Aquí estoy yo, leyendo un libro sobre una película sobre un viaje a una habitación. Entonces, por unos segundos soy yo a los 19 años, ahí en el libro, viendo Stalker de Tarkovski en una sala enana, con una pantalla ínfima, en una silla incómoda y sola. Sola de haber ido sin compañía a ver esa proyección y sola de que no había nadie más en esa sala. Solo el que la ponía, muy emocionado, que hoy creo que era un cineasta que había estudiado en Rusia, y que ha hecho un par de películas enrevesadas pero harto interesantes. Esto no es una metáfora, ni una apropiación simbólica ni un recurso literario. Es real. Esa escena casi idéntica está narrada en el libro, salvo que la película que ve el autor es La aventura, de Antonioni: "Una película en blanco y negro, en italiano, con subtítulos en francés, en París, en agosto, cuando aún no tenía treinta años: un caso de soledad digno de estudio". Es un guiño humorístico del autor, claro, pero con su toque de verdad. Al leer esto caí en cuenta de esa soledad digna de estudio de la que no me había dado cuenta entonces.
Para más señas y coincidencias (de las que le suceden a Dyer con esa película) sí, este es un libro sin género claro sobre Stalker, el filme del cineasta ruso Andréi Tarkovski, que prácticamente inventó una nueva forma de hacer cine, al desafiar la estructura de montaje del tiempo cinematográfico, la duración de los planos y la yuxtaposición de los mismos. Dyer está obsesionado con este filme y lo ha visto decenas de veces en un loop infinito, buscándolo en los cines de cada ciudad a la que va. Y otra vez un paralelismo con mi vida: tengo una película que he repetido infinitas veces y que cuyo primer visionado fue mágico, pero se dañó la película apenas empezada la primera secuencia, así que recorrí la ciudad entera (2 horas de viaje), para llegar al otro cine en el que la pasaban (estaba solo en cartelera ese día por un festival). Esta historia parece completamente sacada de este libro, pero es que quizás los cinéfilos nos parecemos.
En fin, esta no es una reseña sobre mí, pero termina siéndolo porque Dyer está tan imbuido en este libro (que no es un ensayo, ni una autoficción, ni una biografía, ni una crítica cinematográfica, pero es todo ello a la vez), que te arrastra inevitablemente a esa magia de sincronización que asoma por su vida en su relación con Stalker, y que reproduce en estas páginas.
Y lo hace en la forma de un texto híbrido que, personalmente, disfruto bastante. La intertextualidad abunda. Están Rilke, DeLillo, Coetzee, Berger, Camus, Lem, Barthes, Calasso, Zizek, Heidegger... y el propio Tarkovski en su célebre libro "Esculpir en el tiempo". Ello, junto con un análisis minucioso cuadro por cuadro -que sería lo mismo que escena por escena- y su propia experiencia como espectador seducido por un filme, además de reflexiones profundas sobre la vida, y el significado figurado y literal de "La zona", hacen de este libro una exquisitez, sin llegar a ser pedante ni infumable. Todo lo contrario. El tono cálido, familiar y casi anecdótico del autor lo convierten en una narración muy agradable.
Al final, quedan las preguntas que Dyer no llega a resolver: no importa y no le interesa. ¿Existe "la zona"? ¿Está en la cabeza de Stalker? ¿Stalker es "la zona"? ¿Es "la zona" el fin ulterior de la esperanza?
Recomendado al cien.