La primera vez que leí Ifigenia tenía como 15 años y todo esto me parecía tan aburrido que hasta me saltaba páginas. Con esta relectura me he dado cuenta de tantas cosas, y he pasado la mayor parte del tiempo entre triste y molesta. Pero voy a ir por partes tratando de desahogarme y dando una opinión súper personal y sin spoilers.
María Eugenia Alonso, nuestra protagonista, es una muchacha de 18 años que con la muerte de su padre, debe regresar a Venezuela a vivir con la familia de su madre. La mayor parte de su vida ha estado en Europa, así que el choque con su familia de Caracas es sumamente curioso. María Eugenia, además de preciosa, es una muchacha muy culta y con unas ideas para nada ideales para una "señorita bien".
Al llegar a Caracas se da cuenta que a pesar de toda su hermosura e inteligencia, es pobre, pues la fortuna de sus padres ha sido entre dilapidada y robada. Como es una joven con apellido en la sociedad de la década de 1920, lo que mejor puede hacer es casarse. Y aquí entra todo el conflicto de la novela: ¿con quién se va a casar? ¿podrá conseguir el amor que tanto anhela su corazón? ¿podrá enamorarse y al mismo tiempo conseguir alguien que le provea de lo que tiene?
En las páginas de esta novela podemos ver no solo la personalidad vivaracha e impulsiva de nuestra María Eugenia, sino de toda su familia y amigos que quieren moldearla a su conveniencia. Está Abuelita y tía Clara, pero también está tío Eduardo, tío Pancho, María Antonia, Mercedes Galindo y Gregoria. Esta es una mezcla variopinta de personajes que solo hacen sentir a María Eugenia entre sola y desamparada.
Por su parte, las imposiciones morales y religiosas de la época lo que hacen es prohibir prácticamente que viva una vida, que para los lectores que leemos la novela en la actualidad, nos parezca normal. Ya la independencia de María Eugenia no es la que vivió durante 3 meses en París, sino que todo lo que hace o dice debe pensarlo o hacerlo para agradar a los demás. Desde la forma en la que viste hasta su comportamiento social y casero, todo pasa por un escrutinio y una letanía de quejas que fastidian a María Eugenia.
En cuanto a la parte del romance en la novela, honestamente, los dos pretendientes me parecieron nefastos. Prefería que María Eugenia no se casara con nadie, como decía tío Pancho. Como he dicho en otro lado, César Leal es el novio tóxico que te prohibe hasta respirar: nada de escotes, nada de bailes, nada de pinturas, nada de ese vestido rosado, nada de cabello corto porque es indecente, nada de pensar, nada de ser una bachillera, nada de lecturas, nada de nada. Por su parte, Gabriel Olmedo es el fuckboy que te deja vestida y alborotada y a los años vuelve esperando que dejes todo por él. No me gustó ninguno de los dos personajes, y aunque el final es triste que el "amor" no venza, es algo demasiado cierto que en la vida de las señoritas de la época, el casamiento no era precisamente en la mayoría de los casos por amor.
María Eugenia puede pecar de superficial y de tonta a veces, pero es una joven que está atrapada en una vida en la que no puede decidir nada. Y me gusta mucho que Teresa de la Parra haya expuesto de esta forma las contrariedades de las "señoritas bien" de su época. Es un libro romántico que a veces me recordaba un poco a las historias de Jane Austen. Hay mucho feminismo e ideas claramente escandalosas para la época.
También, aunque no tanto, hay algún tratamiento de la sociedad en la que se vive. Hace poco leí que en esta novela hay racismo, y definitivamente lo hay. Los negros o incluso los mulatos son vistos como seres inferiores, sucios, brutos, tristes y sin gracia. Lo blanco es lo bello y lo moreno o trigueño no es suficientemente bueno como para ser tomado en cuenta. Es evidente que este era un pensamiento común de la época, además que esta novela no busca ser precisamente inclusiva. Y hago este comentario por la ya evidente cultura de cancelación de la que, al parecer, formamos parte. Sin embargo, y a pesar de las descripciones de lo negro y de las comparaciones del jabón blanquísimo con las manos negras de Gregoria, es evidente que este es el personaje más razonable de toda la novela. Supongo porque no tiene que guardar apariencias ni le importa el qué dirán.
De los personajes que más odié están tía Clara, César Leal, Gabriel Olmedo, tío Eduardo y un poco a tío Pancho, porque me parecía un poco viejo baboso. Y nada, ese final tan triste, tan triste, me dejó un sabor de boca fatal. Que ya yo sabía qué era lo que iba a pasar, pero igual, verlo tan tangiblemente es triste.
En cuanto a la prosa y estructura, me encantó la forma en que está narrada Ifigenia. Es ameno, sencillo, bonito y un poco (bastante) cursi. Creo que la forma en la que escribía Teresa de la Parra es profundamente femenino y delicado. Y nada, que me encantó, la súper recomienda tanto a hombres como a mujeres. Si quieren leer algo que represente el feminismo a principios del siglo XX, este es el libro.