Espadas del fin del mundo es un cómic de ambientación histórica y acción cruda. Narra los combates de Cagayán, una espectacular escaramuza entre soldados castellanos de la época de los tercios y piratas japoneses, que tuvo lugar en 1582 en Luzón, al norte de las Islas Filipinas. Acero toledano contra katanas japonesas, dos formas de lucha antagónicas enfrentadas a muerte.
El protagonista es Juan Pablo de Carrión, un capitán de pasado sombrío que navegó junto a Villalobos y comandó la lucha contra los japoneses en Cagayán. Uno de tantos hombres curtidos, aventureros tenaces que recorrieron el globo sin apenas conocer sus aguas, poniendo su pellejo y alma en riesgo para descubrir costas lejanas enfrentándose a todo tipo de peligros.
Es un episodio de la Historia muy desconocido, cuando los piratas japoneses (ronin) se enfrentaron a los españoles en Filipinas para hacerse con el control de la región.
http://elestantecombado.blogspot.com.... Cuando leí que se estaba creando un cómic hablando de glorias nacionales, pensé en un nuevo Capitán Trueno o un Jabato. No en vano, quitando la versión en viñetas del Capitán Alatriste, creo que no debe haber en España algo parecido desde aquellos, fuera algunas iniciativas privadas sin continuidad, como ésta a la que nos vamos a referir. Más adelante fui recibiendo más informaciones esporádicas: que si Tercios, que si crowdfunding, que si Imperio de Ultramar... Estaba en pleno auge la merecida inhumación de la memoria de Blas de Lezo, y parece que a remolque vinieron -aleluya- otras iniciativas similares. Así que me puse a indagar y me gustó lo que descubrí:
El personaje es palentino. Para más inri de Carrión de los Condes (ciudad con la que me identifico desde hace más de 15 años). Y se llama Juan Pablo. Además, parece que existió de verdad y los hechos narrados en el cómic son reales. ¡Para qué más!
No es nada nuevo reconocer que en este país parece que nos gusta más hacer sangre de nuestros errores que alabar nuestros aciertos. Y por eso aludir a la gloria de aquellos tiempos en los que en España no se ponía el sol sigue pareciendo, a ojos de algunos recalcitrantes, reminiscencias dogmáticas escolares de épocas más recientes. Pero que no, hombre, que España tuvo su gloria. Y mucha, ¡que lo suyo les costó!
Y aquí es donde Ángel Miranda (guión) y Juan Aguilera (dibujo) se cruzan para recrear en viñetas una escaramuza con aspiraciones a orillas del río Cagayán. No me tomen a desprestigio degradarla de batalla a refriega, pero es que al final de las 72 páginas del álbum se me quedó un poco de sabor a quiero más. Que el hecho en sí, a ojos de los protagonistas, puede ser que no pasara de un cruce de espadas más de los que escribieron con sangre la historia de una de las épocas más violentas de la humanidad. Hoy lo vemos con un poco más de épica: cuando los zarrapastrosos soldados españoles mojaron la oreja de los mitificados samuráis japoneses. Acero toledano contra katanas pre-Hattori Hanzo tarantiniano. ¡Casi ná!
Un diez para la documentación, para la búsqueda de fuentes y el hilvanado de los hechos que facilitaron la creación de una historia verosímil sobre un capítulo medio totalmente desconocido. La información que se sirve en paralelo al cómic sobre cómo éste fue concebido, ideado y parido da una idea de lo difícil que es poner tinta sobre papel para crear algo así. Una pena que no consiguieran meter algo más en el tebeo. No sé, la típica paja de un guión hollywoodiense para estirar la trama, profundizar en los antecedentes de mi tocayo y protagonista, permitirse ficcionar un poco con los hechos paralelos, estirar la batalla con algún desenfoque hacia otros personajes…
En fin, la escaramuza del río Cagayán tal vez no tuvo mucha repercusión política en la época, si bien pudo ser fundamental para asegurar la españolidad de las Filipinas hasta la otra escaramuza que acabó con el desastre del 98. En su tiempo tal vez no pasara de algunas hojas en algún informe burocrático convenientemente archivado. Hoy gracias a este libro se vuelve a hacer justicia a los soldados casi anónimos que hicieron posible esa grandeza nacional de la que tanto nos han hecho ‘avergonzarnos’. Ojalá sea el primero de alguna serie en la que sigamos conociendo estos extractos pormenorizados de la historia de España.
Uno de los descubrimientos del verano. Un cómic que, con algún punto flojo en lo narrativo -en justicia la puntuación debería ser de 3,5 estrellas, pero el mérito de la forma en que salió adelante le otorga la otra media estrella final-, pero que merece ser reseñado en breve en The OCCULT Herald. Para los que gusten de descubrir episodios increíbles de la historia de España. Una gran historia de aventuras.
Interesante historia que nos muestra un hecho histórico, bastante desconocido, en el que tropas españolas se enfrentaron a los japoneses en Filipinas para finales del siglo XVI.
Las ilustraciones me han gustado mucho, y la historia es bastante amena y dinámica, el problema es que me ha sabido a poco, demasiado corta y me esperaba mas contenido.
Realmente no conocía los hechos históricos que llevaron al enfrentamiento de Carrion y Tay-zufú El material adicional me gustó mucho y me dejó con ganas de saber más
Espadas del fin del mundo es autoeditada que consiguió hacerse mediante un crowdfunding llevado a cabo en Verkami. Es decir: contó con micro donaciones de mecenas que permitieron financiar el proyecto y sacarlo adelante. Es un formato que me gusta, ya que así los autores no dependen de los caprichos editoriales a la hora de dar forma a sus obras. El protagonista es Juan Pablo de Carrión, un capitán de pasado sombrío que navegó junto a Villalobos y comandó la lucha contra los japoneses en Cagayán.
Estamos ante un personaje curtido en mil batallas, que está cansado y asqueado por una corona que ha abandonado a sus súbditos en unas islas recónditas en medio del Pacífico y que solo sirven de base de operaciones de la ruta conocida como Galeón de Manila. Este era un barco que llevaba a China plata y oro y que volvía a México con todos los productos de lujo que los funcionarios de la dinastía Ming tuviesen a bien venderles: porcelana, especias, biombos y otros elementos decorativos. Del mismo modo, una comunidad de asiáticos se instalaron en Manila, conocidos como sangleyes, con el objetivo de poder medrar en el propio territorio español. Finalmente, existían otras personas, conocidas como piratas wako, que eran de procedencia japonesas. Estos eran samuráis ronin (sin señor feudal al que servir bien porque habían fallecido, bien porque estos habían sido desterrados) y campesinos ashigarus, personas del pueblo llano entrenadas para el combate.
Cuando en la prensa salen a veces noticias con el título: “Los combates de Cagayán, cuando los tercios vencieron a los samuráis”, debéis saber que os están engañando. Ni lucharon tercios, ni lucharon samuráis. Por parte de españoles eran seguramente delincuentes, proscritos y soldados veteranos que iban a Filipinas a morir, mientras que por parte de los supuestos samuráis no había más que piratas wako, campesinos y, si, algún ronin despistado. Los combates de Cagayán están más cerca de la visión de Ángel Miranda y Juan Aguilera que de ciertos periodistuchos que se las dan de historiadores que se pueden leer en ciertos periódicos normalmente de derechas porque es importante recalcar la grandeza de España durante toda la historia de la humanidad, sea cierto o no lo que cuentan.
El cómic lo componen apenas ochenta páginas, pero es el espacio perfecto para contarnos una historia como esta: la de un hombre que va a hacer frente a una amenaza que no va a dejar de aparecer, sabiendo que, seguramente, va allí a morir. Por otro lado, de forma secundaria, tenemos la visión de los piratas, que quieren llegar a un acuerdo sobre las islas, ya que ellos también quieren establecerse allí. De nuevo, no es un intento de invasión de Japón (por aquel entonces ni existía dicho país), sino la estrategia de unos delincuentes de poder establecer un lugar donde vivir. Todo son penurias por ambos bandos, son personas sin esperanza alguna que no alberga ni un ápice de la grandeza que algunos pretenden atribuir a este suceso. Y los autores lo plasman muy bien. El dibujo de Juan Aguilera es perfecto para plasmar esta sensación de abandono y de desesperanza por ambos lados. Al final, unos están peleando por su supervivencia, y los otros por los intereses de un monarca que jamás pisó estas tierras ni tuvo el más mínimo interés de hacerlo.
Es un cómic que desmitifica mucho, y es necesario que haya obras así. Que no se lleve a engaño el lector: España tiene momentos brillantes en su historia que merece la pena rememorar como grandes victorias y como gestas épicas. Este episodio no es uno de ellos, pero merece ser recordado como un reflejo de cómo la corona trataba a sus súbditos en Filipinas.
Magnífico comic con una historia muy real y muy bien documentada. Obviamente está narrada desde el punto de vista español, pero con una elegancia que no deshumaniza a los enemigos. Y por ello me he llegado a preguntar cómo se verán estos mismos hechos en Japón. ¿Se hablará de la conquista fallida de Filipinas por intrépidos aventureros y osados exploradores que murieron a manos de inhumanos salvajes venidos de tierras muy lejanas?
Porque seguro que lo que para nosotros son piratas para ellos son conquistadores.
Sin ninguna duda un buen comic, muy fidedigno, muy bien dibujado que merece la pena leerse para conocer un poco más de nuestra historia y de lo que enfrentaron con valor nuestros antepasados.
Muy interesante propuesta española, crowdfunding una vez más, que relata, en clave de historieta, una curiosidad histórica: una escaramuza entre piratas nipones y soldados españoles (época de los tercios) en 1582, Filipinas. Acero toledano contra katanas, como imagen principal. Muy cortito, se lee de una sentada (correcto), con un arte muy plano y demasiada luz (pero de diseño correcto) y narrativamente muy superficial (pero, para lo que cuenta, supongo que es correcto). 4* por la curiosidad/idea, el trabajo de investigación (que queda detallada al final del tomo) y la determinación para editar un cómic a través del crowdfunding. Creativamente: 3,5*. Recomendado para amantes de la historia.
Un libro que narra unos hecho bastante desconocidos de la historia española. La narración es fluida, dejando mucho al lector y las ilustraciones siguen un estilo dinámico y suelto que ayudan a meterse en la narración.
Obra históricamente acertada, de factura muy buena y bien narrada. El único pero que podría ponerle es en la selección de la Tipografía para los bocadillos. Por lo demás, una lectura de lo más interesante y amena. Con muchas ganas de que salga la segunda de esus autores basada en Blas de Lezo
Bon guió -bassat en successos reals- i dibuix acceptable. La segona edició compta amb extres molt interessants (procés de documentació històrica per a l'elaboració, breu relat complementari a la història principal...)
Una historia curiosa y bastante desconocida de las aventuras de los tercios españoles a lo largo del planeta, esta vez en las Filipinas. Buen trabajo gráfico y de documentación al que quizás le falta algo de chispa en su desarrollo y guión.
Excepcional edición, comic entretenido y muy bien documentado. Se aprende un poco de historia con él. Es imprescindible leer todos sus apéndices y anexos finales.
debería de venderse como fascinil comic y no como tomo ya que lo demás del libro es relleno. la historia está bien pero muy corta. excesivamente corta.