Me ha gustado mucho leer La Regenta en clave erótica. La fascinación por lo erótico y lo sórdido de Clarín aparece todo el tiempo reprimido, casi parece el autor su propia Regenta literaria. En los subterfugios de la narración aparecen, en el contexto de la Vetusta asfixiante, las anomalías, las aberraciones, la sexualidad extraña. El puritanismo como una sexualidad anómala que forma seres reprimidos y frustrados.
Y hay muchas desviaciones en el texto: desde las autoprovocaciones, la homosexualidad de algunos personajes masculinos, las tendencias lesbianas de las amigas de Ana, las opiniones sobre la prostitución, el frío como afrodisíaco, la asexualidad brutal de la madre de Fermín. Y, sobre todo ello, la capa de la religión que distorsiona aún más el erotismo del pueblo reprimido. El poder es un afrodisíaco para el Magistral, hay bacanales, se habla de la mortificaicón corporal. La negación o la búsqueda. Me ha parecido una matriz semántica en todo el texto.