Me es difícil dar calificaciones bajas, creo que se debe a que siempre quiero leer los libros que aquí agrego, y encuentro en ellos motivos para seguir; es extraño que me obligue a terminar un libro, como me ocurrió con Los días enmascarados. Carlos Fuentes es un escritor «escurridizo», para unos, bueno, para otros, malo. Yo encuentro aquí un par de técnicas impecables, como el uso de la coma; hay también muy variados homenajes (a Borges, a Stevenson, a Stoker) y se aprecia lo novato de estas historias. Es evidente, también, la intensión del medio siglo, de alejarse de la literatura mexicana naturalista (como Azuela y su escuela) y abrazar una poética cosmopolita; previsualizamos a Aura y a La fiesta brava. La voz de Fuentes me parece, totalmente, esnobista e insoportable. Sus cuentos se sienten, por eso, falsos, artificiosos e ilógicos.