35/100.
Diario de un hombre humillado es un libro difícil. Escrito por el académico Félix de Azúa, ganó el Premio Herralde de novela en 1987, motivo por el cual me he acercado a la obra. "Difícil" no es sinónimo de "malo". Sin embargo, a mí no me ha dicho absolutamente nada. Es un ejercicio literario de una gran calidad, pero eso no quiere decir que me tenga que gustar. Posiblemente, ni lo releeré ni pensaré en él en cuanto termine de escribir estas líneas.
Diario de un hombre humillado narra en primera persona la historia de un burgués que cae a las fauces de la banalidad. La obra se divide en tres partes: "Un hombre banal" (9-90), "Los peligros de la banalidad" (91-172) y "Matar un dragón" (173-250).
Las primeras ochentainueve páginas son las más digeribles para cualquier tipo de lector si es capaz de aguantar al narrador: un burgués cuarentón que está convencido de que el sentido del ser humano es la búsqueda de la banalidad. Las referencias literarias de esta primera parte y las pequeñas historias que la componen las disfruté más que las reflexiones filosóficas del personaje principal. Quizás me quedo en la anécdota, pero ya me parecía insufrible. Todo cambia a partir de entonces.
En la segunda parte de la obra, entramos en una especie de surrealista visión de un personaje degradado y ya humillado, casi no humano, mientras recorre los barrios más marginales de la Barcelona de la época entre drogas y, sobre todo, mucho alcohol. Buscando asquear al lector con largas descripciones escatológicas, no se deshumaniza del todo al protagonista, pues sigue contando la historia en primera persona. Incluso, hacia el final, consigue que se empatice con él. Entre toda la mugre, se ve parte de la Transición española, cómo afectaba al nacionalismo (tratado de forma irónica por Azúa).
La tercera parte mezcla este surrealismo, escondido al principio, con una claustrofóbica presentación: ahora, el personaje, en una cárcel de oro, busca escapar, aunque él no lo sabe en un principio. Es, posiblemente, la única parte que me ha hecho sentirme perdido al no encontrar el sentido a lo que estaba leyendo. Quizás no estaba en el momento vital de adentrarme en esta obra.
La decadencia del Diario de un hombre humillado es buscada y, aunque la experiencia de lectura no haya sido del todo agradable, es evidente la calidad literario de la obra, premiada por el jurado del Herralde. En esta parodia del diario, hay muchas dosis de ironía y sarcasmo que, a pesar de todo, no he disfrutado.