«Fue cuando la flor del vino se moría en penumbra
y dijeron que el mar salvaría del sueño.
Aquel día bajé a tientas a tu alma encalada y húmeda.
Y comprobé que un alma oculta frío y escaleras
y que más de una ventana puede abrir con su eco otra voz, si es buena».
Una mujer que en tiempos fuera importante para mí me dijo que por las noches era capaz de leerme, visionar mis adentros de manera transparente
Algo de razón había. Sospecho que por ese espacio es por donde me ha calado este poemario.
Al final todos leemos y escribimos poesía para que nos remueva las tripas, ¿no?
Lo he devorado en una hora de madrugada, y no quiero decir mucho de ella por no romperle la mística ni desvelar nada más allá de un par de matices meramente contextuales:
- Este es un poemario surrealista, dentro de los cuales no es especialmente obtuso. Su lectura requiere una sensibilidad especial y un tipo de inteligencia dada al símbolo y la intuición.
- Es un poemario muy bien formado, cuyos poemas están conectados; pueden servir y ser significativos como piezas estancas, pero donde refulgen es en su contexto original. Tienen formas irregulares y versolibrismo propio de las vanguardias, pero todo con sentido. Eso sí, escaso ritmo (que es algo que a mí, en lo personal y visto el calibre de la obra, me da igual).
Nunca había leído a Alberti y nuestra presentación ha sido a corazón abierto, viéndole el alma, pues sospecho que esta debe ser de sus obras más introspectivas y viscerales. También he visto en su viaje angelical mi reflejo, entre hondas melancolías nos entendemos.
Pactos así no se olvidan, me ha encantado, volveré.