough that Formosa was far ahead of any mainland province in physical development and social well-being, and they looked forward with pride and zest to the part they might play in building a new country.
We are afraid the United Nations recognizes Formosans as similar to Chinese. We are sure that Formosans have the blood connection with them, but you should inspect our nature [which] have already been [changed] and promoted for 50 years [through] Japanese culture in every sort of scholarship. Especially we have learnt patriotism and anti-tyranny [because] of them. The Cairo Congress drove us into this “Living Hell.”
Here before our eyes was repeated the drama of bitter choice which the American colonists had had to make in 1776. There were those who loved England, but loved freedom more.
Formosans are “Chinese” in the same sense that Americans are “English".
American rebellion took place when the colonies had a population of less than four million, all told; Formosa had a population exceeding six million
Therefore we [Chinese] cannot but give our urgent cry to these six million Taiwan brothers saying that “We are all Chinese and descendants of the Great Han race,” that from our origin we are brothers of the same blood, that we have been separated because of Taiwan’s half-century under the Japanese.
En estas afirmaciones se observa el contraste, por un lado cómo sienten esa patria común, pero por otro lado, desde el momento en que son conscientes del retraso administrativo y cultural de los chinos continentales, cómo quieren poner tierra de por medio.
Es por estas razones que este libro ilustra, aunque no sea su intención, las complejidades inherentes a los fundamentos de un estado. ¿Qué es un país? ¿Un sentimiento o una administración, una voluntad o una imposición?
Al margen, resaltar las aserciones del autor donde se nos deja claro que los taiwaneses no querían saber nada del comunismo:
for a half century the island had been cut off from the confusion of civil war on the Chinese mainland. There were no local warlords, and no Communist organizations. The few avowed Communists on Formosa had long been in jail, at hard labor, or on probation under surveillance. After many years of intensive anti-Communist indoctrination, a fundamental distrust of Communist promises and ideology had taken root. There were no “hungry masses” to which the Communists might appeal.
the Formosans were not at all prepared to turn to the Communists for help. Communism had made no headway in prosperous prewar Formosa. There were no concentrations of industry to produce a radical urban proletariat. There had been full employment and a slowly rising standard of living in town and countryside alike. This was not the proper soil for communism. Between the two world wars the Japanese had hunted down agents and agitators who entered from Shanghai or Canton or Tokyo, driving them from the island or thrusting them into jail. Organizations suspected of leftist sympathies were kept under strict surveillance. It should be recalled that the Japanese drive to suppress communism began with the Russian revolution, and that it continued with unwavering zeal while Chiang Kai-shek and his son, Ching-kuo, in turn studied communism and communist techniques in Moscow. When MacArthur’s orders freed all political prisoners in the Japanese Empire in 1945, the Communists held in Formosa were released. There were no cheering crowds awaiting them at the penitentiary gates. Some left the island promptly and some returned quietly to their village homes. Events were soon to show that some sixteen months after Japan’s surrender there were fewer than fifty self-declared Communists on Formosa in a population exceeding six millions.
We repudiate, therefore, all forms of totalitarian dictatorship, Chinese Communist or Nationalist.
The Formosans are against the Communists and do not want to merge with Communist China. Chiang Ching-kuo and Communist China know this fact better than anyone else. The communist’s China consequently fears the Formosans and Chinese liberals more bitterly than [they fear] the Nationalist government.
Y sin embargo, cómo los comunistas de la china continental querían también quedarse con Taiwán:
Let no one underestimate the degree to which the Communists are seeking to take advantage of the political situation on Formosa. As might be expected, they are playing both ends against the middle. To the Nationalists, they urge a return to the motherland, with all past sins being forgiven. To the Formosans, they promise the rights of “cultural autonomy” and freedom from “the American-Chiang Kai-shek clique.” Presumably, they hope that few Formosans know the true Communist record in Tibet and Sinkiang.
Communist leaders state most emphatically that the Formosan Problem must be solved and Peking’s claims to the island must be recognized before there can be any consideration of other issues outstanding between the United States and China. They promise the Formosans “liberation.” The Formosans on their part think of it as a threat rather than as a promise.
Y en definitiva surgió el problema de las dos chinas:
After 1960 there began to be serious talk of “two Chinas” and the talk was not Chinese.
Washington knows that Peking will never recognize the existence of a second China, and neither will Chiang Kai-shek at Taipei. It is difficult to believe that the United Nations could be persuaded by the United States to recognize a “Big China” and a “Little China.”
Por último, sería estupendo encontrar un libro que enlace el final de éste con la situación actual. Al fin y al cabo, el gobierno del KMT que aquí se describe sólo acarrea opresión y decadencia donde el desarrollo impulsado por los japoneses cae en desgracia. Sin embargo, todos sabemos del impulso económico que volvió a tener Taiwán en las últimas décadas del siglo XX el conocido como 'Taiwan Miracle'. En particular quisiera conocer cómo esta período influyó en la mentalidad de la sociedad, especialmente en la población nativa (los descendientes de la primera oleada en las guerras Ming), y cuál es la opinión actual del gobierno y democracia taiwaneses.
En definitiva 'Formosa Betrayed' es un libro estupendamente documentado sobre los incidentes del 228, al que debo un enorme agradecimiento por aportarme tanta información que desconocía. Sobretodo teniendo en cuenta que cogí este libro con una mentalidad simplista, donde el PRC es la amenaza y el KMT el gobierno legítimo de la isla.