Parece ser que, pregunte a quien pregunte en mi entorno, todo el mundo ha leído "algo" de Eduardo Mendoza, aunque ese algo se traduzca en "un" libro. Y así las cosas, me resulta difícil valorar Mauricio o las elecciones primarias en perspectiva (si alguien puede arrojar una visión de conjunto se lo agradeceré), ya que yo también me encuentro dentro de esta generalización: mi único libro del autor hasta el momento era Sin noticias de Gurb. Y lo cierto es que comparar ambas obras es como mirar a la vez dos elementos antitéticos: Sin noticias de Gurb rebosa un humor liviano de esos que te hacen esbozar una sonrisa cuando lo evocas. Mauricio o las elecciones primarias, por el contrario apunta hacia una profundidad taciturna que nunca llega a cuajar. La trama despega de tal forma que parece que el autor se dedicará a escarbar en los cambios socio-políticos de la Barcelona post-franquista pero, antes de que te des cuenta, Mendoza realiza una pirueta argumental en la que se intuye un mayor interés por los personajes: el escritor utiliza el fantasma del SIDA para poner la lupa sobre los personajes más que sobre el panorama social. Finalmente, ni uno ni otro: más allá del epicentro del libro, una y otra trama se difuminan y nunca acaban de centrarse. Y con ese desenfoque llega el desinterés por parte del lector: te da igual lo que le pase al Partido Socialista (porque, básicamente, ya sabes qué pasó) y te da igual lo que les pase a unos personajes débiles y antipáticos, inverosímiles en su frialdad desconectada de la realidad emocional. Y es una pena: el libro esboza un panorama que podría resultar apasionante. Pero, en esta ocasión, el estilo impecable de Mendoza resulta insuficiente para atraparte: la narrativa impoluta del autor acaba resultando tan poco emocionante como la vida de sus personajes y, en conjunto, el libro acaba escorándose en una abulia apática.