Vibrante recorrido por los albores del comunismo ruso, desde sus inicios en la intelligentsia anticapitalista, el nardonichestvo de nobles culposos hasta y Lennin.
Más que una detallada descripción de los hechos que llevaron a la Revolución de Octubre, Berdyaev actúa como un cronista que narra con gran pasión y academicismo la historia intelectual de la cultura Rusa. En Rusia las figuras literarias más importantes siempre profesaron un repudio al capitalismo, la intelligentsia (muy diferente al concepto occidental de "intelectual") tanto de los revolucionarios, eslavófilos y occidentalistas concordaba y los nardoniks eran un grupo de nobles, agitados en su consciencia por la culpa de ser ricos mientras sus compatriotas sufren en pobreza, que optaban por el anarquismo o un socialismo agrario, siendo Tolstoi un gran representante.
Berdyaev introduce al lector a varias figuras que podrían serle desconocidas. Nikolai Fedorov fue un teólogo ruso con un interés desesperado en alguna forma científica de resucitar a los muertos y los viajes espaciales. Khomyakov fue otro teólogo Ortodoxo, el fundador del movimiento eslavófilo y un proponente de una iglesia más libre. El catecismo revolucionario de Nechaev muestra una facción radicalmente violenta del comunismo y la revolución, según Berdyaev una inversión del ascetismo Ortodoxo pero sin la gracia (Necheaev fue la inspiración directa para la trama de Los Demonios de Dostoievsky)
Otra figura consiste en Belinsky, un humilde e inteligente revolucionario, un hegeliano de izquierda y un nihilista. Su nihilismo ateo era el resultado de un ferviente impulso ético, creer en un Dios de amor mientras la gente sufre en la pobreza niega tu empatía con la raza humana y te hace cómplice de la permisión de su sufrimiento. Belinsky predecía la violencia, mucha sangre se debería derramar por la revolución, la tiranía era una respuesta inevitable ante la injusticia. Su nihilismo violento era, afirma Berdyaev, paradójicamente producto de su profunda motivación ética. De esto podemos desplegar dos conclusiones muy interesantes:
Primero, Berdyaev estaba en desacuerdo con el comunismo (no totalmente, como explicaré después) y sus creencias religiosas e idealistas lo dejan en un afilado contraste contra muchos de los pensadores mencionados en el libro. Sin embargo, y esta, en mi opinión, es una de sus proezas intelectuales más destacables, él los cita extensivamente, demostrando un gran conocimiento por las posturas de sus adversarios, y felicitándolos y aplaudiéndolos por sus desarrollos teóricos. También es lo suficientemente abierto como para reconocer por qué esas posiciones existen, él rechaza visiones simplistas y reduccionismos de las posturas de los demás; el comunismo ateo, por ejemplo, es el resultado de un cristianismo que no sólo ha ignorado las injusticias sociales, sino que ha actuado como acicate para ellas.
Esto nos lleva a la segunda idea: un movimiento que no practica lo que predica está condenado a engendrar otro movimiento que le sea opuesto en nombre y en ideas pero que en la práctica ejerza sus mismos valores. La iglesia Ortodoxa rusa ha predicado la hermandad universal de los humanos, pero ha dado un ojo ciego a las injusticias de las clases sociales, por lo que el comunismo ateo surge para hacer lo que la iglesia no hizo, si bien recibió las convicciones de ella, a la vez que se define como opuesto e incrédulo a la religión. El ascetismo Ortodoxo se convirtió en nihilismo revolucionario. Uno puede pensar en el evangelicalismo blanco de Estados Unidos y la subsecuente oleada de "nuevos ateos" que protestaron ante un Dios que era esencialmente cruel y monstruoso, y los parecidos son notorios (si bien la valentía y la fuerte acción social de los comunistas están ausentes en los nuevos ateos).
Berdyaev mismo se opone al comunismo marxista en tanto es materialista y negador del Cristianismo, pero como teoría económica se encuentra muy cerca de los valores cristianos, soñando igualmente por la abolición de clases, y está ciertamente más cerca que el capitalismo burgués. Berdyaev describe su posición como socialismo pluralista, si bien no ahondo en detalles sobre lo que significa.
La conclusión de todo es que la historia revela que todos están algo manchados por maldad, y que la revolución es un mal que se levanta para apaciguar y resolver otro mal, el mal de las instituciones que decían que promovían el bien. Por eso la historia debe ser escatológicamente juzgada.
Berdyaev nunca cesa de ser un pensador rebelde, crítico y desafiante tanto para los ateos como para los cristianos. Su estilo de escritura no es particularmente elegante, pero el texto es una excelente reflexión sobre el comunismo y la búsqueda de una sociedad más justa.