En la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, Sor Juana dice: “No me acuerdo haber escrito por mi gusto sino es un papelillo que llaman El Sueño.”
Entender el Primero sueño es una tarea ardua, implica estar dispuesto a abrir una especie de caja de Pandora positiva, un cofre del tesoro infinito y hacer personal la frase de Sócrates “sólo sé que no sé nada”. ¿Por qué? Porque cada uno de los versos te hará buscar, investigar, leer, viajar, aprender, conocer más y cada vez te darás cuenta de lo poco que sabes… Es increíble… es como un fractal de conocimiento.
El Primero sueño es un poema filosófico con un tema nuevo para la época. Ahondaré un poco más en cada elemento de esta frase.
Sor Juana escribió el “papelillo que llaman El Sueño” a la manera de las Soledades de Góngora. Quizá en nuestra época sentimos que eso de copiar un estilo o hacerlo a la manera de alguien demerita la originalidad de una obra artística, pero esa sensación es contemporánea. Antaño, los artistas se copiaban entre sí y la décima musa imitó al más grande de la época. Como las Soledades de Góngora eran dos, se pensó que habría un “segundo sueño”, por eso los editores le pusieron Primero sueño, nombre con el que lo conocemos hasta hoy. Recordemos que los epígrafes o “explicaciones” de cada poema los escribía alguien más para darle una idea al lector de por dónde iba la obra.
Estructuralmente es un poema de largo aliento porque tiene 975 versos. El Primero sueño de Sor Juana, la Muerte sin fin de Gorostiza, Blanco de Paz e Incurable de Huerta son los grandes poemas de largo aliento de la literatura mexicana. Está escrito en forma de silva, como las Soledades de Góngora. Una silva es, a grandes rasgos, una composición corrida de versos endecasílabos y heptasílabos con acento en la sexta sílaba, ¿te imaginas escribir casi mil versos con una métrica y ritmo precisos? Es simplemente impresionante.
Es un poema filosófico porque trata del amor por el conocimiento. El libro habla del cosmos, del cuerpo humano, de las flores, de historia, medicina, física, mitología, geografía… es un viaje por el conocimiento de aquella época. Para resumirlo transcribiré las palabras del padre Diego Calleja: “Siendo de noche me dormí, soñé que de una vez quería comprender todas las cosas de que el universo se compone, no pude, ni aun divisas por sus categorías ni aun sólo un individuo. Desengañada, amaneció y desperté…” …
Es importante señalar que presenta un tema nuevo para la época. En el siglo de oro español, la moda era escribir sobre lo que se podía ver como los paisajes o escenas de todo tipo con un lenguaje hermoso y elaborado. El primero sueño aparece un poco después (1692) en la Nueva España, pero sigue dentro del barroco del siglo XVII. Lo asombroso es que sor Juana habla de algo que no se puede ver, de un viaje más elevado por las ansias de saber, las ganas de conocer. Hay otros “sueños” como La vida es sueño de Calderón de la Barca, pero el tema que tocó Sor Juana fue súper vanguardista.
Todos conocemos a Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana, la Décima musa o el Fénix de América (el Fénix de los ingenios era Lope de Vega). Su imagen sale en todos los libros de historia, literatura, objetos, ¡hasta en los billetes! Hay miles de instituciones educativas llamadas como ella. Mi escuela primaria fue una de ésas. Quizá ahí empezó mi amor por Sor Juana. Las monjas nos contaban sobre su vida y hacíamos dibujos. Todavía tengo uno en el baúl de los recuerdos donde está en la biblioteca de su abuelo cortándose el cabello por no aprender…
Desde 2017, el Primero sueño es mi libro favorito porque me identifico mucho. Una mujer que quiere saber, sólo por saber, no por hacerse rica o famosa, sino por conocer y entender la naturaleza de las cosas. Como dice en la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz: “No estudio por saber más, sino por ignorar menos.”
Hasta ahora, mi edición favorita es la de Alfonso Méndez Plancarte publicada por la UNAM, pero está en el tomo de Lírica Personal del Fondo de Cultura Económica de Antonio Alatorre y en la edición anterior. Si te enganchas, hay muchísima información, hay ediciones de Margo Glantz, Abreu Gómez, Las trampas de la fe de Octavio Paz y un largo etcétera.
El “papelillo que llaman el Sueño” es, para Sor Juana, lo único que escribió por gusto; para muchos es la obra más importante de la décima musa; para mí, es el poema que me abrió las puertas al gran caudal de su escritura.