Con la misma desenvoltura que demostrara en su debut (Cosas vivas, Periférica, 2018), Munir Hachemi se atreve con la ficción especulativa –¿acaso no son especulativas todas las ficciones?– y logra articular en El árbol viene un dispositivo tan insólito como alucinante. A través del relato del Arqueólogo, que se intercala en la narración con fragmentos de su diario y de los informes que escribe tras un período de convivencia con los mulai, los lectores se adentran en la historia de una civilización surgida por accidente, fruto de una misión espacial que cayó en el olvido. Los mulai no sólo han conseguido sobrevivir y perpetuarse en unas condiciones climáticas extremas, sometidos a unas estaciones imprevisibles, sino que han desarrollado una forma de relacionarse que tiene algunas características de lo más cada individuo trabaja cuando y en lo que quiere, no hay jerarquías sociales, no existe la propiedad y siempre se agrupan de tres en tres. El dios al que rezan, Dog, sólo puede ser objeto de agradecimiento, nunca de súplica, y el cierre de sus oraciones siempre es «El árbol viene, el árbol viene, el árbol viene», para ellos, el vago recuerdo de una tierra frondosa funciona como el de un paraíso perdido. Al igual que los grandes clásicos del género, y valiéndose de saberes tan diversos como la lingüística o la filosofía, Hachemi se aproxima a nuestras preocupaciones más acuciantes –la emergencia ecológica que nos acecha, los desmanes de unas dinámicas de consumo que condicionan casi todas las facetas del ser humano– a bordo de un artefacto lúdico, poético y de imaginación desbordante que nos obliga a observar el mundo que habitamos con ojos nuevos.
Munir Hachemi (born 1989) is a Spanish writer. He was born in Madrid to an Algerian father and studied Spanish at university.
He also obtained a master's degree in Latin American studies. His fiction appeared initially in fanzines under the aegis of the Escritores Bárbaros collective. His first novel Cosas vivas appeared in 2018.
In 2021, he was named by Granta magazine as one of the most promising young Spanish-language writers in the world.
Una de las cosas de las que más me lamento, en lo que a literatura española actual se refiere, es que tengo la impresión de que se toman pocos riesgos. Especialmente los nombres más reconocidos en los últimos años parecen haber renunciado en gran medida a la experimentación formal, a la osadía temática, a la diferenciación con respecto al resto del mercado editorial. Los hay (y las hay) que escriben más que bien, y que son capaces de hacer novelas correctas y muy dignas, pero triste futuro le espera a una literatura que no tiene nada más que una banal corrección que ofrecer. En este sentido, envidio enormemente la valentía que demuestran en Latinoamérica, donde, a mi juicio, es donde hoy se está cociendo la verdadera innovación literaria en nuestra lengua.
Munir Hachemi ha llegado a mi vida discreto, por recomendación de Alina, mi librera de referencia (Librería La Fabulosa), en plena Feria del Libro de Madrid. Esos “llévatelo”, amables pero rayano en imperativo, que a veces nos lanzan nuestros libreros cuando detectan, con esa mirada mágica que tienen, una conexión entre un libro y tú, lector. Me lo llevé renqueante, sin especial interés, y sólo prioricé su lectura porque se dio la coincidencia de que Hachemi estaría firmando a los pocos días en esa misma caseta. Y, guau.
Ahora puedo entender perfectamente por qué Granta le escogió como uno de los mejores escritores jóvenes en español. “El árbol viene” es una obra literaria monumental, que no sólo demuestra la enorme inteligencia y cultura del autor, en especial su conocimiento del lenguaje y la antropología, sino su valentía a la hora de enfrentarse a los temas que toca en la novela y de arriesgarse técnica y estilísticamente. Tan breve como inabarcable, “El árbol viene” encierra dentro tanto que dudo que una sola lectura pueda enfrentarse a todos sus tesoros. Casi me parece sobrenatural que esto se escondiese en un autor español.
La referencia obligada para este libro debe ser “La mano izquierda de la oscuridad”, de Ursula K. Le Guin, obra a la que ciertamente se parece, hasta cierto punto. Pero, personalmente, desde una perspectiva literaria, tengo la impresión de que la novela de Hachemi es mucho más placentera y equilibrada, sin dejarse llevar tanto por el trasfondo filosófico-antropológico como Le Guin, que a veces parecía olvidarse de que estaba escribiendo ficción. Hachemi, en ese sentido, siempre nos está ofreciendo una obra artística, sin por ello renunciar a un enorme sostén de pensamiento académico y filosófico, y logrando, en mi opinión, cerrar sus temas de manera mucho más efectiva, con mayor solidez intelectual, sin esa sensación de evanescencia que en muchas ocasiones me provocaba la obra de la autora estadounidense.
Y es que si algo me ha quedado claro con la lectura de “El árbol viene” es que Munir Hachemi no necesita referencias, aunque las tenga. Tiene su propia voz y capacidad y talento más que sobrados para producir y defender su obra literaria. En el caso de esta novela, personas que disfruten de ficción especulativa como la citada de Le Guin, o como “Oryx y Crake”, de Margaret Atwood, o “Exhalación”, de Ted Chiang, seguro que disfrutarán de ella. Pero también lo harán cuales quiera que disfruten de la gran literatura, de los autores que toman riesgos y aciertan, y de novelas que te desafían y te llevan más allá de tu zona de confort y hacen que tengas que plantearte dilemas.
En “El árbol viene”, además de una notable obra de ciencia ficción, nos enfrentamos a un acertijo inmenso, en el que se nos propone el problema de nuestra propia inteligencia y evolución como especie y sociedad. Lingüística, antropología, religión, poética, historiografía, sociología, etnología… Cada pequeño detalle de esta novela esconde enormes connotaciones y preguntas, y nadie debería perdérsela. Por mi parte, desde luego, ya voy a por el resto de la obra de este autor que ya se queda en mi nómina lectora.
La buena ciencia ficción es un espejo donde vernos reflejados y este libro es una muestra de ello. Imagina un contexto muy estimulante para replantearnos nuestras certezas como sociedad y como especie. Nos propone un ejercicio de antropología futura y nos anima a preguntarnos sobre lo rápido que pueden mutar unas normas que entendemos como naturales
Cuando ocurre una vez, puede ser casualidad. Dos veces ya es a propósito. Así que no se me caen los anillos a la hora de afirmar lo siguiente: Munir Hachemi es un autor que trabaja con maestría los dobles sentidos literarios. Al fin y al cabo, su debut “Cosas Vivas” ya fue una espeluznante disección de las cloacas alimentarias en la que anidaba una teoría sobre los límites del relato autobiográfico sobre el que tanto se debate últimamente bajo el nombre de “autoficción”.
Y su segunda novela, “El Árbol Viene“, vuelve a ser un espacio en el que dos posibles novelas conviven de forma totalmente harmónica e incluso en beneficio mutuo. Por un lado, lo evidente: una apasionante distopía en la que una misión espacial fallida acaba dejando a una comunidad humana totalmente varada en un planeta hasta que se convierten en una civilización fascinante de extrañas costumbres. Por otro lado, lo menos evidente: una nueva exploración literaria, esta vez sobre el poder (y las trampas) del lenguaje a la hora de articularnos en forma de sociedad y comunidad.
La parte de la distopía podría parecer la más trillada. Pero no. Al fin y al cabo, vivimos un momento literario en el que esta práctica es moneda de cambio común y ha rebasado los límites de la ciencia ficción para ser abrazada por el entretenimiento de masas. Lejos quedan los referentes como “1984“, “Un Mundo Feliz” o “Fahrenheit 451” y cerca queda un modelo de ficción cada vez más extendido pero también cada vez más erosionado. Las nuevas distopías se revelan cada vez más incapaces de arrojar una verdadera advertencia sobre el futuro, ya sea porque se pierden en la parte de la ciencia, olvidándose de la ficción, o porque viven demasiado apegadas al éxito populista presente.
Pero ahí está el primer logro del libro: Munir Hachemi no busca un éxito populista presente y, de hecho, se atreve a ser aventurero y desafiante con una narración fragmentada a partir de diferentes voces que el lector debe reconstruir a modo de piezas de un puzzle lanzadas al viento y diseminadas en diferentes tiempos. El principal narrador de “El Árbol Viene” es o podría ser El Arqueólogo, nombre nada casual que denomina a una persona que cae entre los mulai como parte de una expedición y acaba quedándose entre ellos para intentar explicar qué ocurrió en el pasado para que estos humanos hayan acabado por alejarse de lo que entendemos por humanidad.
Pero también existen otros narradores en “El Árbol Viene“: con los capítulos de El Arqueólogo se alternan otras voces mulai que explican el mundo bajo su propio punto de vista. Y esto resulta apasionante por diferentes razones. La primera de ellas es por el estimulante desafío que propone Hachemi: cuando la voz es mulai, las palabras y el lenguaje que estos usan para referirse al mundo es un laberinto en el que el lector debe ir guiándose por puro instinto.
Por poner un ejemplo divertido: el lector tardará en entender que los lobos de los que hablan los mulai no son precisamente lobos. Por poner otro ejemplo especialmente magistral: hasta que El Arqueólogo especifica que para los mulai follar es absolutamente todo menos la penetración, es probable que el lector haya pensado (llevado por el hábito de poner la penetración en el centro del acto sexual con el que nos han adoctrinado) que los mulai estaban penetrándose continuamente los unos a los otros. “El Árbol Viene” atenta continuamente contra las expectativas del lector, obligándole a despegarse del lenguaje como herramienta fiable para entender el mundo y quebrando sus convicciones para forzarle a una empatía que nazca en la voluntad de entender a los otros (los mulai) en vez de explicarlos a partir de los patrones y códigos propios (del lector).
Y la propia estructura de “El Árbol Viene” hace lo mismo: la multiplicidad de voces es, de hecho, un reflejo directo de cómo estructuran los mulai una sociedad en la que el individuo se pierde y solo tiene sentido como parte de una comunidad. Una sociedad en la que los relatos tienen una importancia crucial e incluso guardan un espacio elevado, el scriptorium, para que las historias sean registradas. Aunque ese registro no se entienda como la acción de usar las palabras para fijar y anclar el relato en el tiempo, para convertirlo en algo unívoco y eterno, sino precisamente para todo lo contrario: para liberarlo como una acción viva que presupone que el relato irá mutando en el tiempo cuando otros accedan al scriptorium.
La narrativa como democracia. Y así lo escribe el autor: “En nuestras lenguas la escritura rectifica de alguna manera las curvas del lenguaje y fija el propio lenguaje; en la lengua mulai, la palabra escrita es tan líquida como… no, más líquida que la oral“. Un concepto realmente estimulante que apuesta por empoderar un lenguaje que siempre debería aspirar a ser más y más libre y a alejarse de cualquier tipo de corsé que lo enquiste en el espacio y en el tiempo.
Aquí llega entonces el segundo gran logro y el otro lado del doble sentido de “El Árbol Viene“: dentro de esta sofisticada y vibrante distopía, Munir Hachemi nunca se pierde en la parte de la ciencia (aunque la tiene en cuenta) y acaba apostando por la lengua-ficción más que por la ciencia-ficción. Puede que lengua-ficción sea un término estúpido, pero ya me entiendes: me estoy refiriendo a una ficción distópica construida a partir del lenguaje y no a partir de la ciencia.
En manos de Hachemi, la reflexión sobre el lenguaje se eleva hasta alturas realmente sublimes. Empezando por la advertencia de la trampa que suele ser precisamente este lenguaje: una vez perdieron el contacto con la Tierra, los mulai originales se olvidaron en tiempo récord de todo lo que creían intrínseco a la humanidad. “El Árbol Viene” lo tiene claro: el lenguaje es el cemento que hace posible que se sostenga la estructura de nuestra sociedad pero, como todo cemento, implica una rigidez que también puede ser entendida como prisión. Si las paredes de la prisión cae, los presos corren en libertad.
Leyendo “El Árbol Viene“, no puede evitar pensar en libros recientes que me han apasionado… Pienso en “Peregrino Transparente” de Juan Cárdenas por el uso del lenguaje para apresar lo desconocido; en “La Parte Blanda de la Montaña” de Álex Prada por el mundo “primitivo” que funciona con terminologías por las que el lector ha de moverse por intuición; en “El Libro de Todos los Amores” de Agustín Fernández Mallo por esa relación entre el lenguaje y el fin del mundo; y en “La Naranja Mecánica” de Anthony Burgess, claro, no por ser lectura reciente, sino por la creación de todo un lenguaje y una sociedad que funciona con sus propias reglas.
Pero, sobre todo, lo que pienso cuando leo “El Árbol Viene” es que la advertencia de Munir Hachemi no podría ser más gozosa. Él mismo escribe: “No estoy seguro de que los mulai conozcan la literatura. Desde luego, si entendemos por literatura el complejo dispositivo cultural que existe en nuestras sociedades, no la conocen; si la entendemos como el uso lúdico o hedónico del lenguaje, sí“. Y es que, por mucho que el lenguaje pueda ser una prisión, también puede ser un campo de puro hedonismo. Lo único que necesitamos es reventar el cemento y olvidar cualquier regla que nos impida movernos con libertad.
Un portentoso ejercicio de imaginación y documentación por parte del autor, no recuerdo haber leído nada parecido. Cada vez me fascina más como algunos autores pueden sorprenderte tanto en 200 páginas.
Siempre me han gustado las historias de ciencia ficción que tienen el lenguaje como elemento central en la trama. Es imposible comprender una lengua sin comprender la cultura que lo origina (y viceversa), son aspectos inseparables, así que las historias que se centran en el lenguaje suelen meterse en el charco de describir con detalles una cultura presumiblemente alienígena, y eso me encanta.
Para describir la lengua y la cultura mulai el autor combina a la perfección tres tipos de voces. En primer lugar, los relatos en primera persona de los mulai te sumergen en su cultura. En segundo lugar, los informes oficiales de los investigadores humanos enviados con el objetivo de establecer contacto presentan la lengua y la cultura mulai desde una perspectiva humana. Estos fragmentos están escritos de forma ensayística y con secciones censuradas, cosa que me acanta. Por último, tenemos el diario personal de uno de los investigadores. Esto es lo que me ha parecido más interesantes, porque en ellos se destacan las diferencias entre las culturas mulai y humanas en un plano mucho más emocional y personal, incluyendo desde sus hábitos alimenticios hasta sus costumbres sexuales.
No puedo decir casi nada de la trama porque cualquier cosa desvelaría desenlaces importantes, pero puedo decir que, partiendo de una premisa de lo más verosímil, Hachemi llega a lugares y desenlaces que yo jamás antes había leído.
Si no le doy las 5 estrellas es porque a veces el lenguaje me ha resultado recargado y me sacaba un poco de la historia, pero eso puedo ser yo que soy un ansias y leo sin diccionario. Por lo demás, lectura recomendada 100%.
Con una ambientación un poco "Dune" (al menos yo me lo he imaginado así) y un estilo descriptivo un poco "Las montañas de la locura" (especialmente los primeros apuntes del Arqueólogo), Munir construye un pequeño universo plenamente autónomo preñado de detalles imaginativos. El lector al principio avanza a tientas, pero pronto se siente como en casa, como en un mar conocido (aunque a ratos no haga pie ni palpe el fondo). Es una obra que arriesga, tanto en continente como en contenido, y acaba resultando sorprendente para lectores poco familiarizados con la ciencia ficción (o la ficción especulativa). En apenas 170 páginas consigue trazar una especie de alegoría sobre cómo se cimenta una cultura, con sus códigos y sus creencias. Las partes que tratan sobre la sexualidad de los mulai y la complejidad de su lengua me han resultado especialmente sugestivas. Seguiremos leyendo.
Qué pasada. Construye un universo fácil de seguir pero tan preciso (y creíble) que algunas veces olvidas que estás leyendo ciencia ficción. Totalmente recomendable.
Guau. Es arriesgada en su planteamiento y también en lo que transmite. Es evidente la influencia de Ursula K. Le Guin y creo ver un poco de China Miéville en su reflexión sobre el lenguaje, pero respira mucha originalidad en un ámbito literario como el español. Y aún siendo compleja en su reflexión se lee rápido, es ágil y engancha, es voluble como el idioma de los mulai, crea pensamientos en nuestra cabeza que dan vueltas y vueltas y que a cada uno le llevará a una conclusión distinta pero que no están desconectadas entre sí. Es un libro para tomar notas, muchas.
Una novela de ciencia ficción compleja pero muy original sobre el papel del lenguaje en la definición de nuestras realidades.
El comienzo del libro resulta un poco críptico, pero a medida que pasan las páginas, se desgrana, vaciles del autor mediante, lo mulai. Esto no siempre me ha parecido que funcione, pero sorprende y divierte cuando sí lo hace.
Es muy interesante cómo Munir Hachemi se sirve de una narración fragmentada para contraponer la forma en la que mulais y humanos perciben la realidad propia y la del contrario, siempre a través del lenguaje y sus derivadas.
También se destila, al igual que pasaba en Cosas vivas, una crítica directa a los modelos relacionales y de consumo de nuestras sociedades.
Ha pasado un año y sigo pensando en este libro. En cómo habla de lingüística, y de costumbres, de desfragmentar a conciencia una civilización y encontrarse con que ha aparecido una nueva sociedad con reglas y tabúes nuevos, no necesariamente aquellos que inicialmente se esperaba, pero nuevos.
Este libro alcanza las cinco estrellas por su grandísima originalidad. No había leído algo así hasta ahora y el resultado es realmente fascinante. Aún sigo digiriendo lo leído, sé que va a durar esta digestión y es de las pocas obras que piden una segunda y más pausada lectura. Sorprendentemente no soy muy amigo de los relatos de estructura fragmentaria, de entradas de diario o de género epistolar, pero aquí no solo no me ha molestado, sino que me parece que es parte esencial del efecto que produce. A través de sus partes (¿capítulos?) somos partícipes de las reflexiones, observaciones y experiencias de un antropólogo que se integra en una civilización en otro planeta (no quiero entrar en demasiados detalles). El aspecto antropológico es muy interesante (aunque no olvidemos que leemos una ficción, claro), el cual va intercalándose con textos que relatan los pensamientos y acciones de miembros de esa civilización/comunidad en otra línea de tiempo no muy lejana. El autor logra de manera fascinante ir desvelando detalles de ese mundo y su cultura poco a poco, integrados en el devenir de los hechos y las reflexiones. Lo que podía ser complicado de comprender en el primer tercio de la obra y parecer soberanamente „duro“ e irritante, se va desvelando en el transcurso de unas páginas que abren al lector aspectos filosóficos nada superficiales y que dejan numerosas semillas en la mente que alimentan ese rumiar tras esta lectura que también es intelectualmente retadora (he tenido que releer partes con calma, porque leerlo de corrido no es aconsejable). En resumen: una breve y no necesariamente fácil lectura con muchísimas caras, aspectos, originalidad y que no deja en absoluto indiferente al lector. Una muy agradable sorpresa y experiencia.
Es complicado hablar de este libro sin destriparlo, pero de lo que no hay duda es de que parte de una idea súper original. Resumiendo mucho, la novela (si se la puede llamar así) cuenta la formación y el funcionamiento de una nueva civilización humana: los mulai. Los mulai han permanecido siglos aislados en otro planeta y sin contacto con el exterior; como resultado de este aislamiento, han desarrollado su propia religión, tienen una cultura diferenciada y han creado un idioma cuya lógica resulta incomprensible. En el libro se alternan dos narraciones bien diferenciadas: por un lado se cuentan las vivencias de varios miembros de la tribu y por otro nos encontramos con los apuntes e informes de un arqueólogo que vive con los mulai durante varios años y que intenta explicar cómo viven, qué piensan y cómo se relacionan.
Un acierto que me parece muy importante es la forma en la que se construye la historia, porque el principio resulta todo un poco brumoso y solo cuando se acerca el final las distintas piezas van encajando y ves el conjunto de otra manera. La variedad de voces y registros enriquece mucho la lectura y creo que es un recurso muy bien empleado. El problema con esto es que el principio se hace un poco árido, y es que a la trama le cuesta arrancar: por momentos uno se cansa de no entender gran parte de lo que se lee. Del mismo modo, muchas de las partes más narrativas (es decir, aquellas que cuentan las peripecias de algunos mulai) me parecen un poco flojas, posiblemente porque soy un friki y en comparación con los informes me parecían bastante menos interesantes. Las reflexiones sobre el idioma mulai están bien y dotan a la historia de gran realismo, pero resultan algo exhaustivas de más para la gente a la que la gramática, la semiótica, la sintaxis y otras hierbas nos parecen obra de Satán.
Aún así, me ha alegrado mucho leer este libro porque la ciencia ficción (creo yo) no tiene mucha tradición en la literatura española e intentar hacer algo nuevo siempre es digno de admiración. Al margen de que algunas cosas no me hayan gustado, el libro es de una originalidad tremenda y yo, desde luego, no he encontrado ninguno parecido. Creo también que merece una relectura en el futuro, a ver si me mantengo en lo que he dicho o es que no me he enterado de misa a la media. ¡Muy recomendado!
Me ha parecido un libro maravilloso precisamente por su capacidad de desestabilizar al lector. No ofrece comodidad ni transparencia. Nos sitúa fuera de cualquier zona de control interpretativa, obligándonos a repensar el lenguaje, la estructura y hasta las categorías con las que entendemos lo literario.
Es un texto que subvierte las convenciones narrativas y desarticula la lectura lineal. Más que avanzar, uno atraviesa capas, fisuras y desplazamientos conceptuales que te obligan a cuestionar no solo lo que lees, sino cómo lees.
La obra funciona casi como un laboratorio: un espacio de experimentación sobre lo humano, lo social y la propia construcción del sentido. No busca emocionar, sino interrogar. Interroga al lector, a la sociedad y a nuestras formas de pensar, exponiendo las estructuras invisibles que organizan nuestra percepción del mundo.
Es simplemente sublime: por su ambición intelectual y por la manera en que desafía a la literatura tal y como la entendemos. Un libro que exige esfuerzo, pero que abre posibilidades que raramente se encuentran en la ficción contemporánea.
¿Qué tanto y qué tan rápido podría evolucionar una cultura radicalmente distinta sobre el “sustrato” de una anterior? Esa es la pregunta que Hachemi explora en esta fabulosa novela especulativa que es también ciencia ficción si en “ciencia” incluímos la antropología, la linguística y la ontología. Una novela perfecta para estas épocas en que se discute tanto sobre el “pluriverso”, es decir, ese mundo en el que caben muchos mundos o, dicho de otra forma, muchas formas de ser, saber, pensar y vivir.
Leí este libro mientras estaba viendo las películas de Dune. La verdad recomiendo esta experiencia. No conocía a la comunidad mulai, pero ahora que la conozco, por un lado me da tristeza no formar parte de ella. Aunque por otro lado, al haber leído sobre ella, puedo alojarla en mi cabeza para refugiarme en el domo y pasar unas horas en el scriptorium. Qué bonito qué bonito qué bonito 🥰
Creo que el haberlo escuchado como audiolibro hace disfrutarlo un poco menos, tengo la sensación de que si lo hubiera leído en formato papel sería un 5 estrellas
Hipnótico. Esa es la palabra con la que definiría esto después de terminar las 170 páginas de una historia que no se hace ni larga ni corta, sino que llega a su final con tanta naturalidad como empieza. Una naturalidad extraña, que no entiendes pero te contagia porque la narración es capaz de meterte en un mundo inexplicado como si estuvieses allí. Te hace pensar: “Vale, no sé lo que está pasando aquí, pero ya que está pasando vamos a echar un ojo a ver qué nos encontramos”.
El autor presenta una sociedad enigmática, los mulai, cuya existencia es descubierta por la humanidad gracias a una comunicación interplanetaria tan inesperada como, de algún modo, familiar. Tras ese contacto, la historia de dicha civilización se va abriendo camino por el libro en forma de retales de pequeñas historias, protagonizadas casi siempre por mulais con influencia destacable en su cultura y por un arqueólogo humano enviado en misión especial para estudiar a los habitantes de ese planeta mezclándose con ellos.
Los mulai son gente inquietante, con costumbres aparentemente ilógicas y que viven encerrados en unas instalaciones enormes de las que apenas salen y donde tienen todas las necesidades básicas cubiertas. De vez en cuando alguien la lía y lo acaban echando y a veces otro alguien se cansa y se va por su propio pie, pero por lo general están todos allí dedicándose a sus cosas. Aunque todo lo que pone en este párrafo podría ser perfectamente la sinopsis de Gran Hermano extraída de la página de Wikipedia del programa, lo cierto es que los mulai son gente con una noción de comunidad muy grande y un peculiar sentido artístico de la vida, así que también tiene un poco de Operación Triunfo.
Es una de esas historias que empiezas entendiendo poco más que las acepciones de las palabras que lees sobre el papel y conforme avanza vas siendo capaz de hilar teorías sobre el enigma que se plantea capítulo a capítulo hasta que todo se desvela. No sabría decir si esto es una obra de ciencia ficción u otra cosa. Porque el formalismo y las temáticas propias de la ciencia ficción están ahí, pero lo cierto es que durante toda la novela el viaje lo disfruté más en las palabras que en los hechos.
Una novela muy corta (170 páginas) y de lo más raro que leí desde El Niño del Gallo Negro. En este caso, "ciencia ficción". Una civilización que nace de un proyecto olvidado y que evoluciona durante unos 150 años sin ningún tipo de control o normas conocidas. Un hombre encargado de documentarla y ayudar a saber como proceder con ella en el futuro. Es difícil de entender, pero hipnótica de leer. Creo que es imprescindible una segunda lectura tras finalizarla, porque es tan diferente, que la primera lectura sería para ponerse en contexto, y la segunda para disfrutarla.
Increíble. Se lo tiene que leer cualquier persona que haya oído un programa de Post Apocalipsis Nau. “Todo sistema lingüístico es una forma de empobrecimiento.”
Lectura fragmentaria a través, principalmente, de los diarios e informes del arqueólogo, que investiga a los mulai ¿Y qué son los mulai, diréis? Pues sin hacer mucho spoiler, son un grupo de humanos aislados en un desconocido planeta, con una muy particular idiosincrasia.
¿Y qué es este libro? Ciencia ficción filológica/filosófica. O algo así. Un libro sin duda muy deudor de Solaris y su Solarística. Solo que si ahí se hablaba de la posibilidad de una forma de vida del todo diferente, imposible de concebir, de explicar, de lo otro, aquí se estudia una sociedad derivada de la nuestra, surgida del asilamiento y la ruptura. De la demolición de lo previo, de las estructuras entre las que nos desarrollamos como individuos y sociedad. Como se transforma todo, si hay una inicial voluntad de cambio: los roles de género, los roles sociales y, de lo que más se escribe en la novela, el lenguaje, la escritura, la forma de comunicarse. El habla creando la escritura. El lenguaje como juego, como inasible realidad, como un eterno puzzle fijando la historia, los mitos, la memoria colectiva, que puede o no ser verdadera.
Si bien los primeros capítulos son un poco WTF?, una vez vas viendo el juego, ensamblando piezas, encontrando el sentido, es una novela muy, MUY interesante. Una lectura más que recomendada.