Visca la terra i mori lo govern.
El fin del siglo ha visto cómo se multiplican los signos de descontento contras las debilidades económicas y los fracasos políticos del poder central. Se había dicho: Cataluña es la patria, España es la nación. Se dirá: Cataluña es la nación, España es el Estado. [...] Maragall: “Adiós España”.
A decir verdad, ese “nacionalismo burgués”, hoy bien estudiado, lleva en sí sus propias contradicciones: ¿podría, ala espera de un “Estado catalán” hipotético (y que se guarda de proponer para lo inmediato), prescindir de toda esperanza de influir en el Estado español y de la garantía social de éste? En 1918, Cambó, jefe del partido catalanista (La lliga), acepta entrar en un gabinete Maura. Y lo años socialmente trágicos de 1817-1923 ven a los patronos catalanes colocarse tras el general.policía Martínez Anido, esperando que La lliga acepte, si es que no la sugiere, la dictadura de Primo de Rivera; el espíritu de clase ha sido más fuerte que la afirmación “nacionalista”. [...] Esquerra republicana debía mucho a un hombre,Francesc Macià, había conmovido las conciencias a pesar de ser un fracaso [...] un patriotismo casi mítico, una total pureza moral, una buena voluntad social ingenua (quería asegurar, se decía, a cada catalán la caseta i l’hortet), hacía de Macià una figura carismática y familiar a la vez, la de un abuelo (l’avi).
Finalmente, el hecho religioso tenía valor de símbolo. El marqués de Valdeiglesias cuenta en sus memorias que al día siguiente de la frase de Azaña, “España ha dejado de ser católica”, aquellos amigos que no iban a misa volvieron a la iglesia. Los aspectos “religiosos” de la España de 1936 descansan sobre estas transferencias.
En Madrid, el “Movimiento” no está seguro de ganar. Es la sede del poder, muchos oficiales son republicanos, la superioridad de la UGT sobre la CNT puede incitar a armar a los obreros. La táctica de los sublevados será, pues, defensiva. Se harán fuertes en los cuarteles. Se cuenta con la acción de lo que Mola llamará más tarde su quinta columna, acción abierta o secreta de civiles favorables al “Movimiento”. Otras cuatro “columnas”, a partir de provincias sublevadas, habrán de converger sobre Madrid. Ésa es, todavía, una imagen del siglo XIX.
¿Por qué se convirtió la destrucción de Gernika, a su vez, en acontecimiento-símbolo? A veces, se dice hoy que el mundo, después de Gernika, “ha conocido cosas peores”. Pero Gernika fue la primera en ser destruida, y por aviones alemanes. Este hecho podía tener tales implicaciones que los responsables lo negaron, sus partidarios les creyeron y los timoratos hicieron como que no les creían.
Fuero del trabajo. Debe convertirse en “ley fundamental” del régimen, pero en esa fecha no es sino una “Declaración de Derechos”. Se pueden distinguir en ella: 1) afirmaciones tan vagas que se prestan a sonreír, como “ el trabajo no puede reducirse a un concepto material de mercancía”; “el Estado valora y exalta el trabajo otorgándole las máximas consideraciones”; 2) el anuncio de medidas defensivas y humanitarias que, de hecho, existen desde hace largo tiempo, como la prohibición del trabajo de noche a las mujeres y niños, el descanso dominical, el respeto de festividades religiosas y tradicionales, entre las cuales está la Fiesta del Trabajo ; 3) se anunció una legislación del trabajo: limitación razonable de la jornada, salario mínimo suficiente, indemnizaciones familiares y vacaciones pagadas prometidas, pero no precisadas. Sin embargo, la proclamación del derecho al trabajo parece implicar, sin duda, una limitación a la libertad de despido para la industria, pero queda menos claro en el caso de la agricultura, puesto que se señalan las obligaciones estacionales, y se liga el nivel de los salarios a una eventual revalorización de los precios agrícolas.
Pablo Neruda: Venid a ver la sangre por las calles, / venid a ver/ la sangre por las calles,/ venid a ver la sangre/ por las calles!
Gerald Brenan. Su testimonio es esencial por lo que hace a la “ingenuidad” inicial de los anarquistas. Incendian una tienda de alimentación porque el tendero es impopular; tiene la costumbre de insultar a los mendigos, cosa impía; pero no se reparten los comestibles: “eso hubiera sido robar”.
Gernika, es verdad, conmovió al mundo. Porque los vascos, para quienes se trataba de su ciudad sagrada, gritaron su dolor; porque la prensa inglesa, la mejor informada, supo decir que se trataba del primer ensayo del terror nazi, y porque el estado mayor franquista, inquieto por el efecto producido, prefirió negarlo y atribuir el incendio “a las hordas en su huída”. El mundo se dividió entonces en dos creencias: Gernika, símbolo de la guerra fascista amenazante; Gernika, símbolo de la “mentira marxista” (otra audaz inversión de responsabilidades). H. Southworth ha estudiado admirablemente esta característica del siglo XX: la imagen del acontecimiento, por el efecto mediático, es más importante que el acontecimiento mismo. Es verdad que también está Picasso. “¿Es usted quien ha hecho el Gernika?”, le preguntó un oficial alemán. “No, ustedes”. Verdadera o no, la anécdota deja las cosas en su sitio.