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First published January 1, 1991
Lo que, por otra parte, le llama la atención en esta etapa de la existencia de Abdul, es su concordancia sincrónica con las más oscuras y abismales experiencias de su amigo de siempre, Maqroll el Gaviero. Podría pensarse que se hubiesen puesto de acuerdo para hacer ambos, cada uno por su lado, ese abyecto recorrido y transitarlo hasta sus últimas consecuencias, sin perder, ninguno de los dos, su altanera visión de un destino escogido para ellos y apurado hasta la última gota de su desventura.A lo largo de la novela, Abdul Bashur sueña, visionario, con paciencia y sin apuro, de un navío clásico y arquetípico:
Pero si eso no sucede y el barco no aparece nunca, me daría igual. Ya aprendí y me acostumbré a derivar de los sueños jamás cumplidos sólidas razones para seguir viviendo.Bashur y Maqroll conviven cómodamente con espejismos y espejos engañosos del mundo. Como afirma Maqroll en una conversación con su amigo
Un espejo, y esto es algo que existe en todos los mitos de la tierra, un espejo no se puede romper. Un espejo refleja esa otra imagen nuestra que nunca conoceremos [...] pero un espejo, también, es el camino hacia ese otro mundo desconocido, que para siemrp nos estará vedado si rompemos el cristal que lo oculta.En la serie de Maqroll el Naviero siempre nos movemos por el revés del tejido, trazamos las costuras, se nos atraviesan nudos imprevistos pero siempre nos queda la certeza que el anverso retrata el misterio esplendoroso de la navegación por los mares y ríos de la vida.